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En León nos roban hasta los nombres

No puedo por menos que confesar una buena dosis de adanismo en un tema que me atañe...

No puedo por menos que confesar una buena dosis de adanismo en un tema que me atañe y que me mueve a derivadas preocupantes. Hace unos meses me han obsequiado un ‘Carea’, un perro de los pastores, una de las pocas razas que lleva el apellido leonés en su pedigrí, como antes lo fue el mastín leonés o lo sigue siendo la raza mantequera leonesa. La cuestión es que un pastor me ha regalado un carea y aunque soy consciente de que son muchos los propietarios que tienen o han tenido uno, me siento como un rapaz con zapatos nuevos.

Entre sus cualidades destacan estar siempre atentos a los deseos de su dueño, poco o nada tiene que envidiar a esas razas puras de perros ingleses que por su inteligencia y porte distinguido son codiciados por esquisitos cinófilos

La criatura es una fuerza desatada de la naturaleza que se antoja un paso intermedio entre el lobo y el perro. Sí, más parece un animal que se aviene a someterse al hombre sin perder su carácter. Incluso su anatomía y la expresión de su cara tiene connotaciones lupinas y su temperamento indomable así lo corrobora. Como contrapartida, entre sus cualidades destacan estar siempre atentos a los deseos de su dueño, poco o nada tiene que envidiar a esas razas puras de perros ingleses que por su inteligencia y porte distinguido son codiciados por esquisitos cinófilos. Y otro tanto se podría decir de pastores belgas o alemanes.

Es este tipo de perro un animal rústico, capaz de soportar condiciones muy duras desde que nace, quizá sea esto lo que le da temple a su carácter. A diferencia del mastín, con quien comparte sus tareas de pastoreo, nunca se aparta del dueño, siempre atento a sus órdenes mientras el mastín asume su tarea de escolta y se sitúa estratégicamente apartado del rebaño para que nadie lo moleste o lo dañe. El carea en cambio mueve la grey y hace regresar a la oveja descarriada ante una leve indicación del pastor.

Con estos antecedentes, uno se ve tentado a informarse de sus habilidades por medio de sus propietarios habituales, los pastores, y otros propietarios. No conforme con ello, he tratado de documentarme al respecto digamos de forma  ‘oficial’, y cuál no sería mi sorpresa cuando veo que, prácticamente, el término tradicional para nombrar a esta raza, el nombre que siempre conocimos, está pasando a un segundo plano, antesala de un ‘renombramiento’ en ciernes.

Confieso que estas cosas me molestan y no puedo por menos que considerar a los autores de este tipo de atropellos en las denominaciones estatuidas por siglos de antigüedad. Resulta que nuestro carea de siempre se le denomina ahora eufemísticamente con el nombre de pastor leonés relegando con ello un nombre que era y es genuinamente nuestro. Por regla general este tipo de nomenclaturas tiene un trasfondo económico que impulsan criadores y personal técnico a mayor gloría de sus ‘aportaciones’, quién sabe si persiguiendo intereses comerciales.

Hace años, nuestro bien amado Mastín Leonés desapareció del vocabulario con el que se nombra a esta raza y pasó a denominarse mastín español, así, con un par

Francamente detesto tanto este estúpido proceder –sí, he dicho estúpido – y trataré de justificar el porqué de semejante calificativo. Hace años, nuestro bien amado Mastín Leonés desapareció del vocabulario con el que se nombra a esta raza y pasó a denominarse mastín español, así, con un par. Tamaño despropósito es impensable que sucediera con la raza Txakurra vasca, la raza catalana Gos d´Atura, o incluso el Ca de Bestiar mallorquín. En León, nuestra terminología propia se puede mandar al contenedor sin que nadie alce la voz.

El tema del mastín es sangrante por cuanto hay otra raza hispana de mastines, el Mastín de los Pirineos, raza que, por pura lógica ha perdido su condición de raza española que graciosamente se la ha arrebatado el desquiciado sambenito que se le ha colgado al mastín de Nuestra Tierra. Me consta que habrá sesudas explicaciones, de no menos sesudos etnólogos, para justificar este cambio de denominación, pero siendo que desde hace siglos era mastín leones, todo cambio huelga. Quiero pensar que tal denominación se reserva para canes domésticos, porque los que vagan por tierras leonesas con su rebaño siguen siendo lo que siempre fueron: leoneses.

Aquí, desde que nos han colocado la vitola de castellanoleoneses, se puede volcar cuanta inmundicia se quiera que cabe esperar contestación alguna

Ahora llega la milonga del Pastor leonés, y como el anterior, se tratará de justificar esta nueva nomenclatura. Y saben, el mío nunca será un pastor leonés, se quedará en carea o carea leonés a lo sumo, aunque en este caso lo de leonés sea una redundancia, un pleonasmo. No sé qué me contraría más, si los cambios de nomenclatura con nuestras razas caninas o el hecho de que estas maniobras se ceben siempre con León. Aquí, desde que nos han colocado la vitola de castellanoleoneses, se puede volcar cuanta inmundicia se quiera que cabe esperar contestación alguna. Me pregunto dónde está el tan cacareado amor patriótico de los leoneses. Yo no alcanzo a ver ni vergüenza torera por estos pagos.

Y hablando de vitola o de marchamo alegremente perdido o entregado, vaya un ejemplo esclarecedor que escuché hace poco tiempo en el documental “El Territorio del lobo ibérico”, perteneciente a una serie dedicada a los animales emblemáticos de la Península Ibérica, emitido por la segunda cadena de televisión el pasado día tres de julio. En este episodio aparecían lobos en unas montañas que, a decir del audio del mismo, afirmaba que pertenecían al norte de Castilla porque eran residentes de las montañas limítrofes con Asturias.

Nuestra personalidad se va difuminado cada día más hasta que nos homologuemos con el resto de la comunidad. Dicho de otro modo, todos los intentos por resucitar la historia del Viejo Reino son esfuerzos baldíos

Sabrá disculpar el redactor del texto mis escasos conocimientos de Geografía, pero hasta donde yo alcanzo a saber, Asturias no limita con Castilla. El productor y director del episodio, José Luis Rodríguez, es un visionario que se adelanta a su tiempo y ha suprimido alegremente la palabra León del binomio Castilla y león, al igual que poco a poco va sucediendo en otros ámbitos. Nuestra personalidad se va difuminado cada día más hasta que nos homologuemos con el resto de la comunidad. Dicho de otro modo, todos los intentos por resucitar la historia del Viejo Reino son esfuerzos baldíos, bienintencionados pero baldíos. Si seguimos tragando estas afrentas León se nos va por el desagüe del inodoro. ¿Lo evitará alguien? No creo.