Naked Eva: "En León hemos podido crear una voz personal que nos diferencia de todos los demás"
Naked Eva empezaron allá por 2019 cantando en inglés, como tantísimas bandas que crecieron escuchando lo que venía de fuera. No había nada malo en eso, pero en algún momento se dieron cuenta de que el idioma les estaba poniendo una distancia cómoda entre ellos y lo que de verdad querían contar. Así que lo cambiaron. Y con ese cambio llegaron canciones más incómodas, más honestas y, curiosamente, mucho más libres.
Desde León han construido un sonido propio a base de guitarras, texturas y letras que no se andan con rodeos. Hablan de querer salir de uno mismo, de la rabia, de seguir adelante cuando no quedan muchas razones para hacerlo. Cosas que cualquiera reconoce, aunque cueste ponerles nombre. 'Puedo con todo' les dio el Premio Arte Joven de Castilla y León 2025 y algo más difícil de conseguir: que el público la hiciera suya. Eso es lo que buscan cada vez que suben a un escenario, ya sea en León, en una gira por Galicia o en festivales como Vibra Mahou o Mad Cool Talent. No llegar a más gente por llegar, sino que lo que tocan siga sonando a ellos, venga de donde venga.
En 2026 sale su primer LP y, escuchándoles hablar de él, uno entiende que no es solo un disco. Es la primera vez que Naked Eva se miran al espejo y reconocen del todo lo que ven. Años de canciones, de escenarios, de palabras que costó encontrar —todo ordenado en un mismo sitio por primera vez. Este sábado, el Vibra Mahou. Después, todo lo demás.
Naked Eva nace en 2019 en León como un acto de liberación creativa. Desde aquel primer EP en inglés con ecos británicos hasta vuestra actual expresión en castellano, ¿cómo ha sido el proceso de desnudaros artísticamente hasta encontrar vuestra propia voz, más cruda y personal?
Al principio había más referencias que identidad. El inglés funcionaba como un refugio cómodo, casi una forma de habitar un sonido sin exponerte del todo. Ha sido bastante natural, aunque desde fuera parezca un cambio grande. Al principio escribíamos en inglés casi por inercia, por las referencias que teníamos; bueno, también ayudaba tener en el grupo a Sergio, que es profesor y filólogo inglés. Pero llegó un punto en el que sentimos que no estábamos diciendo del todo lo que queríamos decir. El paso al castellano fue más que un cambio de idioma: fue empezar a ir más directo. Quitar capas. Dejar de esconderse un poco detrás de la forma y centrarse en el fondo. Y ahí empezaron a aparecer canciones más crudas, más nuestras.
Pasar del inglés al castellano supone, en muchos casos, un acto de mayor vulnerabilidad. ¿Qué significó para vosotros ese tránsito? ¿Sentís que las palabras en vuestra lengua materna os permiten tocar capas emocionales que antes quedaban veladas?
Sí, totalmente. En castellano no hay filtro. Todo pesa más. Cada palabra la entiendes tú y la entiende quien está delante, sin ningún tipo de distancia. Con el inglés podías jugar más, incluso disimular. En castellano no. Es más incómodo, pero también más real. Y al final preferimos eso: que duela un poco más, pero que llegue mejor. El primer EP que sacamos sirvió para sentar bases y también para probar cosas. Dani insistió para que hiciéramos una canción en español y comprobamos de primera mano, en los distintos directos —incluyendo la minigira que hicimos por Galicia—, que era la canción que más conectaba con el público. Es un idioma que te obliga a hacerte responsable de lo que escribes. Y eso incomoda, pero también libera. Porque cuando aciertas, la conexión es mucho más profunda. Es como pasar de sugerir a señalar directamente. Canciones como 'Sácame de mí' —inspirada en una experiencia real de coma— o 'Dónde estabas tú' —un lamento contra la hipocresía— destilan una intensidad casi confesional.
¿Cómo habitáis el espacio entre lo autobiográfico y lo generacional?
