Lo útil
Les prevengo. Dentro de poco empezará el ruido de la campaña electoral. Recuerden, si es que no han desistido aún, que se acercan unos comicios para decidir quién pasa de nosotros.
En un permanente apuntarse a iniciativas reivindicativas de los colectivos sociales, desempolvar proyectos vergonzosamente olvidados y visitar los, ya pocos, mercados para intentar confundirse, rodeados de micrófonos y cámaras, con los sufridores de la inflación en la cesta de la compra, encontraremos a nuestros candidatos, con ese aire de impostada candidez y esa cara de acabar de llegar a una realidad que les es ajena, pero que, en buena medida, han colaborado a provocar.
Intentarán muchos apelar al voto útil, a una cuota de representatividad que pronto malbaratarán en aras de un provecho propio o, casi peor, en uno ajeno bien pagado. Los leoneses en particular hemos visto que tenemos poco que rascar en esta comunidad aborto que ha conseguido que nuestra provincia, con Zamora y Salamanca para completar el triste triunvirato del antiguo reino, esté en una cuesta abajo de población, empleo, financiación (y hasta autoestima) de grueso calado y difícil vuelta atrás.
Voto útil, decía. En este guiñol de títeres de cachiporra sí cabe un atisbo de testimonio, simbólico al menos. No soy leonesista, que no me cabe por mi origen tener el sentimiento de terruño, de apego histórico ni de identidad. Soy fruto de amplio mestizaje, como muchos españoles, y el arraigo emocional que ahora siento en León es más deudor del calor y la honestidad en el trato que las leonesas y leoneses me han dispensado con prodigalidad, que de una convicción certera de que este es mi sitio y de que “nada como León”. Problema de aquellos que llevamos las raíces en el maletero del coche y que sentimos como propio, empáticos, lo de aquellos que nos acogen. Que por eso me pongo tan cansino con lo de la inmigración… pero eso es otro tema.
El que pueda olvidar tanta pusilanimidad y pocas ganas, aparte de organigrama topado y “multiremunerado”, que obre en consecuencia
El caso, y ya voy a lo del voto siquiera simbólico, es que a las leonesas y leoneses nos toca votar ahora y que se note nuestra insatisfacción, que debería ser mucha por razones varias. No voy a enumerarlas, que las van a oír ustedes en la voz tonante, engolada y mitinera de esos mismos que han causado los problemas. Y en esto de hacer notar nuestro hastío cabe votar en clave leonesista. Fíjense que lo dice uno que le da palos a la burra del “leonesismo oficial” por su inacción y blandura a ciertos niveles. Pero qué quieren que les diga: por lo menos como símbolo y bandera al viento, que sirva de imagen para este teatrillo de reparto, parece, adjudicado. El que pueda olvidar tanta pusilanimidad y pocas ganas, aparte de organigrama topado y “multiremunerado”, que obre en consecuencia. En atenuantes pónganles ese esfuerzo, que habrá sido ímprobo, por tratar de representar a todas las comarcas en su lista electoral. Aunque lo de la “cremallera” habría estado mejor entendido en El Bierzo si también se aplicara en términos territoriales. En fin, cada cual.
Pero caben más alternativas en puertas que se van abriendo a la izquierda del espectro. Habrá que poner la escucha en la apuesta inequívoca de Alantre, con un candidato fresco y comprometido y darse también una vuelta por propuestas de implantación nacional que están abriendo el debate de la autonomía para León. Estas formaciones están en un lamentable “silencio radio”. Un ejemplo claro está en Podemos, cuya inequívoca postura de oposición al tratado Mercosur ha sido completamente opacada para la mayoría de la opinión pública. De tal cuestión han hecho bandera Vox y su entorno, al punto de que parecen únicos valedores políticos de no firmar semejante mazazo para nuestro sector primario. La ultraderecha rentabilizará esa labor conjunta de oposición donde hay más voces silenciadas. La propaganda, por lo que parece, una de las bellas artes.
Y ya voy acabando con esto de las elecciones, con un compromiso por mi parte de no darles a ustedes mucho la tabarra con este asunto en las próximas semanas, salvo adefesio manifiesto. Como el protagonizado por la ínclita Ester Muñoz que proponía apurar a la Junta de nuestros dolores con una solución para la integración de FEVE en la ciudad de León. Fernández Carriedo ya le ha dicho a nuestra diputada (Señor, ¿qué habremos hecho?) que nones. Eso se llama coordinación y comunión de intereses. Perdonen que me parta, que este asunto es muy serio, pero seguimos instalados en el esperpento con estos nuestros representantes en el Congreso. Sí, Javier, tú también.
Que termino, que sí. Si no les convence nada de lo que se les pone por delante, obviados de entrada los partidos de implantación nacional por cipotes y malintencionados, voten en blanco o voten nulo. Infórmense bien de cómo hacerlo, pero voten. La abstención, opción habitual del hastío, favorece a las listas más votadas y se olvida con el tiempo. Voten, voten. Es la única voz que nos cabe.
Que lo que de verdad es útil es hacer, trabajar por el territorio, huir del lamento y emprender el camino que lleva a recuperar León por la fuerza de los hechos
Y hasta aquí lo de hablar de simbolismo y voces. Que lo que de verdad es útil es hacer, trabajar por el territorio, huir del lamento y emprender el camino que lleva a recuperar León por la fuerza de los hechos. Con este propósito, y no otro, ha nacido la “Plataforma Arraizgo”. Un grupo de jóvenes dinámicos ha conseguido aunar voluntades en la zona de la Maragatería para dedicarse a actividades de cuidado del territorio tras los pavorosos incendios de este pasado verano. Lo que empezó por un grupo de Whatsapp para la coordinación de voluntarios en agosto ha acabado por constituirse en un grupo de trabajo para llevar a cabo acciones tangibles. Y ya han empezado, que este pasado día 1 llevaron a cabo la plantación de más de cien castaños en Felechares de la Valdería en combinación con la ONG “SOS Wildfire”. Creo que no cabe más leonesismo, leonismo, o lo que ustedes quieran, en este tipo de acciones.
Tenemos que buscar nuestra propia redención en términos positivos y proactivos
Y esa es la actitud. Si alguna vez los problemas de León van a tener solución, no va a ser, desde luego, solo esperando la acción o la reacción del político de turno. Tenemos que buscar nuestra propia redención en términos positivos y proactivos. Caben la denuncia, la protesta y la vigilancia de aquellos que nos gobiernan, pero no podemos soslayar nuestras obligaciones individuales. Implicarnos con la defensa del territorio, de las infraestructuras, de los servicios, ésa debe ser nuestra obligación. Y hay herramientas, las asociaciones, organismos independientes que empujan en ese sentido. Es duro sentirse solo en la lucha, pero desde lo colectivo somos imparables. Acudamos a ellas despojados de individualismo, eso a lo que somos tan proclives, y nos daremos cuenta de nuestra fuerza, de nuestra verdadera magnitud.
Y solo un recordatorio que parece una obviedad: Aquellos en los que depositamos nuestro voto han venido a servir los intereses colectivos. Si hay que recordárselo, que sea con contundencia.