Los cien años sin soledad de Nicolás Sánchez Albornoz
Entre el fragor de los misiles y el espectáculo de destrucción de la guerra ha pasado desapercibido uno de esos pequeños hechos grandes que matizan la historia. Hace unos años pude conocer a Nicolás Sánchez Albornoz, que el pasado 20 de marzo cumplió cien años. Era entonces un profesor emérito de 80 años que participaba en un curso de verano, que organizaba la profesora Carmen Corona, mi mujer entonces, de la Universidad Jaime I de Castellón en Benicasim. El profesor Sánchez Albornoz estaba de actualidad porque era uno de los dos personajes cuya historia contaba la película Los años bárbaros de Fernando Colomo, que recreaba su huida del Valle de los Caídos, en el que trabajaban forzados como prisioneros.
Pintar en una fachada de la Universidad la palabra Libertad los llevó a una condena de ocho años y ser llevados al Valle como unos de los prisioneros que lo levantaron
Pintar en una fachada de la Universidad la palabra Libertad los llevó a una condena de ocho años y ser llevados al Valle como unos de los prisioneros que lo levantaron. Si se observa la desproporción entre su “delito” y su “condena” se aprecia una de las características crueles de la Dictadura de Franco y se comprende la taimada maquinaria en la que se adentraba el proceso.
La importancia de Nicolás Sánchez Albornoz viene desde sus orígenes como hijo de Claudio Sánchez Albornoz el historiador que sería en el exilio presidente de la República. Nicolás, más adelante, fue profesor de historia e historia viva, que ha llegado a los cien años con memoria lúcida impartiendo su docencia y es un claro protagonista y testigo de hechos fundamentales del pasado siglo XX.
Sumidos en aquel pozo ambos lograron escapar y vivieron una épica aventura en su huida hacia Barcelona, acompañados por las dos jóvenes norteamericanas
Concluida la guerra el joven Nicolás, nacido en 1926, permaneció en Madrid para hacer sus estudios universitarios, en donde trabajó en la reconstrucción clandestina de la FUE. En el año 1947 resultó detenido por hacer la pintada en la universidad y fue condenado a trabajos forzados en Cuelgamuros cuando sus obras habían comenzado, junto con Manuel Lamana, el otro joven estudiante apresado, de filiación también republicana. Sumidos en aquel pozo ambos lograron escapar y vivieron una épica aventura en su huida hacia Barcelona, acompañados por las dos jóvenes norteamericanas Barbara Probst Solomon, que luego sería una afamada escritora, periodista y ensayista, y Bárbara Mailer hermana de Noman Mailer, escritor, ensayista y activista político norteamericano, considerado junto con Truman Capotey Tom Wolf los creadores del nuevo periodismo.
Ambas jóvenes contaron con Paco Benet, hermano mayor del novelista Juan Benet, para integrar ese quinteto de turistas en su viaje en un descapotable rojo, que se convierte en una intensa pesadilla al coincidir en la carretera, en sus veinte horas de huida, con personajes singulares. Un prototípico comisario falangista, encarnado por Juan Echanove, que bien se le dan esos tipos que los borda, y un excéntrico promotor de variedades, al que da vida José María Pou, mientras Jordi Molla encarna a Lamana y Ernesto Alterio a Nicolás.
La película se basa en la novela Otros hombres, de Lamana, de la que Colomo, junto con José Ángel Esteban y Carlos López escribieron el guion, acudiendo a escritos autobiográficos del propio Nicolás y Bárbara Probst. Relatan aspectos bufos de la aventura, con muchas dosis de humor y exageración para mostrar un pasaje espinoso para el Régimen de Franco por su repercusión en el extranjero, por lo que el mismo Régimen hubo de alterar y tergiversar las versiones para capear el temporal.
Tras la huída y cruzar los Pirineros a pie, los dos protagonistas acabaron exiliados en Argentina donde empezaron a desarrollar su carrera como profesores e historiadores
Tras la huída y cruzar los Pirineros a pie, los dos protagonistas acabaron exiliados en Argentina donde empezaron a desarrollar su carrera como profesores e historiadores. Claudio, el padre de Nicolás se convertirá en presidente de la República en el exilio y mantiene el famosos debate con Américo Castro sobre El ser de España, que se iniciara en el siglo XIX desde el Regeneracionismo de Joaquín Costa y se mantuvo a lo largo de las generaciones y encuentra su renovación por las figuras de Claudio Sánchez Albornoz y Américo Castro, con dos concepciones interpretativas distintas.
Nicolás, con la llegada a Argentina de la Dictadora de Juan Carlos Onanguía emprendió otro exilio en EE. UU. y dio clases en New York University, en donde se hizo catedrático y allí permaneció hasta 1990 en el que regresó a España. En 1991 fue nombrado primer director del Instituto Cervantes y entró en la Real Academia de la Historia. Su carrera profesional ha estado dedicada a la historia económica, la demografía y la historia de América, que se inició con su primer trabajo “Una penetración neolítica en Tierra de Fuego”, 1958.
Los cien años de Nicolás son cien años de vida propia y fecunda en donde desde la aventura y el activismo político, llega a la madurez de su cátedra
Llega así Nicolás a sus cien años sin soledad, a diferencia de los de la historia maestra de Gabriel García Márquez sobre la familia Buendía a lo largo de siete generaciones en el pueblo imaginario de Macondo. Los cien años de Nicolás son cien años de vida propia y fecunda en donde desde la aventura y el activismo político, llega a la madurez de su cátedra y dónde no le han faltado los esfuerzos y trabajos intelectuales, políticos y sociales. Llega así a sus cien años de vida, con una mente lúcida, como testigo y profundo conocedor de su tiempo. Indudablemente marcado por la existencia de su padre y su vigorosa biografía académica y política, que ha cincelado con vivencias y aportaciones muy propias emanadas de su clarividente lucidez, aplicadas a las enseñanzas y a la explicación de la vida y su devenir.