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León antes del incendio

Hay veranos en León en los que el monte cambia mucho antes de que aparezca el primer incendio...

Hay veranos en León en los que el monte cambia mucho antes de que aparezca el primer incendio. La hierba pierde el color casi sin hacer ruido, los arroyos se encogen hasta parecer una cicatriz de agua y el aire empieza a oler a madera seca. Desde fuera no ocurre nada extraordinario. Pero quien ha vivido cerca del monte sabe reconocer ese momento en el que el bosque deja de defenderse. El fuego todavía no existe. El incendio, sin embargo, ya ha empezado.

Con los territorios sucede algo parecido. Una tierra no se vacía el día que cierra la última fábrica ni cuando un pueblo pierde su escuela. El deterioro empieza bastante antes, cuando dejamos de mirar aquello que realmente la debilita y preferimos discutir sobre asuntos más simples. Poco a poco dejamos de hablar de las causas y acabamos peleándonos por ficciones inducidas para desviar la atención de los problemas reales.

Más que un programa para afrontar los problemas, transmite la impresión de ser un proyecto construido alrededor de la confrontación

Para los que nos hemos tomado la enorme molestia de leernos las 62 páginas que configuran el acuerdo firmado entre PP y Vox para Castilla y León. Nos queda una amarga pero no inesperada sensación. Más que un programa para afrontar los problemas, transmite la impresión de ser un proyecto construido alrededor de la confrontación. Mientras León continúa perdiendo población, envejeciendo y debilitando su capacidad para generar actividad económica propia, el foco político se desplaza hacia cuestiones identitarias capaces de movilizar emociones con enorme eficacia. El debate deja de girar alrededor del territorio para hacerlo alrededor del adversario.

Esto es un cambio importante. Cuando la conversación pública cambia, también cambian las prioridades. Los grandes problemas de León como la dificultad para construir una economía capaz de sostener el territorio desaparecen del programa, como si no existieran. En su lugar aparecen la inmigración, las guerras culturales o conflictos convertidos en urgencias nacionales. Son debates mucho más fáciles de simplificar y mucho más útiles para dividir que para reconstruir.

Cada año nacen menos niños, los pueblos siguen vaciándose y muchas empresas tienen dificultades para encontrar trabajadores

La paradoja resulta evidente. León no afronta un exceso de población. Afronta exactamente el problema contrario. Cada año nacen menos niños, los pueblos siguen vaciándose y muchas empresas tienen dificultades para encontrar trabajadores. Sin embargo, el acuerdo convierte la inmigración en uno de los grandes ejes del relato político mientras apenas dedica espacio a preguntarse cómo recuperar población, cómo atraer actividad económica o cómo ofrecer un horizonte a quienes tuvieron que marcharse. La política parece más preocupada por señalar amenazas que por reparar aquello que lleva décadas rompiéndose.

El continuismo también aparece en la economía. Lejos de revisar un modelo que ha convertido a León en proveedor de recursos para otros territorios, el acuerdo insiste en profundizar en la misma dirección. La provincia continúa siendo contemplada como un espacio donde instalar infraestructuras, producir energía o extraer recursos, pero no como un lugar donde reconstruir autonomía económica. Cambian los proyectos. La lógica permanece intacta.

Menos controles ambientales, más declaraciones responsables y un mayor peso del silencio administrativo significan también menos capacidad para que municipios y colectivos puedan intervenir

En ese contexto cobra especial importancia la desregulación administrativa que plantea el documento. Se presenta como una forma de agilizar inversiones, pero su efecto va bastante más allá de reducir trámites. Menos controles ambientales, más declaraciones responsables y un mayor peso del silencio administrativo significan también menos capacidad para que municipios y colectivos puedan intervenir cuando las decisiones afectan directamente al territorio. Organismos como Somacyl amplían así su margen de actuación justo cuando las comunidades locales ven reducido el suyo.

