Un panorama muy negro
Hace ya bastantes años circuló un vídeo; un oso que fue llevado a un programa de la televisión rusa. El plantígrado iba debidamente amordazado y controlado por su entrenador. Ya ante las cámaras, colocaron al animal al lado de una señora que no pareció asustarse ante su presencia porque nada hacía sospechar su comportamiento apacible, al menos, hasta aquel momento.
Todo discurría normalmente hasta que en un momento dado y sin provocación alguna, el oso propinó un tremendo zarpazo a la mujer que acabó rodando por el suelo del estudio y, no contento con ello, se abalanzó sobre la desdichada haciendo intervenir no solo a su cuidador sino también al presentador del programa. El oso siguió repartiendo manotazos pese a que su guardián se empleó a fondo para neutralizarlo; pero lejos de amainar en su ímpetu, seguía intentando atacar al presentador y a la mujer, no así a su ángel custodio que finalmente acabó por dominarlo, quizá más por benevolencia animal que por la fuerza humana.
Moraleja: Los seres vivos, sobre todo los superiores, a veces exhiben comportamientos que, por inesperados, escapan a nuestra comprensión. Las personas a veces también exhiben conductas que son ininteligibles para muchos de sus semejantes. Recientemente hemos tenido un ejemplo bien claro en las demarcaciones de Zamora y de León. En el caso de Zamora, ya de forma reiterativa y en el de León, por primera vez.
Notifica la prensa, como anécdota curiosa, que en dieciséis de los veintitrés ayuntamientos severamente castigados por los incendios del año pasado, votaron mayoritariamente al Partido Popular en las recientes elecciones autonómicas. Se da la circunstancia de que el PP rige los destinos de esta autonomía desde hace unos cuarenta años, sin solución de continuidad y apuntando maneras de seguir rigiéndolos indefinidamente. Sucede que dicho partido tiene encomendado, por normativa legal, ocuparse no sólo de la extinción de los incendios, sino también de su prevención.
El consejero del ramo, un juez leonés metido a tareas propias de técnicos y cuadrillas forestales, dictaminó en 2025 restringir las inversiones en medidas preventivas. El resultado fue aterrador: el fuego, que no sabe de límites provinciales, atravesó los confines de Zamora y León dejando un trágico balance de más de cien mil hectáreas arrasadas y, por si fuera poco, la muerte de cuatro personas que participaban en las labores de extinción.
Hubo manifestaciones en contra de la incompetencia del consejero de Medio Ambiente e incluso las brigadas contraincendios se manifestaron por las localidades más castigadas por el fuego y también por ciudades que no lo padecieron. Bien es verdad que no protestaban tanto por el fuego como por su estabilidad laboral y la dotación de medios para su trabajo, incluidos, claro está, los de prevención. Obligado es reconocer que el susodicho consejero no fue el desencadenante de los pavorosos incendios, pero su ineptitud para el cargo y su falta de previsión contribuyeron, y de qué manera, a la consumación de la tragedia.
Circularon en 2022 imágenes de habitantes de la Sierra de la Culebra insultando y amenazando a este consejero y zarandeando coches oficiales de alta gama de los que se acercaron por la zona afectada a comprobar la magnitud del desastre. Pero las elecciones siguientes arrojaron unos resultados óptimos para la opción política que los había obsequiado con cuarenta y cinco días continuados de fuego. En 2026 se volvió a repetir la historia en Zamora y se inició en León, volviendo a ser el Partido Popular el claro vencedor en las circunscripciones calcinadas.
Desconozco qué conclusión sacará la opinión pública de ambas provincias, pero el mensaje para el partido que se alzó con la victoria electoral en los pasados comicios es claro: cuantos más fuegos haya y más hectáreas resulten afectadas, mayor número de votos alcanzados. Por lo tanto, el sentido común indica que los mejores réditos políticos los obtiene esta formación, no sólo no ejerciendo labores de prevención sino fomentando que haya incendios.
Siento verdadera pasión por saber qué intrincados mecanismos cerebrales se pueden activar en las cabezas de mis paisanos zamoranos y leoneses para recompensar con su voto a aquellos que no mueven un dedo por evitarles el arraso de sus fincas, sus casas y su paisaje. ¿Será por las ayudas que se libraron? ¿Un síndrome de Estocolmo? ¿Resignación cristiana? La verdad es que resultaría excitante conocer los entresijos de tan alambicado razonamiento.
¿Que se queman los ecosistemas de especies protegidas como el oso o el urogallo? ¡Que se quemen! Mayor saldo de votos para las elecciones municipales de 2027. Vayan poniendo a remojo los bosques aquellos ayuntamientos que libraron el pasado verano. Tal vez este año, dadas las abundantes lluvias y la previsible proliferación vegetal, a lo mejor los coloca en situación de verlo todo teñido de negro, al ver que la ciudadanía vota con más alegría a los ‘embajadores’ del presidente Mañueco y de quién sabe cuántas cosas más.
Lo que es de obligado cumplimiento es felicitar a los votantes del PP y a sus dirigentes, porque deben guardar entre su arsenal recursos que desafían la inteligencia de las personas que nos arrogamos unos parámetros lógicos que, al parecer, en Zamora y en León, no lo son tanto. Este partido bien podría explicarnos los entresijos de estos misterios gozosos, al igual que algunos prestidigitadores revelan sus trucos de ‘magia’. Vistas estas paradojas, hasta el agresivo comportamiento del oso se antoja cada vez más previsible y más parecido al humano.