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Música

Tradición y renovación en el rabel de Jaime del Blanco

El pasado 12 de agosto no solo nos ha proporcionado el inmenso placer de la contemplación del eclipse total de sol que llevábamos tantos años esperando en León; ha sido también la fecha de lanzamiento del nuevo disco de Jaime Del Blanco
Fragmento de la portada de 'Rabel' de Jaime del Blanco.

El pasado 12 de agosto no solo nos ha proporcionado el inmenso placer de la contemplación del eclipse total de sol que llevábamos tantos años esperando en León; ha sido también la fecha de lanzamiento del nuevo disco de Jaime Del Blanco, cuyo título no deja lugar a dudas en cuanto a contenido e intenciones: “RABEL”. Esta memorable fecha constituye el primero de los muchos guiños con los que el autor ha buscado la complicidad de su público. Quizá hasta ahora no era muy conocido en León, pero ahora mismo ya podemos considerarlo uno de los principales protagonistas de la música tradicional de nuestra tierra, tal como demostró en su reciente actuación (25 de julio) en la Fundación Sierra Pambley formando dúo con otro de los grandes de nuestra música: Rodrigo Martínez. También se ha prodigado por otros escenarios emblemáticos de León, como el Teatro Albéitar o el Palacio del Conde Luna, a menudo formando parte del proyecto de Rodrigo en diversos formatos.

Pero vayamos por partes para aproximarnos a la trayectoria de este gran artista. Jaime Del Blanco Páez nació en 1978 en Montornès del Vallès (Barcelona), pero sus raíces familiares se encuentran en la montaña leonesa, concretamente en Lois. Se inició en la música a los cinco años y cursó estudios superiores de violín y música de cámara en el Conservatorio del Liceu (Barcelona), formándose también en Perpignan en la improvisación y la música de jazz junto a destacados maestros. Posteriormente ha colaborado con diversas orquestas de Cataluña y participado en numerosos proyectos de música moderna y de jazz con los artistas más populares del momento, con los que ha compartido escenario y grabaciones.

En el terreno de la investigación y divulgación, ha dedicado muchos años a su tesis doctoral sobre los violinistas barceloneses, labor que continúa dentro de la Associació Joan Manén, de la que es cofundador. También se dedica a la docencia como profesor de violín en la Escola Superior d’Estudis Musicals (ESEM) y otros centros como la Escola de Música Pausa y la escuela municipal de Santa Perpetua de Mogoda.

Portada de 'Rabel' de Jaime del Blanco.

Jazz y poesía

Fruto de su experiencia en la composición e interpretación ha sido el álbum “Narcisismos y mi tío”, que publicó en 2019, una obra absolutamente original llena de poesía, humor, recuerdos de infancia, reflexiones personales, secretos de familia (sin que falten episodios escatológicos), paisajes de rocas, árboles y montañas, que narra o describe recitando con su voz tranquila y sincera. Estas temáticas son las que inspiran las interpretaciones musicales de su violín que van a continuación, plenas de expresividad y sentimiento. En 2020 se adentró intensamente en el jazz con la publicación de “Parker with Strings”, un tributo comprometido al gran saxofonista Charlie Parker en su centenario, acompañado de otros músicos. En 2025 publicó el poemario “Desconsuelos y hortensias”, una especie de viaje poético sobre su propia trayectoria vital, editado en papel, pero cuyos poemas suele acompañar con diversas músicas durante sus actuaciones en directo.

También, junto con su compañero Bernat Sánchez, forma parte del grupo de pop-rock “Punto bobo”, con el que publicó el disco “Viva la diversión”, donde se encarga del violín, teclados y coros. Como curiosidad, podemos añadir que es el autor del “Romance del Maiquel”, canción creada para celebrar el lanzamiento del aguardiente blanco de café que lleva el mismo nombre, y que también ha sido versionada por otros artistas, aludiendo al conocido cambio de color de la piel del gran cantante, considerado como rey del pop.

En todas las casas había rabeles

Con todo este bagaje artístico y musical, no es extraño que cualquier proyecto acometido por Jaime sea un éxito. Y hay que alegrarse de que haya elegido el tema del rabel, vinculándose una vez más a sus orígenes en la montaña oriental leonesa, donde este instrumento ha tenido un gran protagonismo en la vida tradicional hasta hace pocos años, a menudo ligado al mundo pastoril y a los hilorios o filandones. En algunos pueblos de la zona hay testimonios de que en todas las casas había rabeles, y se tocaban prácticamente todos los días, aunque llegó un tiempo en que la mayoría se desecharon y olvidaron.

