Addoor Sticky

Los chungos

No me siento capaz estos días, ante tanta violencia, ante ese genocidio sobre Palestina, Líbano y Cisjordania que comete el estado sionista, de una mínima objetividad para el análisis...

No me siento capaz estos días, ante tanta violencia, ante ese genocidio sobre Palestina, Líbano y Cisjordania que comete el estado sionista, de una mínima objetividad para el análisis. Siento que lo que se está haciendo a la vista de todo el mundo, mientras nos ponemos de perfil y miramos el trampantojo trumpista en Irán, es de los mayores crímenes contra la Humanidad perpetrados a lo largo de la Historia. Difícil encontrar en su transcurso un esfuerzo bélico tan sostenido y potente contra población inerme. Ha habido, por supuesto, gran cantidad de purgas y exterminios, selectivos y exhaustivos, como los ocurridos en Armenia, la Unión Soviética de Stalin, Camboya, por parte de los Jemeres Rojos de Pol Pot, Ruanda… se nos acabaría la tinta. Pero el grado de destrucción humana y material al que se está sometiendo a Gaza y Líbano alcanzan los más altos índices de barbarie. No se quiere dejar ni rastro de lo que haya podido ser. Llamarlo salvaje es quedarse corto. Creo que no hay atisbo de humanidad en los asesinos. Ellos han deshumanizado a sus víctimas. No sé si, aun desde el más abyecto de los rencores, nosotros seremos capaces de hacer lo mismo cuando toque juzgarlos. Si bien no estoy nada seguro de que ese día llegue.

Y todavía tenemos que aguantar a nuestro alrededor gente que justifica tales ataques. No puedo entender la bajeza. Solo el aludir a esas supuestas razones de accione preventivas contra células terroristas de Hezbolá o Hamás, viendo cómo vuelan en pedazos escuelas, colegios, hospitales, zonas residenciales, cómo mueren inocentes, víctimas de ataques indiscriminados algunos, y otros bien dirigidos, que no son errores, contra equipos de sanitarios o prensa, hace que mi indignación se dispare y esté casi dispuesto a usar métodos parecidos con quien así razona. Y eso sí que no. Ahí no puedo caer, no podemos. Nuestra humana dignidad debe impedirlo.

Viendo la cirugía de precisión que el ejército estadounidense ha podido demostrar en la eliminación de los mandos supremos de Irán, cuesta mucho pensar que para liquidar células de Hezbolá haya que volar barrios enteros.

Viendo la cirugía de precisión que el ejército estadounidense ha podido demostrar en la eliminación de los mandos supremos de Irán, cuesta mucho pensar que para liquidar células de Hezbolá haya que volar barrios enteros. Se está aplicando tal potencia de fuego porque, simplemente, se quiere exterminar a la población. Y, si no bastara con la contundencia de lo militar, ahí tenemos a la justicia sionista declarando su competencia para eliminar a todo aquel palestino considerado terrorista. Y no tengo que decirles que enemigo, para esta ralea sionista, es cualquiera. Por lo que escribo, incluso yo, que no las tendría todas conmigo de residir en Alemania o Reino Unido. En este país ha tenido que venir la justicia a defender a los activistas de “Palestine Action”, al haber sido considerados terroristas por el gobierno de Starmer por la mera protesta callejera.

Una absoluta desproporción, mayor, y ésta ya abusiva por su arbitrariedad, que la sufrida por los activistas a favor de Palestina en las protestas al paso de la Vuelta Ciclista a España por Ponferrada, a los que les han caído hasta 60000 euros de sanción. Este es el nivel de solidaridad de los estados. Se castiga ejemplarmente la protesta, mientras se engorda la cuenta de resultados de empresas de armamento israelí como Rafael Advanced Systems, que, por medio de su filial española, Pap Tecnos, hasta consigue un préstamo público para el desarrollo de una mochila de carga táctica. Impecable en lo legal, que la empresa tiene un CIF español, pero ilegítimo y doloso, que el dueño es el mismo Estado de Israel. Esquivando, que es gerundio, y maquillando unos embargos que no se materializan del todo. Eso, gobernando adalides del “no a la guerra”: imaginen si las decisiones vinieran del otro lado del hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo.

Y aquí un desvío y un descenso a la caverna de los instintos más bajos. Porque de ahí creo que viene la justificación de buena parte de la derecha, y del ala más radical, de las atrocidades de las que estamos siendo testigos. Y es un problema de hombres mayoritariamente: creo que sufren una cierta fascinación por el poder de estos “machos alfa” que están rigiendo los destinos del Mundo. Ante un sistema de valores cambiante y que no les favorece, feminismo, sienten tambalearse sus privilegios, lo que les provoca una gran frustración, incertidumbre, y yo diría que hasta miedo. La presencia de figuras como Trump, Bukele, Milei, Kast o Putin en las esferas de poder altera por completo el escenario y la narrativa cambia hacia el orden, la fuerza y el control de la situación. Lo que muchos consideramos abuso claro de poder, esta masculinidad insegura y dubitativa lo entiende como seguro de estabilidad. Hace falta la fuerza para mantener ese rumbo firme en el estado de cosas tradicional.

Es verdad también que quizá hemos obrado por dejación, que no hemos sabido imponer la razón a la fuerza. Seguramente la Izquierda, toda, no ha sido capaz de articular un discurso redentor, convincente, donde lo bueno probablemente se ha desdibujado por lo útil.

Y, si hace falta, también se hace daño. Hay que ejemplarizar. Y ahí tenemos la crueldad hacia la distinta, el distinto: homofobia, transfobia. Lo que se aparta de la norma tradicional puede ser extirpado, sin más. Y también lo deshumanizamos. Ya no estamos tan lejos de ser criminales, tanto como esos sionistas que bombardean Gaza. Cuestión de escala y medios. Lo vivimos hace poco en La Bañeza, y ese día las agresoras fueron también mujeres, que sienten su posición de estabilidad amenazada. El ejercicio de la crueldad, nuevamente, como herramienta para mantener el poder ante lo distinto y extraño.

Nos estamos dejando arrastrar por una situación en la que los más “chungos” tienen el omnímodo poder para seducirnos y sacarnos de nuestra postura de debilidad, real o supuesta. Es verdad también que quizá hemos obrado por dejación, que no hemos sabido imponer la razón a la fuerza. Seguramente la Izquierda, toda, no ha sido capaz de articular un discurso redentor, convincente, donde lo bueno probablemente se ha desdibujado por lo útil. Desde la comodidad no se han generado resortes para hacernos comprender nuestra real naturaleza, de cómo somos en función de los demás, lo que a los que nos rodean debemos y de cómo relacionarnos desde el respeto y la empatía. Años de ombliguismo burgués, y así nos vemos.

Ante tal descalabro, y por lo poco que los demás nos van importando, solo veo un argumento salvador. Miren a Trump, a Milei, a Abascal… ¿creen de verdad que son mejores que usted? ¿dignos de su confianza como para dejarles el gobierno de sus destinos? Espero que a usted le pase como a mí, que todos esos tipejos me parecen unos “chungos”, “chunguísimos”.