El tiempo

El 'milagro' burgués y pedagógico que resistió a la Guerra Civil

Desde su apertura en 2006, más de 160.000 visitantes han conocido en el Museo Sierra-Pambley de León más de 3.000 piezas originales del siglo XIX, así como la labor educativa de la Fundación

Corría el año 1848 cuando Segundo Sierra-Pambley, que en aquel momento era diputado en Cortes por la provincia de León, adquirió un inmueble ubicado en la plaza de Regla de la capital leonesa, a los pies de la Pulchra Leonina. A la adquisición le siguió su correspondiente reforma y decoración al estilo neorrococó francés que, en 1912, la llevó a convertirse en la primera vivienda con cuarto de baño de la ciudad.

El inmueble, perteneciente a una de las familias más importantes del León del siglo XIX, se conserva dos siglos después en su gran parte, convertido en el Museo Sierra-Pambley, que alberga más de 3.000 piezas originales de la época, además de una sala dedicada a la labor pedagógica de la Fundación Sierra-Pambley desde 1886 hasta 1936.

Familia Fernández Blanco y Sierra Pambley

La familia Fernández Blanco y Sierra Pambley resultó de la unión de dos familias de terratenientes de León, los Fernández Blanco de Hospital de Órbigo y los Sierra-Pambley de Villablino, que pertenecían a la “burguesía ilustrada”, aunque la saga comenzó a adquirir relevancia con el abuelo del creador de la Fundación, Felipe Sierra-Pambley, que llegó a ser ministro de Hacienda durante el trienio liberal.

Tanto él como su hijo fueron “muy participativos en la política de su tiempo” y, “para rematar”, llegó la figura del nieto de Felipe y sobrino de Segundo, Francisco, que creó las escuelas que ofrecieron la oportunidad de estudiar a mucha gente que, de otra manera y a finales del siglo XIX y principios del XX, no hubieran podido hacerlo”.

Fundación

A raíz del legado de dicha familia nació la Fundación Sierra-Pambley, que según reconoce la directora del Museo, Patricia Centeno del Campo, “ha tenido momentos difíciles a lo largo de su historia”, aunque “uno de sus periodos más complicados” se produjo en la Guerra Civil y posterior Dictadura, que le incautó todos sus bienes durante los 40 años de duración del periodo franquista.

No fue hasta el inicio del proceso democrático en España cuando se reclamaron de nuevo dichos bienes y se creó un nuevo patronato para la Fundación, compuesto por “gente más acorde con las ideas que la vieron nacer” y que “siempre tuvo en mente abrir la casa Sierra-Pambley en León como como museo".

Esa idea se comenzó a materializar en el año 2000, cuando se iniciaron los trabajos de restauración de piezas y rehabilitación del edificio, que requirieron de unos cinco años y de una inversión superior a los 1,6 millones de euros de fondos propios de la Fundación, aunque, según recuerda Patricia Centeno, la Fundación de Patrimonio de Castilla y León aportó posteriormente unos 350.000 euros, a los que se sumaron unos 3.000 euros del Ministerio de Cultura para trabajos de inventario.

160.000 visitantes

Fue el día de la festividad de Santiago Apóstol, un 25 de julio, del año 2006, cuando el Museo Sierra-Pambley abrió sus puertas al público por primera vez “para recordar la modernidad de la familia en su casa, que se conservó muy bien, como un milagro, durante la la Guerra Civil”, así como para “dar a conocer la inversión en educación como rasgo distintivo de la familia”, ya que fue uno de sus miembros, Francisco Fernández Blanco y Sierra-Pambley quien, hace 150 años, decidió “apostar por que su patrimonio se invirtiera en educación”.

La inauguración del Museo Sierra-Pambley fue un hito para la ciudad y reunió, aquel 25 de julio de 2006, al que en aquel momento fuera presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, al alcalde de la ciudad, Mario Amilivia, o al presidente de la Diputación de León, Javier García-Prieto, entre otras autoridades, así como al poeta Antonio Gamoneda, “una figura importante en la historia del museo”, ya que en aquel entonces era patrono administrador de la Fundación.

