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Cero grados y sin techo por falta de plazas: la noche más dura de José Luis y Alonso en León

José Luis y Alonso, en la madrugada de este jueves, durmiendo al raso en León.
La falta de plazas en los albergues obliga a dos hombres a dormir a la intemperie junto al río Bernesga mientras los vecinos improvisan ayuda ante la ausencia de respuesta institucional

El termómetro rozaba los cero grados cuando José Luis y Alonso extendían unas mantas sobre el suelo, en las inmediaciones del Paseo de Salamanca, a poco más de cien metros del río Bernesga. No era su plan pasar la noche allí, pero tampoco tenían alternativa. Los albergues sociales de León estaban este miércoles completos y ninguna institución social les ofrecía una solución de urgencia.

“No queríamos dormir al raso, pero no nos queda otra. Nos dicen que no hay plazas y que no se puede dar techo a más gente, así que dormimos aquí”, relató José Luis, resignado, mientras trataba de protegerse del frío nocturno.

“No estaban preparados para ese frío”

La situación salió a la luz gracias a Sheila, una vecina de León que se cruzó con ellos al caer la noche. Al verles sin recursos suficientes para afrontar temperaturas tan bajas, decidió interesarse por su situación. “Me parecieron poco preparados para una noche como las de León, con este frío”, explica.

La respuesta que recibió la dejó perpleja. “Nos han dicho que no hay plazas”, le trasladaron ambos hombres tras intentar acceder a los recursos de acogida de la ciudad.

Llamadas sin respuesta

Sheila no se quedó ahí. Llamó primero a la Policía Nacional y, posteriormente, a la Policía Local, con la esperanza de que pudieran activar algún protocolo de emergencia. Sin embargo, la respuesta fue la misma en ambos casos.

“Me dijeron que ellos, más allá de trasladar la incidencia, no podían hacer nada por darles cobijo”, lamenta. Sin intervención social ni alternativas disponibles, José Luis y Alonso se quedaron en la calle.

La ayuda vecinal

Ante la falta de soluciones oficiales, fueron los propios vecinos quienes actuaron. “Les hemos llevado mantas para que pudieran pasar la noche y no se helaran”, cuenta Sheila. La ayuda incluyó también algo de comida caliente y algunas latas. “Es todo lo que hemos podido hacer”, añade con impotencia.

Alonso asiente y resume la situación con crudeza: “Lo hemos intentado, pero si no se puede, pues no nos queda más remedio”.

Una denuncia social

Para Sheila, lo ocurrido va más allá de un caso puntual. “Es imperdonable que pase esto en una sociedad desarrollada como la nuestra. No puede ser que se les condene a dormir al aire libre con este frío”, denuncia.

Mientras la noche avanzaba y el frío se hacía más intenso, José Luis y Alonso se acomodaban como podían, envueltos en mantas improvisadas y con la única protección que ofrecía la solidaridad ciudadana. Una escena que para Sheila refleja “la capacidad que tiene la sociedad para mirar a otro lado cuando se dan situaciones límite como la de estas personas”.