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A 8 de marzo {Sancha I de León, Urraca I de León e Isabel I de León}

Cuando nos situamos en aquellas posiciones que suponen, en gran medida argumental y  en escenificada manera ambiental, como defensoras de la prevalencia de nuestro entorno integral, léase como en la más y mejor de las  aproximaciones,  como de/en/para/por/con la Regionalidad Leonesa [38.491 km2], con sus siempre tres provincias leonesas: Salamanca, Zamora y León, y sus cuarenta y una  Comarcas naturales (lo del “todo SaZaLe´41”), no solo estamos poniendo en apreciación estos tan admirados espacios nuestros , si no también, e igualmente, a las personas, de ambos sexos, que en ellos ahora habitan y que son, a lo largo del decantamiento del proceso histórico, seguidores familiares de sus propias ancestrales sagas. 

En estos días, y al 8 de marzo, nos vamos a encontrar, y una vez más, con “el día de la mujer”, que fue precedido en el tiempo por “el día de  trabajadora”, que ya , de un tiempo a esta parte, está sirviendo de extraordinaria utilidad para poner, de forma pública, no solo y únicamente a laboriosidad de las mujeres, si no toda una serie de facetas que inciden en la vida de las mismas y que, por diversas situaciones anacrónicas y extrañas, no han podido posibilitarles, en el plano de la igualdad humana, las mismas condiciones de contorno, y hasta de mera dignidad personal , de las que han tenido los hombres.

Es por lo que antecede, el que también, y al hilo de lo ya indicado, estemos adentrándonos (los unos, los otros y los demás), en aquellas situaciones que nos pueden, y en un tal vez aproximativo, sernos de utilidad y/o contrapunto, además de claro ejemplo, sobre la propia presencialidad de las mujeres en tiempos pretéritos  y el cómo/cuándo/dónde se fraguó su especifica actividad y, desde la umbralidad asentada en los ancestros de su sabor  histórico, la podamos ubicar, en referenciándola en lo posible y deseable, tanto  a su propia coetaneidad como a otros momentos en los que la misma pudiera haber incidido.

Hoy y ahora traemos hacia el presente la figura de Sancha I de León, de la cual, y en las redes ( en esa comunicación que ahora es tan socialmente fluida), se nos indica lo siguiente: “Sancha Alfónsez de León (c.1018-León, 7 de noviembre de 1067[1] fue una infanta y reina consorte de León, hija legítima de Alfonso V de León y de la reina Elvira Menéndez. A la muerte de su hermano Bermudo III de León en la batalla de Tamarón, transmitió los derechos sobre el reino a su esposo el conde castellano Fernando Sánchez, quien reinó como Fernando I”, la cuestión parece estribar en que siendo lo indicado tomado como veraz, pudiera ser que lo mismo no alcanzara, en el hecho de su completitud, todos los datos que inciden sobre tal persona. 

Si, ya nos indican que paso su niñez en Piadela (Galicia) y que su nodriza fue Fronilde Gundemariz. También nos aleccionan sobre los trágicos sucesos del 13-5-1028, o de su boda con el navarro Fernando (que pasa por heredero del Condado de Castilla) de finales de octubre de 1032. Apreciativamente se pone, en tal difusión, que Sancha  era la heredera de los derechos al trono del “Reino de León”, como hija del rey Alfonso V de León  y hermana de Bermudo III de León, “y como tal” (en nuestro añadido) situaba, en herencia propia, “los derechos que transmitió a sus hijos”. Sin embargo, fue su marido Fernando el que fue ungido rey de León un año después de la muerte de Bermudo, debido, en lo que indican y en atención a estar ya casada, a que en aquellos tiempos no se reconocía a las mujeres como reinas con poder efectivo”.

Resulta que Sancha  de León, que enviuda en 1065 y fallece en 1067, asa esos dos años al frente de la Casa Real Leonesa y es de hecho, en vida de la misma, quien mantiene el equilibrio y/o gobernanza del Reino de León entre sus un tanto díscolos hijos. Lo cual podría alumbrar sobre el ejercicio efectivo del poder real en sus manos y en tal caso, el que se pudiera sopesar, con las investigaciones más propias al caso, sobre si fue activa en tanto y cuanto Sancha I de León.