Lo autobiográfico es el punto de partida, pero no el destino. Nos interesa ese momento en el que algo muy concreto se abre y deja de pertenecerte. 'Sácame de mí' nace de una experiencia muy real, muy límite, pero la intención no es contarla tal cual, sino traducir lo que deja dentro. Esa sensación de estar fuera de sitio, de querer salir de uno mismo. Si alguien lo escucha y lo lleva a su terreno, entonces la canción ya está haciendo su trabajo. La idea es que, aunque nazcan de algo concreto, puedan ser de cualquiera. No lo pensamos mucho en términos de "esto es generacional", pero sí notamos que hay cosas que compartimos todos: la frustración, la rabia, la sensación de no encajar del todo... y eso acaba saliendo. Por ejemplo, 'Puedo con todo' puede ser al mismo tiempo una letra divertida, un grito de liberación motivacional o una llamada a la reflexión personal: necesitamos hablarnos mejor a nosotros mismos. Pero hay veces que no queda otra que aprovechar la difusión que la música te da para dar voz a injusticias y actitudes sociales que están deshumanizando el pensamiento de nuestro día a día. La pasividad y la falta de actitud combativa ante la discriminación, la violencia y la falta de oportunidades e igualdad para ciertos colectivos merecía una canción como 'Dónde estabas tú'. Y, teniendo en cuenta la situación actual, no descartamos que salgan más canciones que se inclinen por esta energía y este tipo de letra.
"En castellano no hay filtro. Todo pesa más. Cada palabra la entiendes tú y la entiende quien está delante, sin ningún tipo de distancia. Con el inglés podías jugar más, incluso disimular. En castellano no. Es más incómodo, pero también más real"
'Puedo con todo' se ha convertido en un himno de resistencia y os ha otorgado el Primer Premio Arte Joven de Castilla y León 2025. Más allá del reconocimiento, ¿qué representa para vosotros transformar el dolor y la incertidumbre en un canto colectivo de fortaleza?
Es raro, porque la canción nace desde un sitio bastante personal, casi como una necesidad de decir «tira para adelante como sea». Cuando la gente la canta, cambia de significado. Se convierte en algo compartido, casi en una especie de mantra colectivo. Y ahí deja de ser una canción sobre aguantar para convertirse en algo que te sostiene.
Para nosotros eso es lo importante: que algo que nace desde la incertidumbre acabe siendo un punto de apoyo para otros. El premio está bien y nos ayuda a seguir creando obra, pero lo que realmente se queda es eso.
"No salimos a hacer un ritual en el sentido místico, pero sí a crear un espacio donde todo pase de verdad. Buscamos que haya una especie de tensión compartida. Que lo que empieza en el escenario se contagie abajo y vuelva otra vez"
Grabáis en Rec-ording Studios León, lejos de los grandes centros. Habéis defendido que "la música hecha fuera de la capital tiene más valor precisamente porque la exposición es menor". ¿Cómo influye esa distancia en vuestra forma de entender el arte y en la autenticidad de vuestro sonido?
Influye bastante. Aquí no hay tanta exposición ni tantas prisas por encajar en algo concreto. Eso te da margen para equivocarte, para probar, para ir a tu ritmo. No lo vemos como una desventaja. Al contrario, creemos que nos ha ayudado a construir algo más propio, sin tanta presión externa. Hemos podido crear una voz personal que nos diferencia de todos los demás; el proyecto sería muy distinto si estuviéramos en Madrid o Barcelona, donde vemos tantos grupos que se parecen. Al final, haces música porque lo necesitas, no porque haya una tendencia que seguir. La distancia te da perspectiva. Y también silencio, que a veces es más importante de lo que parece.
Vuestro universo combina guitarras afiladas, texturas sintéticas y una pulsión rock que a veces roza el grunge y otras el pop más emocional. ¿Qué paisajes sonoros os obsesionan ahora? ¿Cómo definís, en este momento, la esencia poética y musical de Naked Eva?
Nos interesa mucho el equilibrio entre tensión y emoción. Que una canción pueda sostenerse en la crudeza de las guitarras pero abrirse en lo melódico. A nivel musical, seguimos siendo un grupo de guitarras, pero cada vez nos interesa más el espacio que hay alrededor: las texturas, las atmósferas, lo que sostiene sin hacerse evidente. No se trata solo de sonar fuerte, sino de que lo que suene tenga sentido y deje algo dentro. Y en lo poético, vamos más hacia quitar que añadir. Decir lo justo, pero decirlo de verdad. Que cada frase tenga peso, aunque no explique todo. Que quien escuche pueda entrar ahí y terminar de construirlo. Más que definir un estilo, estamos buscando un lugar donde todo eso conviva sin estorbarse.
Después de varios singles potentes, estáis ultimando vuestro primer LP para 2026. ¿Qué representa este disco en vuestra narrativa artística? ¿Es un punto de llegada o el comienzo de un capítulo más ambicioso?