En los últimos años estamos asistiendo a una recuperación de este instrumento y sus toques por parte de un puñado de amantes de la música tradicional, y a estos esfuerzos hay que añadir ahora el nuevo y fresco aporte que nos trae Jaime Del Blanco. El área rabelística a la que nos estamos refiriendo abarca, además de la montaña leonesa, zonas de Asturias, Palencia y Cantabria, que constituyen un territorio donde se comparte, con algunos matices diferenciales, la tipología (por cierto muy variable) de este instrumento, así como gran parte del repertorio y costumbres. Es en este ámbito cultural donde se integra Jaime, bebiendo de las fuentes más tradicionales y a la vez de los intérpretes actuales, de forma que en la carátula de presentación de su nuevo disco aparecen textos del bandurriero asturiano Dani García de la Cuesta o el rabelista cántabro Miguel Cadavieco, entre otros.

Jaime del Blanco durante un concierto reciente.

13 cortes para escuchar con calma

Merece la pena escuchar atentamente los 13 cortes sonoros de este disco, desde los que constituyen muestras inequívocas del repertorio rabelístico tradicional hasta los que contienen licencias o atrevimientos que suponen en cierto modo una renovación del género, pero siempre con una notable calidad interpretativa. Sorprende mucho el tema “Aviario”, basado en la canción “San Antonio y los pajaritos”, pero aquí Jaime renuncia a la narración del milagro, que todo el mundo conoce, para centrarse en la enumeración recitada de las aves típicas, enriqueciendo la lista con otras más exóticas como el ñandú, el colibrí o el papagayo. Un guiño a la globalidad, con el rabel de fondo. También supone una sorpresa la modificación del texto del “Romance de Elena” para actualizarlo a “Elena la recepcionista”, no menos trágico que el original, a propuesta de su colaborador Kiko Veneno. Otro de los que intervienen en este disco es Quique Cubero (de los Hermanos Cubero) en la emotiva y moralizante copla de ciego “El golfillo del tranvía”, que tanto gustaba a nuestras abuelas. Es evidente que el rabel se presta de maravilla para la interpretación de temas narrativos y truculentos, como se demuestra también en el “Romance de la infanticida”, que comparte melodía con el más conocido de “La niña Clara”.

En cuanto a los temas más ligados al exclusivo repertorio del rabel, podemos destacar el homenaje al campurriano Paco Sobaler, maestro de rabelistas, implícito en la pieza “Sobaler y los árboles”, para continuar con las típicas y picarescas rabeladas de “San Xuan y la Magdalena”, los “Titos de Lario” (No quiero que te vayas), “Las ovejuelas” o “La zorriña”. Esta canción destaca especialmente entre las otras por su curiosa estructura de retahíla chamberga, tal como la recogió José Manuel Fraile Gil en su obra “Romances de Salio” (2001). En todas estas tonadas el rabel destaca por su calidad, sin perder un ápice del estilo interpretativo tradicional. Mención aparte merece el romance “La lloba parda”, fruto de la colaboración con el músico gijonés Nacho Vegas, con el reto añadido de que la letra del romance aparece en lengua leonesa, algo que ya hizo en su momento (1989) el grupo leonés “Hierba del Campo” con este tema, presumiblemente utilizando fuentes muy similares o cercanas, por la gran coincidencia de ambas versiones, aunque ciertamente, la de Jaime Del Blanco es más completa.

Un viaje al Pirineo catalán

Es de destacar también la presencia de dos canciones tradicionales en catalán, con lo cual podemos pensar que, si bien el lenguaje puede suponer una barrera para nosotros, el sentimiento de las canciones tradicionales no sabe de barreras geográficas ni idiomáticas, siendo mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Es también una forma de rendir homenaje a la tierra natal de Jaime, donde vive y desarrolla su carrera. Gracias a esto, para nosotros resulta un placer descubrir que la canción “Casa Coix D’Alins”, cantada por Raquel Lúa, es una bella historia que narra el secuestro de una joven de dicho pueblo de los Pirineos, que resulta casi un clásico entre las masas corales catalanas. Por su parte, “Desconsol”, con la colaboración de Roger Conesa, es una pieza de corte intimista que describe un intenso sufrimiento, basada en el romance tradicional recopilado por el folklorista Joan Amades.

Por si fuera poco, faltaba el guiño final, “Fortuna patris”, donde se desnuda no ya el Jaime músico, sino el Jaime padre, pues aquí los colaboradores son sus propios hijos, Guida y Darío Del Blanco. Otro homenaje a la familia y al respeto por las otras músicas (nueva sorpresa, la aparición de “La potra salvaje” de Isabel Aaiún). Sin duda, es un padre afortunado, como también lo somos los que ahora podemos disfrutar de este excelente disco donde el rabel se valoriza y dignifica, enlazando la tradición con la renovación.


Jesús San José Hernández, ‘Sanjo’, es miembro del grupo ‘La Braña’. Destacado estudioso del folklore tradicional leonés, ha recopilado y publicado muchas canciones populares que estaban a punto de perderse.