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Entre Maduro, Trump y las autonómicas

Está claro que este recién estrenado 2026 apunta maneras, y no solo por la caída de Maduro -que ya estaba tardando- aunque todavía está...

Está claro que este recién estrenado 2026 apunta maneras, y no solo por la caída de Maduro -que ya estaba tardando- aunque todavía está por verse en qué queda la necesaria transición democrática venezolana que permita a millones de exiliados volver a su país y recuperar una normalidad perdida desde hace más de dos décadas.  

Y es que, qué quieren que les diga. El hecho de que Maduro y su régimen dictatorial me repugnen tanto como me asquean todos los que lo aplauden y lo apoyan por no se sabe muy bien qué tipo de intereses- desde la tal Delcy hasta otros que tenemos mucho más cerca- no evita que tampoco me guste nada Trump. Me desconcierta lo que dice y lo que hace, y mucho más que se crea por encima del bien y del mal y que juegue a gobernar el orden mundial sin más ley que la que nos quiera imponer a todos. Me parece un auténtico despropósito que veremos dónde nos lleva. 

Ahora bien, la preocupación más que justificada que debemos tener por el panorama internacional, no debería hacernos perder de vista lo que nos atañe más de cerca y que puede amargarnos a todos este año recién comenzado.    

Lo que haga falta para conseguir “agarrapatarse” y que esta agónica legislatura llegue a término en 2027. Este plazo podría parecernos corto a priori, si no fuera por las cosas que pueden llegar a pasar con este Ejecutivo

Ayer leí, y me resulta creíble, que Pedro Sánchez vuelve a la carga con el nuevo sistema de financiación autonómica tema que, por cierto, ya ha demostrado lo poco que le importa a salvo del infame modelo "singular" para Cataluña (“cupo catalán”) que está dispuesto a pactar con Oriol Junqueras a lo largo de enero para garantizar el apoyo de ERC para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. 

Con ello está buscando no tanto corregir la anormalidad que arrastra nuestro Estado de derecho que ha estado sin presupuestos los últimos años, hecho por el que tampoco ha demostrado una gran preocupación, como garantizar su continuidad contra viento y marea o, mejor, tempestad de corrupción por todos los casos que asolan a su partido y de forma particular a su persona.  Lo que haga falta para conseguir “agarrapatarse” y que esta agónica legislatura llegue a término en 2027. Este plazo podría parecernos corto a priori, si no fuera por las cosas que pueden llegar a pasar con este Ejecutivo y lo trepidante que pueda ser el resto del tiempo que nos queda hasta esa fecha.

Y quiero aclarar que lo verdaderamente  importante aquí no es que este posible pacto entre Sánchez y Junqueras llegue a materializarse lo que resulta más que dudoso porque  supondría que Cataluña saliese del sistema de financiación mediante el cambio de la LOFCA en un escenario de minoría en el Congreso, sino la buena disposición del presidente del Gobierno para aceptar un clarísimo agravio territorial en favor de los catalanes y en contra del resto de las Comunidades autónomas de régimen común entre las que están Aragón, Andalucía, la nuestra y el resto.

La debacle de Extremadura, sobre la que, con tantas vacaciones, el presidente Sánchez no ha tenido tiempo de pronunciarse siquiera, va a ser una anécdota en comparación con lo que le va a pasar de forma consecutiva a...

 Por eso no es difícil adivinar que cualquier componenda de esta naturaleza entre Sánchez y Junqueras arrastrará consecuencias más que previsibles para el PSOE en los diferentes procesos electorales autonómicos que nos va a deparar esta primavera calentita. 

La debacle de Extremadura, sobre la que, con tantas vacaciones, el presidente Sánchez no ha tenido tiempo de pronunciarse siquiera, va a ser una anécdota en comparación con lo que le va a pasar de forma consecutiva a la ex-ministra Pilar Alegría en Aragón el próximo 8 de febrero, a Carlos Martínez en Castilla y León en marzo, y a la todavía ministra María Jesús Montero en Andalucía.  

Si Sánchez, como todo apunta, transige con cualquier tipo de privilegios fiscales injustificados a Cataluña cuya “singularidad” solo se explica desde el egoísmo más que demostrado de los líderes independentistas y,  por ejemplo, les concede, como solicita Junqueras - y avala Illa- la íntegra recaudación del IRPF en contra de principios constitucionales básicos como la igualdad y la solidaridad, a ver cómo se lo explican a sus electores los flamantes candidatos socialistas (o mejor, sanchistas) en los inminentes comicios autonómicos que, en mi opinión, van a ver mermadas sus ya escasas posibilidades (y con lo de escasas estoy siendo generosa). 

 Pero ya sabemos que lo importante, a día de hoy, no es  el PSOE- de cuya existencia empiezo a dudar- sino alargar como sea los estertores del régimen hegemónico diseñado por el peor inquilino que ha tenido la Moncloa.