Ese primer año de apertura, el espacio reunió a algo más de 3.000 visitantes, aunque hoy, dos décadas después, la cifra alcanza una media de 8.000 anuales, lo que deja un cómputo global desde su inauguración de unos 160.000 visitantes a un Museo que, según asegura su directora, es “de los más queridos por los leoneses”.

Más de 160.000 habitantes que se han podido adentrar en la vivienda comprada, reformada y decorada por Segundo Sierra-Pambley, que se divide en dos plantas: una segunda destinada a la vida familiar -aunque tanto él como su sobrino, Francisco, que quedaron solteros- y una primera dedicada a la vida social.

“Aunque no hay mucha documentación al respecto, el gran cotilleo del museo es que los Fernández Blanco y Sierra-Pambley y, concretamente Paco, estaba muy vinculado con otro gran leonés, que fue Gumersindo Azcárate, una de las figuras políticas más importantes del siglo XIX en España, cuando estaba creando la Institución Libre de Enseñanza”, comenta la directora, quien asegura que “hay algún texto que comenta que Segundo, propietario de la casa, la hizo porque quería casarse con su sobrina, la hermana del creador de la Fundación, pero ella finalmente se casó con otro”.

3.000 piezas originales

El resultado de esos desamores y de la soltería de ambos moradores de la vivienda fue “una colección maravillosa de artes decorativas”, ya que, según ensalza Patricia Centeno, “uno de los grandes valores del Museo es que todo lo que se ha conservado es original”.

Así, las 3.000 piezas inventariadas en el Museo Sierra-Pambley “pertenecen en su gran mayoría a la propia casa”, aunque también hay algunas traídas desde la casa de la familia en Hospital de Órbigo, “que sigue tutelada por la Fundación”, a las que se añaden algunas de la casa de Villablino.

“Es una maravilla que todo lo que se conserve haya pertenecido a una misma familia”, reconoce la directora del museo, quien detalla que, entre todas las piezas, “hay colecciones de todo tipo, desde papeles pintados, artes decorativas, mobiliario o materiales escolares originales de las escuelas de la Fundación". No obstante, avanza que la colección “se irá incrementando”, ya que “se siguen incluyendo piezas originales de las otras casas de la familia”.

Además de la propia vivienda musealizada, la planta de acceso al Museo Sierra-Pambley alberga la denominada Sala Cossío, un espacio dedicado a la labor educativa de la Fundación y que muestra todos los materiales pedagógicos “modernísimos para la época”, así como documentos de su propio archivo y patrimonio bibliográfico de la misma.

Dos décadas

A pesar de que la vivienda se mantiene en el estado original en el que se encontraba en el siglo XIX y tras haber efectuado una labor de rehabilitación de la misma para convertirla en Museo, el espacio ha ido evolucionando a lo largo de sus dos décadas de apertura al público, en los que “se ha ido incrementando la colección con nuevas piezas”.

Patricia Centeno del Campo también pone de relieve que el espacio museístico ha desarrollado en sus veinte años de vida “actividades de todo tipo”, como “la pieza del mes o exposiciones temporales con fondos propios”. Así, en 2023 tuvo lugar una dedicada a Felipe Sierra-Pambley en colaboración con el archivo de la Fundación y, en 2024, se impulsó una sobre las últimas piezas restauradas.

Dos décadas en las que, además, el Museo “ha tenido mucha conexión con el público local” a través de “visitas y talleres de centros escolares de todos los niveles educativos” o las Jornadas de Museología que, durante nueve años, congregaron en León a “grandes profesionales vinculados con el mundo de los museos”.

Asimismo, las colecciones del museo también han salido fuera de él a través de préstamos a entidades locales, como el Museo Contemporáneo de Castilla y León, el Museo de León o la Fundación Vela Zanetti, provinciales, como el Museo de Indumentaria Tradicional de Valencia de Don Juan, o autonómicas, como las Edades del Hombre, en “una una política de difusión de fondos”.

Dos décadas en las que unas 160.000 personas han visitado el Museo Sierra-Pambley de León, con un perfil “de todo tipo” y que han hecho que el espacio se sienta “muy querido”, ya que “hay mucha gente que repite y lo recomienda”. No obstante, su directora reconoce que “hay que seguir trabajando para que la gente, tanto de León como de fuera, lo conozca cada vez más”.