Un eclipse sin estrellas: las nubes impiden a León contemplar la nueva cita astronómica
La esperada cita astronómica de la madrugada de este viernes 28 de agosto ya es historia, pero en León dejó sobre todo una sensación de oportunidad perdida. El eclipse lunar parcial que debía ofrecer una de las imágenes astronómicas más llamativas del verano quedó oculto para los observadores leoneses por un cielo encapotado y cubierto de nubes, que impidió contemplar con claridad la evolución de la sombra terrestre sobre la Luna.
El calendario astronómico se cumplió según lo previsto. La fase parcial comenzó a las 04.34 horas, el máximo se produjo alrededor de las 06.12 y la Luna permaneció teóricamente visible desde León hasta las 07.49. Sin embargo, las condiciones meteorológicas hicieron que esas referencias horarias no se tradujeran en una oportunidad real de observación desde buena parte de la provincia.
La sombra llegó a cubrir casi todo el disco lunar
El fenómeno no alcanzó la categoría de eclipse total, pero sí presentó una magnitud extraordinariamente elevada. Según los datos del Instituto Geográfico Nacional, el eclipse tuvo una magnitud de 0,93, lo que significa que aproximadamente el 93% del diámetro de la Luna quedó dentro de la umbra terrestre.
Atendiendo a la superficie del disco lunar, la zona afectada llegó aproximadamente al 96%. En condiciones de cielo despejado, el resultado habría sido una Luna profundamente oscurecida y con posibilidades de mostrar tonalidades rojizas, cobrizas o anaranjadas.
Ese característico cambio de color se produce cuando parte de la luz solar atraviesa la atmósfera terrestre antes de alcanzar la superficie lunar. La atmósfera filtra determinadas longitudes de onda y desvía otras hacia el satélite, generando las tonalidades que popularmente se asocian a la llamada «Luna de sangre».
En León, sin embargo, las nubes se encargaron de ocultar precisamente la parte más esperada del espectáculo.
Más de cinco horas de fenómeno, pero sin espectáculo para León
El eclipse comenzó astronómicamente a las 03.23 horas con la entrada de la Luna en la penumbra terrestre. Esta primera etapa es mucho menos perceptible porque el oscurecimiento resulta tenue.
La fase realmente apreciable arrancó a las 04.34, cuando el satélite comenzó a penetrar en la umbra. Poco después de las seis de la mañana llegó el máximo, momento en el que la sombra de la Tierra alcanzó su mayor extensión sobre el disco lunar.
El proceso completo se prolongó durante unas cinco horas y 38 minutos, desde las 03.23 hasta aproximadamente las 09.01 en la Península y Baleares. No obstante, el eclipse dejó de ser observable desde España antes de que terminara debido a la posición de la Luna respecto al horizonte.
Para León, la ventana teórica de observación de la fase parcial se situaba entre las 04.34 y las 07.49.
La meteorología convirtió esa ventana en una oportunidad frustrada.
León tenía una de las mejores franjas de observación
La provincia se encontraba entre los territorios españoles que podían mantener la Luna sobre el horizonte durante una parte importante del eclipse.
La comparación con otras ciudades permite comprobarlo. En Barcelona y Palma de Mallorca, la Luna desaparecía aproximadamente a las 07.21. Valencia y Zaragoza tenían como límite las 07.33, mientras que Madrid podía mantener la observación hasta las 07.46.
Valladolid, al igual que León, disponía de tiempo hasta aproximadamente las 07.49.
En el oeste peninsular la situación era todavía más favorable. Sevilla, Málaga, Córdoba, Vigo, A Coruña y Badajoz podían seguir el fenómeno hasta cerca de las 07.52 si contaban con un horizonte despejado.
La diferencia, por tanto, no estuvo en la posición astronómica de León, sino en el cielo que acompañó al fenómeno.
Las nubes fueron el verdadero obstáculo
Los eclipses lunares no requieren equipos sofisticados. A diferencia de los solares, pueden observarse directamente sin gafas ni filtros especiales. Unos prismáticos pueden mejorar la experiencia, pero tampoco resultan imprescindibles.
En esta ocasión, el problema no estaba en la preparación de los aficionados, sino en la propia atmósfera. El cielo cubierto impidió que la Luna pudiera observarse con las condiciones necesarias para seguir el avance de la sombra.
La meteorología se convirtió así en el factor decisivo de una cita que había sido calculada con precisión astronómica durante meses. El eclipse estaba allí, pero las nubes impidieron que los leoneses pudieran disfrutar de la imagen.
El fenómeno sí pudo seguirse desde otros lugares
La imposibilidad de observarlo desde León no significó que el eclipse desapareciera de las pantallas. Diferentes plataformas internacionales ofrecieron retransmisiones en directo desde lugares con mejores condiciones de visibilidad.
Time and Date había programado una emisión desde las 04.00 horas, mientras que el Virtual Telescope Project tenía previsto ofrecer imágenes desde Italia desde aproximadamente las 03.30. También estaba anunciada una retransmisión del Observatorio Griffith de Los Ángeles.
Estas emisiones permitieron seguir el desplazamiento de la sombra terrestre incluso desde lugares en los que la meteorología o la posición de la Luna impedían una observación directa.
Canarias vivió el eclipse una hora antes
En las islas Canarias los horarios fueron una hora anteriores a los de la Península. La fase parcial comenzó allí a las 03.34, el máximo se produjo a las 05.12 y la fase visible terminó aproximadamente a las 06.52.
Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife tuvieron así su propia ventana de observación, también condicionada por la presencia de nubes.
En León, la cita ya ha terminado. El eclipse parcial que prometía convertir la madrugada del 28 de agosto en una noche especial quedó finalmente escondido tras un cielo gris y encapotado. La astronomía cumplió su parte del espectáculo; esta vez, fueron las nubes las que tuvieron la última palabra.