No Normal Tour
Hay tardes en León en las que una sala cualquiera un aula, un salón de actos, una biblioteca, en este último martes el Albéitar, se llena de algo raro, difícil de precisar. No es expectación exactamente. Es otra cosa. Como si la gente viniera sabiendo que lo que va a oír no le va a gustar del todo. No hay carteles llamativos, ni sensación de evento. Solo un runrún: lo que viene no se parece a lo que conocemos. Y no, no va de volver a la normalidad.
No hablan todos igual, pero el mensaje converge. Nombres como Antonio Turiel sirven de referencia, sí, pero lo interesante es otra cosa: la red
El llamado “No Normal Tour” no tiene mucho de gira. No busca aplauso, ni encaja en agendas políticas. Se parece más a una advertencia que ha decidido moverse. Gente de ciencia, de investigación, de divulgación muchos del CSIC junto a voluntarios, saliendo de sus espacios para decir algo que normalmente se queda en papers o congresos: esto ya está pasando. No hablan todos igual, pero el mensaje converge. Nombres como Antonio Turiel sirven de referencia, sí, pero lo interesante es otra cosa: la red. Charlas que aparecen en distintos sitios, casi a la vez, repitiendo una idea que empieza a resonar. El “NO NORMAL TOUR” recorrerá España del 13 al 19 de abril con la participación de más de 30 científicos, divulgadores y activistas, con el objetivo de alertar de que la “normalidad” tal y como se conocía ha llegado a su fin y que la sociedad se enfrenta a un cambio profundo e irreversible.
El tour contará con expertos como Antonio Turiel, Fernando Valladares. Antonio Aretxabala y Yayo Herrero, entre otros, que abordarán los retos económicos, energéticos, climáticos y sociales que ya están impactando en la ciudadanía.
El mensaje central de la iniciativa es claro: no se recuperará el statu quo previo. Incluso en escenarios favorables, el contexto global marcado por tensiones geopolíticas, fragilidades económicas y límites físicos obliga a repensar el modelo actual. Según los organizadores, el futuro dependerá de las decisiones que se tomen ahora: mantener el enfoque en el crecimiento económico puede derivar en crisis más profundas, mientras que apostar por la sostenibilidad y el bienestar social permitiría construir una sociedad más resiliente.
En la charla no hay exceso de tecnicismo ni ganas de cerrar el discurso. Más bien lo contrario. Traducir. Bajar lo complejo a algo que se pueda agarrar
En León se ve claro. En la charla no hay exceso de tecnicismo ni ganas de cerrar el discurso. Más bien lo contrario. Traducir. Bajar lo complejo a algo que se pueda agarrar. Lo que pasa en la energía, en la geopolítica, en el clima… empieza a notarse aquí. Y no como teoría. La mezcla de perfiles científicos, gente del ámbito social refuerza algo incómodo: no es una opinión suelta. Es una preocupación bastante extendida entre quienes llevan tiempo mirando esto de cerca. Y encima muchos están ahí sin cobrar. Han dejado a sus familias, su trabajo esta semana. Eso también dice algo.
El momento no es casual. Todavía hay una especie de normalidad superficial. Una tregua, si se quiere. Antes de que apriete más. La lógica es sencilla: cuando todo se tense de verdad, precios, suministros, ya no habrá mucho espacio para entender nada. Se buscarán culpables rápidos, soluciones simples. Por eso ahora. Antes de que el ruido lo tape todo.
El famoso pico del petróleo aparece una y otra vez, pero no como titular apocalíptico, sino como un cambio de fondo
El diagnóstico gira siempre alrededor de lo mismo: energía. O, mejor dicho, sus límites. El famoso pico del petróleo aparece una y otra vez, pero no como titular apocalíptico, sino como un cambio de fondo: no es que desaparezca, es que deja de crecer. Y cada unidad cuesta más. Más esfuerzo, más energía, menos retorno. Y en un sistema montado sobre energía abundante… eso no es un detalle menor.
A eso se le suma la geopolítica, pero no como algo externo. Más bien como parte del mismo problema. Oriente Medio, rutas como el Estrecho de Ormuz… no son episodios aislados. Son zonas donde se condensa la tensión por recursos que ya no son tan fáciles. Y aquí aparece un dato que cambia la escala: por Ormuz no pasa solo alrededor del 20% del petróleo mundial. Si miras solo el petróleo que se exporta, el que realmente llega al mercado, te acercas al 40%. Es decir, no es una perturbación pequeña. Es media base del sistema. Y a esa escasez nos vamos a enfrentar en pocas semanas a una disminución de disponibilidad del 40% de energía. Eso jamás se ha visto y no es un análisis para un futuro lejano, es para ahora.
