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La Virgen de la Alegría no falla a su cita con los leoneses el domingo de Pentecostés

Tras la tradicional procesión organizada por Angustias y Soledad, Roberto Canuria ha tomado posesión como nuevo abab de la penitencial más antigua de la ciudad

La Virgen de la Alegría protagonizó, un año más, su tradicional recorrido por las calles de León en una de las celebraciones religiosas más antiguas y singulares dentro del calendario festivo de la ciudad. La Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad fue la encargada de organizar la festividad, que congregó tanto a devotos como a visitantes en torno a la capilla de Santa Nonia, punto de inicio de la procesión acompañada por el sonido característico de la dulzaina y el tamboril.

Toma de posesión de Canuria

Al finalizar la procesión, se celebró la toma de posesión de Roberto Canuria Salazar como nuevo abad de la penitencial más antigua de León.

En una jornada calurosa y soleada, la imagen, una de las pocas tallas de Virgen de Gloria que se conservan en España, recorrió las vías del entorno de Santa Nonia y la iglesia del Mercado en un acto cargado de simbolismo, que se celebra anualmente coincidiendo con el Domingo de Pentecostés o Pascua Granada.

Orígenes medievales 

Esta festividad tiene sus raíces en viejas celebraciones de la primavera vinculadas a las tradiciones rurales, muy comunes durante la Edad Media y difundidas en varias zonas de España mediante la labor de diversas cofradías marianas. En la ciudad de León, esta tradición se mantuvo viva hasta el siglo XVI, aunque llegó a estar al borde de desaparecer.

En 1578, con la fundación de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad, se recuperó y perpetuó esta festividad. Desde entonces, la imagen ha sido objeto de una devoción especialmente arraigada, relacionando el calendario litúrgico con importantes aspectos históricos locales.

Interrupciones y resurgimiento

Esta celebración ha enfrentado diversas pausas a lo largo de su historia. Como curiosidad, la Guerra de la Independencia provocó una suspensión que se prolongó hasta 1818.

Posteriormente, las leyes desamortizadoras de 1872 ocasionaron una nueva interrupción de la festividad, que no pudo retomarse hasta 1940. En aquel año, la Cofradía logró recuperar sus propiedades y relanzar la organización de la ceremonia, contribuyendo así a la continuidad de esta tradición única dentro del patrimonio religioso y cultural de León.