Y conviene no engañarse: esto ya no afecta únicamente al mundo rural. El modelo territorial termina alcanzando también a León, Ponferrada, Astorga o cualquier otra ciudad de la provincia. Afecta al agua que llegará mañana, al paisaje que heredarán nuestros hijos, al empleo, al precio de la energía, a la disponibilidad de recursos y a las posibilidades de construir aquí un proyecto de vida. Cuando se degradan los cimientos materiales de un territorio, nadie permanece completamente al margen.

Llama igualmente la atención el giro de Vox respecto a la transición energética. Durante años convirtió el negacionismo climático en uno de sus estandartes. Ese discurso prácticamente desaparece. Parece que han tenido una epifanía y ya no se cuestiona el despliegue renovable en sí, sino quién participa del negocio que lo acompaña. Parece que no han tenido arrestos para enfrentarse al entramado económico que apuntala esa apuesta. Porque no nos llevemos a engaño, con las cosas de comer no se juega. Los fondos europeos y las nuevas inversiones sustituyen al viejo discurso climático sin alterar la lógica de fondo: un modelo que puede seguir utilizando territorios como León como espacios de sacrificio para abastecer necesidades ajenas. Con proyectos de dudosa rentabilidad y poco eficientes que han venido para llenar de humo lo que llaman le nueva economía verde. 

León sigue ocupando el mismo lugar dentro del modelo de desarrollo: producir energía, aportar recursos y asumir impactos mientras el valor añadido, la capacidad de decisión y buena parte de los beneficios se desplazan fuera

Porque esa es, probablemente, la continuidad más profunda del acuerdo. León sigue ocupando el mismo lugar dentro del modelo de desarrollo: producir energía, aportar recursos y asumir impactos mientras el valor añadido, la capacidad de decisión y buena parte de los beneficios se desplazan fuera. Cambian las tecnologías. No cambia la posición que ocupa el territorio.

Existe además otro desplazamiento que llama mas la atención y que es mi entender es el más preocupante. Al incorporar la prioridad nacional como criterio político, el Partido Popular acepta un marco que rompe uno de los consensos sobre los que descansó la Transición: la igualdad de derechos como fundamento de la ciudadanía. El debate deja de organizarse únicamente alrededor de los derechos compartidos para introducir criterios de pertenencia. Esto no es un matiz. Es una forma distinta de entender el Estado. Aquí se construye un marco político basado en la diferenciación entre quienes pertenecen plenamente a la comunidad y quienes se ven llevados hacia la marginación. Conceptos como "arraigo", "prioridad nacional", "vinculación con el territorio" o "contribución al sistema" aparecen para condicionar el acceso a viviendas públicas y ayudas sociales. La igualdad jurídica propia del Estado democrático se transforma en una realidad donde se configura una sociedad desigual, donde determinados ciudadanos son considerados más legítimos que otros para acceder a los bienes públicos. No se trata únicamente de combatir el fraude, sino de introducir un criterio político sobre quién merece formar parte de la comunidad en condiciones de igualdad. Y esa actitud política plantea ya la confrontación no solo contra el gobierno, si no contra el estado proponiendo un pensamiento único de estructura que deja fuera a todo lo que no está de acuerdo con ellos. 

Y quizá esa sea la pregunta que sobrevuela todo el documento. No tanto qué medidas concretas incorpora, sino hacia dónde intenta conducir el territorio. Cuesta encontrar una estrategia capaz de responder a los desafíos que realmente marcarán el futuro de León: los límites energéticos, la adaptación climática, la pérdida demográfica o la reconstrucción de una economía menos dependiente. En cambio, sí aparece con claridad un modelo que prolonga muchas de las inercias que han llevado a la provincia hasta su situación actual. Y también apuesta por una configuración social de dos Estratos, dejando a una amplia capa en la marginalidad. 

El desastre nunca empieza con la primera chispa. Empieza mucho antes, cuando el bosque lleva demasiado tiempo secándose y todxs vamos sintiendo como el desastre está ya a las puertas

Con los incendios ocurre exactamente eso. El desastre nunca empieza con la primera chispa. Empieza mucho antes, cuando el bosque lleva demasiado tiempo secándose y todxs vamos sintiendo como el desastre está ya a las puertas.