Y no acaba ahí. También circula cerca del 30% del gas natural licuado (alrededor del 15% del total global), una parte muy relevante de los fertilizantes nitrogenados, y materiales que casi nadie menciona hasta que faltan: helio, azufre, aluminio. No es solo energía. Es la base física de todo lo demás.
Cuando ese flujo se reduce, el problema no es solo que suba el precio. Es que empiezan a faltar cosas a la vez. Menos petróleo, menos transporte. Menos fertilizantes, menos producción agrícola. Menos gas, problemas industriales. Todo está conectado de una forma que normalmente no vemos. Hasta que se tensa.
El diésel, por ejemplo. Está en todas partes. Transporte, campo, industria. Si se complica, no hay sustituto rápido. Y ahí empiezan a aparecer grietas
El diésel, por ejemplo. Está en todas partes. Transporte, campo, industria. Si se complica, no hay sustituto rápido. Y ahí empiezan a aparecer grietas. Lo que parecía sólido deja de serlo. Y con ello se rompen las bases de la economía y, después, de la sociedad.
Se plantea en la charla también el tema de las renovables. Nadie las discute. Pero otra cosa es pensar que pueden sustituir rápido todo lo demás. La electrificación cubre solo una parte, y además necesita materiales que también tienen límites. Y cuya extracción depende, otra vez, de energía fósil. La paradoja es bastante evidente. Encima, el clima. No como problema aparte, sino como otra cara de la misma moneda. Eventos extremos, suelos degradados, pérdida de biodiversidad. Todo sumando presión. Energía, materiales, clima. No van por separado.
Por eso, cuando dicen que no se volverá a la normalidad, no están hablando de colapso inmediato. Es más incómodo que eso. Es algo lento. Menos recursos, más costes, cambios que obligan a ajustar casi todo. Y ya ha empezado. Vamos a verlo en muy breve espacio de tiempo.
El “No Normal Tour” no trae soluciones empaquetadas. Ni recetas fáciles. Lo que propone es entender
El “No Normal Tour” no trae soluciones empaquetadas. Ni recetas fáciles. Lo que propone es entender. Encajar piezas. Ver el cuadro completo antes de que la urgencia lo simplifique todo. Porque luego ya no hay tiempo. Porque cuando en breve espacio de tiempo estemos inmersos en la crisis, la mayoría estará en estado de shock y duelo.
Al final la pregunta no es si esto va a pasar. Es si nos va a pillar mirando a otro lado. O si llegamos a tiempo de mover algo, aunque sea poco. En la sala se nota. En el silencio. No hay certezas, pero sí una sensación compartida: igual lo normal nunca fue tan normal. Igual era una excepción. Y ahora, después de todo, nos pilla con los deberes sin hacer y el mundo sigue girando como si aquí no pasara nada.
Resulta extraño estar tan cerca de tensiones reales, energía, alimentos, logística, y seguir con la rutina como si nada
Salí con esa sensación rara, como cuando el aire se queda quieto antes de una tormenta. En las preguntas ya no había solo palabras. Había gestos, pausas, miradas que decían más. Se notaba en Antonio, en la gente, en mí mismo. Esa especie de desajuste entre lo que pasa y lo que parece que pasa. Resulta extraño estar tan cerca de tensiones reales, energía, alimentos, logística, y seguir con la rutina como si nada. Esa calma chicha… es lo más inquietante. Ese silencio disfrazado de normalidad es lo más atronador.
Y la pregunta quedó ahí, flotando: ¿y ahora qué hacemos?
Porque no es fácil encajar esto. Ni su escala, ni su cercanía. Y, sin embargo, quizá no va de grandes soluciones. Igual va de algo más seco: templanza. No amplificar el golpe. Aguantar el primer impacto sin rompernos por dentro. Sacar lo mejor de nosotros en esta primera sacudida que nos lleva a una nueva realidad, para poder ayudar a los demás en este momento, empezar a tejer redes de apoyo y que nuestra voz diga la verdad, que no sea ruido.
Quizá ahora toca eso. Sostener. Cuidar. Tejer cerca. Preparar lo inmediato sin esperar a que venga alguien a hacerlo
Pienso entonces en la metáfora del colibrí que tantas veces menciona Antonio. Pequeño, casi insignificante frente al incendio, y, sin embargo, obstinado en su vuelo, llevando una gota de agua en el pico. Quizá ahora toca eso. Sostener. Cuidar. Tejer cerca. Preparar lo inmediato sin esperar a que venga alguien a hacerlo. Salir con nuestra pequeña gota e ir a buscar el incendio. Y ver si, poco a poco, alguien más empieza a volar en la misma dirección.