Addoor Sticky

Eufemismos

Todos sabemos que un eufemismo es una expresión más suave por la que se sustituye a otra...

Todos sabemos que un eufemismo es una expresión más suave por la que se sustituye a otra que puede ser considerada dura, malsonante, grosera y hasta tabú.

Según la RAE, un eufemismo es una «manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta o franca expresión sería dura o malsonante»; vamos, que sirve para sustituir ideas cuya mención simple y llana podría ofender, hiriendo la sensibilidad de esa parte del auditorio que tiene la piel más fina y se escandaliza cuando a las cosas se les llama por su nombre.

Los eufemismos son muy empleados en ese lenguaje políticamente correcto al que nos tienen acostumbrados el actual Gobierno y quienes, en los diferentes medios de comunicación, le hacen de palmeros —que no son pocos—, enganchados a la erótica de un poder cada vez con menos poder.

Usando esta manipulación del lenguaje pretenden tratar a la ciudadanía como si fuera una masa aborregada capaz de digerir cualquier cosa a golpe de “relato gubernamental”; un argumentario empeñado en sortear la ofensa que supone emplear las palabras que a muchos nos vienen a la cabeza cuando vemos, escandalizados, la realidad que nos rodea. 

Y es que ni lo de Ceuta es una “crisis migratoria”, ni mucho menos ha retornado a la “normalidad”

Y es que ni lo de Ceuta es una “crisis migratoria”, ni mucho menos ha retornado a la “normalidad”.  Estas expresiones solo son dos eufemismos que, por cierto, han permitido que nuestro flamante presidente del Gobierno se marche de vacaciones que esperemos sean las últimas que le costee el Erario público; un descanso estival que ha aderezado sin sonrojo con la ya famosa playlist que demuestra la fatuidad de quien publica ese video, superponiéndolo a la comprensible preocupación de los ceutíes- y del resto de España- y a tanta vida truncada en el mar. 

La avalancha de decenas de miles de personas que cruzaron irregularmente nuestras fronteras —y las de la Unión Europea— en menos de veinticuatro horas no ha sido una crisis migratoria de las que la ONU define como flujos migratorios complejos a gran escala ocasionados por una crisis, un conflicto prolongado o la inestabilidad de una región, que se acompañan necesariamente de vulnerabilidades para las personas y comunidades afectadas.

Aquí la única “crisis” identificable es que en Marruecos era día festivo

Aquí la única “crisis” identificable es que en Marruecos era día festivo y sus fuerzas de seguridad o tenían pocas ganas de trabajar o, peor todavía, orden de azuzar a sus compatriotas contra la frontera de Ceuta, incluso a costa de sus vidas. 

Y todo ello porque el sátrapa de Mohamed VI, y no es la primera vez, tenía una rabieta y quería poner al Gobierno en el disparadero con -llamemos a las cosas por su nombre- una invasión en toda regla, una violación de nuestra integridad territorial que ha sido amparada y alentada por un vecino abiertamente hostil que mantiene una reclamación territorial contra nosotros que afecta a las Ciudades autónomas.

Pero, tranquilos todos, que dice Sánchez que “la interlocución con Marruecos ha sido constante, fluida y muy razonable, a diferencia de 2021” y que Marruecos es un socio “fiable” (¡Ay, por Dios!). 

Este Gobierno se dedica a hacer el rendibú a nuestro incómodo vecino (mejor no indagar el motivo)

Por ello, lejos de hacer la menor crítica, este Gobierno se dedica a hacer el rendibú a nuestro incómodo vecino (mejor no indagar el motivo) y a agradecerle sumisamente la “colaboración”. 

Y de esta invasión en toda regla -que no crisis migratoria- según Marlaska no se sabía nada… Y ello pese a la calidad contrastada de nuestros servicios de inteligencia y de nuestras Fuerzas y Cuerpos de seguridad del Estado a los que el ministro se empeña en hacernos creer que habían pasado desapercibidos la llegada de esos camiones cargados de marroquíes a las inmediaciones de la frontera, la existencia de grupos en redes sociales para coordinar el asalto y, en general, la presencia de decenas de miles de personas en las calles de Castillejos y alrededores.

Intentarnos convencer de esta falta de previsión ya no es un eufemismo; es una mentira muy gorda que define a quien la sostiene que, además, está empeñado en cargar contra nuestros socios europeos que no están muy contentos con la actuación de un Gobierno que, como nos tiene acostumbrados, ha hecho una absoluta dejación de funciones hasta que las cosas no han tenido remedio. 

Vayamos al otro eufemismo ahora. 

Ceuta va recobrando la “normalidad”, como si la invasión de más de 60.000 marroquíes hubiera sido un anecdótico episodio de verano del que nadie del Ejecutivo quiere hacerse responsable

Repiten hasta la saciedad este Gobierno y sus medios afines que Ceuta va recobrando la “normalidad”, como si la invasión de más de 60.000 marroquíes hubiera sido un anecdótico episodio de verano del que nadie del Ejecutivo quiere hacerse responsable (¡vaya novedad!); y todavía menos su presidente que está ya disfrutando de su “merecido” descanso estival de varias semanas en un entorno privilegiado y que, en el colmo del postureo, se dio antes una vueltecita por Ceuta.   

Y yo me pregunto: ¿qué “normalidad” es esa en la que ciudadanos que viven en España tienen miedo a salir a la calle?

¿Qué “normalidad” es esa en la que las aceras, las playas y los montes de Ceuta están repletos de personas que se niegan a retornar a Marruecos? (si han vuelto 48.300 inmigrantes de 60.000, no es difícil hacer la cuenta de los que quedan, entre los que me temo que habrá algunos delincuentes).

¿Qué “normalidad” es esa en la que negocios y comercios no pueden abrir sus puertas o lo hacen recelosos ante las avalanchas de gente hambrienta

¿Qué “normalidad” es esa en la que se tiene que cancelar la Feria o en la que se resiente el turismo en temporada alta? (importantísimas fuentes de ingresos para la economía de tantas familias).

¿Qué “normalidad” es esa en la que o en la que las plantillas de nuestras Fuerzas y Cuerpos de seguridad están completamente desbordadas y no se refuerzan adecuadamente para combatir la inseguridad y la incertidumbre?... 

Pero y todo eso, ¿a quién le preocupa? Nos han acostumbrado a que las desgracias, que son muchas, se difuminen en pocos días.

Lo verdaderamente importante es insistir en ese mantra sanador de la conciencia colectiva que es el “retorno a la normalidad” al que se agarra un Gobierno incapaz de afrontar ningún tipo de crisis. Lo de menos es la realidad, que con estos (ir)responsables políticos solo puede ir a peor.