"Once burros, veintidós cojones": el grito de guerra de la Cultural en el vestuario
La comunión del equipo de 'Cuco' Ziganda marcó la antesala de un partido histórico de Copa del Rey en el Reino de León, donde la Cultural cayó en la prórroga tras una noche de orgullo y pasión
Antes de que rodara el balón en el Reino de León, el partido ya había comenzado puertas adentro. Las cámaras de televisión captaron el interior del vestuario de la Cultural y Deportiva Leonesa en los minutos previos al duelo copero ante el Athletic Club de Bilbao, y lo que se vio fue la imagen de un grupo absolutamente unido, consciente del reto y comprometido hasta el extremo.
El grito brotó con fuerza, sin filtros y con el tono de las grandes noches: “Once burros, veintidós cojones”. Un lema que resumía el espíritu del equipo y que fue acompañado de un mensaje añadido que definió la actitud con la que el conjunto leonés saltó al césped: “A disfrutar en el campo”.
Ese grito, compartido por todos los futbolistas, fue la llamada a la batalla de un vestuario compacto, convencido y alineado con la idea de su entrenador, 'Cuco' Ziganda, que apostó por un once valiente y sin complejos para medirse a un rival de Primera División.
Comunión total con la grada
Con esa energía salió la Cultural al terreno de juego, empujada además por 11.000 espectadores que llenaron las gradas del Reino de León. La conexión entre equipo y afición fue inmediata, casi eléctrica, y tuvo su reflejo en el planteamiento del partido desde el primer minuto.
La Cultural presionó arriba, fue agresiva, intensa y ambiciosa, fiel al espíritu que se había gestado minutos antes en el vestuario. El Athletic de Ernesto Valverde se encontró de inicio con un rival sin miedo, dispuesto a discutirle el partido desde la personalidad y el corazón.
Un once sin complejos al estilo Ziganda
El técnico navarro armó un equipo reconocible, con nombres propios que simbolizaron esa unión colectiva.
Calero, autor de dos goles, Manu Justo, Maestre, Barzic, Sobrino, Diallo o Víctor García firmaron una actuación sobresaliente en una primera mitad que fue una auténtica locura futbolística y que solo pudo decidirse en la prórroga.
La eliminación no empañó la noche. Al contrario, reforzó la imagen de un vestuario convencido de su camino, que ahora vuelve a una Liga en la que la permanencia es el objetivo.