Sobre Urraca I de León, que de un tiempo a esta parte tanto, y en nuestra ciudadana impresión, con tanta profundidad se ha expuesto, nada que añadir sobre su magnificencia y solo, y si acaso, reparar en que, y como en el ejemplo traído anterior, no se debe perder nunca la perspectiva de la dimensionalidad de la Corona Leonesa, que no es, ni ha sido nunca, un solo lugar geográfico y ni tampoco una provincia contemporánea. Hablar del “Regnum Imperium Legionensis” es, se quiera o no, salir de la cerca de las propias murallas de la ciudad de León, como lo es hablar de la antropológica  de la regionalidad leonesa o de otras temáticas que inciden en los ámbitos de la leoneseidad, lo cual, y desde nuestra observancia ciudadana, no hace demerito alguno sobre mi apreciada ciudad de León, antes al contrario, y desde nuestra estima, contribuye a su mejor y mayor ponderación. 

Ha ce pocos días, al describir los hechos de la batalla de Peleagonzalo-Toro, decíamos: “La recomposición  escénica, situándonos territorialmente, seria:: estando a 77 km de la frontera medieval [ el cauce del afluente río Pisuerga] de la Corona Leonesa [el inmemorial “Regnum Imperium Legionensis” ]  con otra Corona del este (que anteriormente fue ducado leonés), a 62’4 km Medina del Campo ( en la diócesis de Salamanca), 77’5 km de Madrigal de Las Altas Torres ( de la provincia eclesiástica de Santiago), a 2,5 km de la ciudad leonesa de Toro [-.- “civitas taurensis superior est in Regno Legionis” -.-], en la plena tangencialidad de la población de Peleagonzalo (enclave cimero en 1476 y que ahora está desplazado casi un km, para prevenir las avenidas y desbordamientos, de su anterior emplazamiento), cuando  al otro lado del río Duero, y frente al “Pago de Marialba”, en las vistas del “Teso de Las Contiendas” (próximo a Villalazán), de “La Loma Geroma” (los 774 m de altitud, en la inmediatez este de Fresno de la Ribera) y de “El Monte [de] La Reina”  (a los de fuera se lo hay que explicar siempre: ‘la Reina a la que se refiere tal nominación es María de Molina de la Casa Real Leonesa, hija de Alfonso [Señor de Molina] hermano de Fernando III de León y nieta del zamorano Alfonso IX de León’ ), tiene lugar, en lo que todos los narradores coinciden, una gran e importante batalla.” 

Con lo anterior no solo posicionábamos el lugar de la propia batalla, que si lo hacíamos, pero también indicábamos que los hechos ocurrían dentro de la tierra de la Corona Leonesa y a bastante distancia de la línea fronteriza medieval ( ¡en el Rio Pisuerga!) con el territorio de la Corona Castellana, situación que es por muchos olvidada [-.- hecho que desde el Movimiento Leonesista ML {GRES;CC.ZZ.;GAL}  y desde el propio PREPAL solemos recordar -.-], es que, de forma colateral también indicábamos la acción dirigida por Fernando de Aragón como esposo de Isabel I de León.  

Citar como Isabel I de León a la soberana de la Corona Leonesa entre 1475 y 1504, nos parece de lo más normal, ya que estamos hablando no solo y exclusivamente del hecho dimensional del territorio histórico leonés en aquellos momentos del Siglo XV, también de una persona que, a lo que se colige, parece que nació en el espacio de “la provincia eclesiástica de Santiago” y que falleció en la población de Medina del Campo, cuando esta pertenecía al territorio de la Diócesis de Salamanca ( o sea, antes del desaguisado que efectuó Felipe II de León, cuando desmembró las diócesis de Palencia y Salamanca, para sacarse de la manga el invento de la diócesis de Valladolid).

Hemos manejado la implicación de tres mujeres del espacio territorial histórico de la Corona Leonesa, a saber: Sancha I de León, Urraca I de León e Isabel I de León, en el propio hacer de sus respectivos mundos, que en la medida en que asumamos su legado, y en la consideración propia de la dimensionalidad espacial de la Corona Leonesa, habremos avanzado un mucho, y en gran medida, para aquel otro espacio posterior que nos dibujaron, ya en 1833 y con la minoría de edad de Isabel II de León, aquellos grupos/camarillas/sectas/loobys, que alumbraron las regionalidades en el Siglo XIX, tras los cuales andamos ahora por la plena y completa categorización constitucional de los mismos.

Nuestro pasado, en la Corona Leonesa es el de todos y cada uno de los hombres y mujeres que en el vivieron, como tiene que ser ahora en el presente y vendrá a ser en el futuro.

VALORIO 4-3-2026