Es un paso importante. Venimos de sacar singles, de ir probando cosas; hasta ahora han sido piezas sueltas, impulsos, etapas. El disco es otra cosa. Es ordenar todo eso y asumirlo como un cuerpo, una fotografía bastante honesta de quiénes éramos en ese momento concreto. Naked Eva Vol. 1 es el primer bloque con sentido propio dentro de lo que hacemos, una forma de ordenar el caos inicial. Representa ese momento en el que dejamos de probar cosas para empezar a entender qué queremos decir y cómo decirlo. Ahí ya aparece el cambio al castellano, una manera más directa de escribir y una intención más clara en el sonido. No lo vemos como un punto de llegada, sino como un punto de partida consciente. Es donde empezamos a reconocernos de verdad como banda y donde se fija una base sobre la que construir todo lo que viene después. A partir de ahí, lo interesante será ver cómo se rompe otra vez.
Vuestros directos se describen como vibrantes y cuidados, casi como un ritual. ¿Qué buscáis transmitir cuando subís al escenario? ¿Es la catarsis emocional, la comunión con el público o la construcción de un pequeño universo temporal?
Hay un poco de todo eso, pero sin pensarlo tanto cuando estamos ahí arriba. No salimos a hacer un ritual en el sentido místico, pero sí a crear un espacio donde todo pase de verdad. Buscamos que haya una especie de tensión compartida. Que lo que empieza en el escenario se contagie abajo y vuelva otra vez. Cuando eso ocurre, aparece algo que se parece a la catarsis, pero más terrenal: sudor, ruido, gente cerca y canciones que dejan de ser solo nuestras. También hay algo de construir un pequeño universo, sí, pero muy inmediato. Dura lo que dura el concierto. No es perfecto ni tiene que serlo, pero si durante ese rato todo el mundo está dentro de lo mismo, entonces tiene sentido.
"Nos gustaría que las canciones aguantaran el tiempo, más que cualquier otra cosa. Que dentro de unos años alguien vuelva a ellas y sigan teniendo algo que decir, aunque sea distinto a lo que entendió al principio"
Con participaciones en Vibra Mahou y Mad Cool Talent, estáis abriéndoos camino desde León. ¿Cómo negociáis la tensión entre ser un proyecto profundamente arraigado en vuestra tierra y aspirar a resonar en el panorama nacional sin perder vuestra esencia?
No lo vivimos tanto como una tensión, sino como un punto de partida. Venimos de León y eso no es un límite, es la base desde la que hacemos todo. Estar aquí te da una forma de mirar distinta: menos ruido externo, más tiempo para construir y menos necesidad de encajar rápido en algo. Eso hace que lo que sale sea más propio, aunque tarde un poco más en llegar fuera y los contactos y lazos con la industria sean más lentos de construir. Cuando empezamos a tocar en otros sitios o a entrar en circuitos como Vibra Mahou o Mad Cool Talent, la idea no es adaptarnos, sino llevar lo que somos tal cual. Si funciona, es porque conecta; si no, tampoco tiene sentido forzarlo. Al final, lo importante es no perder eso: que, aunque el proyecto crezca y llegue a más gente, siga sonando a nosotros y al lugar de donde viene. Porque si eso se pierde, lo demás deja de tener valor.
Naked Eva combina vocación artística pura con ambición profesional. Mirando hacia delante, ¿qué huella queréis dejar con vuestra música? ¿Qué tipo de emociones, preguntas o refugios deseáis que el oyente encuentre en vuestras canciones dentro de unos años?
Nos gustaría que las canciones aguantaran el tiempo, más que cualquier otra cosa. Que dentro de unos años alguien vuelva a ellas y sigan teniendo algo que decir, aunque sea distinto a lo que entendió al principio. No pensamos tanto en dejar un mensaje concreto como en abrir espacios. Que quien escuche encuentre ahí un sitio donde reconocerse, aunque sea desde la duda, la rabia o la calma. No hace falta que todo se entienda, pero sí que se sienta. Si nuestras canciones sirven para acompañar a alguien en un momento concreto, para ordenar un poco el ruido o simplemente para no sentirse solo, ya es suficiente. Lo demás —la etiqueta, el recorrido— viene después.
Al final, la huella que nos interesa es esa: que lo que hacemos siga siendo útil para alguien, aunque nosotros ya no estemos delante.