'La última vez que te digo adiós', de Natza Farré
Se trata, en realidad, de la versión en castellano (realizada por Gemma Deza) de una obra publicada originalmente en catalán en febrero de 2026 y que, desde entonces, ha alcanzado ya cuatro ediciones. Algo que se explica bien a pesar de que, como la propia autora ha recalcado en varias ocasiones, no sea propiamente una novela sino más bien un texto autobiográfico que quizás nunca deseó escribir. En él, todo gira alrededor de una situación dramática: la drogodependencia de uno de sus hermanos cuyo recuerdo, escribe certeramente, “es de una tristeza implacable”.
La valentía con la que Natza Farré aborda la situación de su hermano es tan enorme como el modo en que desnuda sus emociones, dudas y miedos. Nada hay fácil en un libro que en sus apenas 170 páginas transita hábilmente por el dolor, la rabia, la incomprensión, el sufrimiento, la tristeza o la vergüenza.
Porque Natza Farré repasa no solamente unos durísimos años de su vida marcados por la adicción a la heroína de uno de sus hermanos a quien, por su diferencia de edad, siempre conoció enganchado. Retrata también, yo diría que sobre todo, un tipo de sociedad y de manera particular a las familias de la clase media de los años ochenta instaladas en un silencio generalizado ante lo que se consideraba una situación vergonzosa que, en absoluto, era única. Pero jamás era compartida.
“El silencio es atronador.
-No se lo digas a nadie.
No puedo decírselo a nadie. Hago como si nada. Pero estoy enfadada. Y me enfado con los demás. Porque son imbéciles. Bueno, en realidad no son imbéciles. O un poco sí que lo son. O mucho. Muchos. Pero no todos.”
A ti, ¿te falta algo?
En las familias de entonces no se hablaba más que lo justo e imprescindible de aquello de lo que no debía hablarse. Eran otros tiempos y otras familias que gestionaban las necesidades de todos sus miembros (Natza Farré es la pequeña de seis hermanos) sin que hubiera que dar muchas explicaciones. En concreto, hay una respuesta ante las quejas que, para cualquiera que haya formado parte de una familia semejante, es el telón de fondo de una realidad: “ ¿A ti te falta algo?”
“En mi casa, hablar de dinero era de mala educación, de mal gusto y de personas espiritualmente miserables. La herencia más distinguida que recibimos es tener cualquier objetivo en la vida menos enriquecernos monetariamente”.
Página tras página Natza Farré va dibujando con agudeza su condición de hija pequeña pero, sobre todo, de hermana iracunda (“quiero contar cómo me afectó ser la hermana de mi hermano”) en unas condiciones pésimas, sin renunciar a hablar de la rabia que se siente, de las situaciones cotidianas, de la respuesta de los distintos miembros de la familia, de la devastación que se instala, del modo en que todo pasa a pivotar sobre un único asunto.
Con un estilo conciso y elegante, el libro no renuncia a confesar la crueldad y la ausencia de empatía que se puede llegar a sentir contra el otro hasta que uno es capaz de entender que la drogadicción es, más allá de una elección, una enfermedad. No renuncia tampoco al humor, que aparece con gran naturalidad y sirve como medio para descargar tensiones insoportables y afrontar lo cotidiano.
Natza Farré se ha atrevido a despedirse sin nostalgia del hermano, a escribir sobre la temprana muerte del padre, a incorporar en su texto fragmentos de cartas familiares e incluso de su diario íntimo. Y por encima del valor catártico del texto y más allá de la necesidad que subyace de quitarse de encima “la tristeza implacable” del recuerdo del hermano, ‘La última vez que te digo adiós’ es, ante todo, un gran libro. Un libro que hacía falta. Y Natza Farré una excelente escritora.
La última vez que te digo adiós
Traducción de Gemma Deza Guil
Sexto Piso, 2026
170 páginas