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El tren del olvido

De un tiempo a esta parte la representación de las leonesas tribus astures del norte se manifiesta para demandar lo que se les arrebató hace ya unos cuantos años...

De un tiempo a esta parte la representación de las leonesas tribus astures del norte se manifiesta para demandar lo que se les arrebató hace ya unos cuantos años: que los trenes del FEVE continúen llegando a donde siempre llegaron, a la estación de Matallana. Lo hacen los sábados, cortando por poco tiempo una de las principales arterias de la capital leonina. Tan desacostumbrada ‘osadía’ bien merece acudir a comprobarla personalmente. 

León es una capital triste, mortecina, que no se atreve a levantar la voz, quizá por mala conciencia, donde el paso del tiempo, al margen de cualquier ayuda, cualquier apoyo institucional, la va sumiendo progresivamente en la cloaca de la historia, como le sucede al león de la Plaza San Marcelo, que no se sabe si sale de la cloaca o mantiene un rictus de dolor porque se hunde en ella. Sea como fuere, dejamos nuestro vehículo en el aparcamiento de la susodicha plaza y ahí comienza nuestro incruento Gólgota particular. 

A la salida de esa suerte de gruta, hay un personaje pintoresco que sostiene una bandera de León y una pancarta solicitando la autonomía para su tierra.

El aparcamiento subterráneo de la antigua Plaza de las Palomas marca el kilómetro cero de nuestro periplo. Es un espacio lóbrego; podría ser considerado una zahúrda de Plutón por el insigne huésped de las mazmorras de San Marcos, de haber vivido en la actualidad, tal es el grado de deterioro que sufren sus instalaciones. Existen cochiqueras mejor acondicionadas; pero no parece importar gran cosa a sus titulares, pues no parecen reparar en su aspecto decrépito, con una atmósfera lúgubre, desconchados en el suelo y herrumbres en los muros. Es indigno tratar con tanta displicencia a los sufridos usuarios, 

A la salida de esa suerte de gruta, hay un personaje pintoresco que sostiene una bandera de León y una pancarta solicitando la autonomía para su tierra. Se oculta tras una boina, luengas barbas y una sonrisa. Se diría que es un quijote sin escudero que rivaliza en pundonor con la hierática figura pétrea de San Jorge victimando al reptil de la fachada de la casa de Botines. De contar con más ‘efectivos’ como él, quizá no tuviéramos que lamentar el deplorable espectáculo que hemos mencionado en el párrafo anterior. Pero León administra sus tempos y en esto de procurar la consideración debida, tiene una marcha corta y otra más corta todavía. 

Congregados los irredentos y desahuciados usuarios del FEVE, proponen que se escuche su voz. Es gente vil, ruin y de baja condición porque apenas se sabe que en estas sabáticas aglomeraciones...

Caminando hacia enclaves más boreales, nos llega la tumultuosa estridencia de silbatos, cuernos, pitos y flautas; es la más que humilde representación del inconformismo leonés, que todo exceso de incontinencia siempre fue mal visto por estos pagos. Mas agradecerían las autoridades locales y foráneas que los allí congregados se fueran con la música otra parte. Como si hubiera que perder los buenos modales porque un tren llegue o deje de llegar a una estación decadente de una capital decadente de una provincia decadente. ¡Ah qué tiempos aquellos en los que no temblaba la mano a la hora reprimir estas demostraciones de insurgencia con una compañía de antidisturbios! ¡Desalojen inmediatamente! ¡Carguen!   

Congregados los irredentos y desahuciados usuarios del FEVE, proponen que se escuche su voz. Es gente vil, ruin y de baja condición porque apenas se sabe que en estas sabáticas aglomeraciones hagan acto de presencia las autoridades, dignidades y otras fuerzas vivas de la ciudad y localidades afectadas por la supresión del último tramo del tren. ¡Que ya son ganas de incordiar porque haya que caminar con las pertenencias al hombro unos cuantos metros, o quizá sean kilómetros! ¡Muy exigentes es lo que somos! 

Y así, desafiando al frío y al desdén de quienes no vacilan en privar a toda la franja oriental de la provincia leonesa del servicio de trenes que data de 1890...

Por fortuna para todos, sus gerifaltes de León, alfoz y ayuntamientos atravesados por el ferrocarril de la Robla están tan sumamente ocupados en sus tareas de gobierno que se ven imposibilitados para acudir o mandar representación en su nombre, quizá un teniente alcalde, un concejal, no sé… Otra cosa es cuando se prevé una concentración multitudinaria. Entonces sí, entonces la superioridad en pleno se resigna a abandonar las tareas que les absorben todo su tiempo y con gran sacrificio acuden para lucir su librea institucional posando impertérritos para la foto. ¡Qué poco valoramos que nuestros representantes se entreguen en cuerpo y alma a resolver nuestras cuitas! 

Y así, desafiando al frío y al desdén de quienes no vacilan en privar a toda la franja oriental de la provincia leonesa del servicio de trenes que data de 1890, reciben la nieve que, cual manto de silencio, viene a ser toda una alegoría de la gélida acogida que los gobernantes leoneses han dispensado a su gente desde que el mundo es mundo. Y, por si fuera poco, un desastre más, un incontrolado caballero se presenta ataviado con chapela e ikurriña, para solidarizarse con los presentes. ¡Era lo que faltaba, un bilbaíno desafiando las conductas de sometimiento que felizmente disfrutamos en León! Lo dicho. ¡Qué añoranza de aquellas compañías de antidisturbios con su traje gris, la porra al cinto y su pañuelito azul al cuello…!