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El camino de Renzo

El artista peruano Renzo David Roa Hernández, afincado en León desde hace 16 años, es el autor de las dos nuevas esculturas del peregrino instaladas en Camponaraya y Chozas de Abajo, un proyecto que resume una vida dedicada al arte y a la superación

Desde hace apenas unas semanas, dos esculturas del peregrino reciben a vecinos y caminantes en Camponaraya y Chozas de Abajo. Detrás de ellas está el trabajo de Renzo David Roa Hernández (Lima, Perú), un escultor afincado en León desde hace 16 años que encontró en España el lugar donde hacer realidad el sueño que perseguía desde niño: vivir de su arte.

Un talento que nació en casa

Su historia comenzó mucho antes de cruzar el Atlántico. En la casa familiar de Lima descubrió, casi sin darse cuenta, una habilidad poco común para dar forma a cualquier figura que imaginaba. Mientras otros niños jugaban, él modelaba animales y juguetes con plastilina. Sus padres y hermanos fueron los primeros en percibir que aquellas manos escondían algo especial. "No sé de dónde me viene esa facilidad porque en mi familia nadie se ha dedicado nunca al arte. Siempre fui autodidacta", reconoce.

Aquella destreza le llevó a formarse en el Museo de Arte de Lima y, años después, en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de Perú. Sin embargo, los encargos eran escasos y resultaba casi imposible vivir únicamente de la escultura.

Un avión hacia una nueva vida

La idea de emigrar llevaba tiempo rondándole la cabeza. Vivía muy cerca del aeropuerto de Lima y cada despegue alimentaba una certeza que terminaría cumpliéndose. "Siempre supe que algún día me subiría a uno de esos aviones. No era por falta de apego a mi tierra ni a mi familia; simplemente sabía que tenía que buscar un lugar donde pudiera desarrollar mi arte", expresa.

La oportunidad apareció de forma inesperada durante una exposición colectiva de pintura y escultura. Una doctora, directora de un centro para personas con discapacidad, se interesó por su trabajo y le habló de una oferta laboral en una empresa de Palencia. Así que, con 28 años hizo las maletas y puso rumbo a España. "Acepté aquel trabajo, pero siempre vine con la idea de seguir siendo escultor", explica.

El silencio, su gran aliado

La discapacidad auditiva acompaña a Renzo desde los seis años, cuando un golpe en la cabeza le provocó una pérdida de audición que empezó a hacerse evidente en el colegio. Lejos de convertirse en un obstáculo para desarrollar su profesión, asegura que ha aprendido a convivir con ella hasta convertirla en una aliada. "En la escultura casi lo considero una ventaja porque me ayuda a concentrarme mucho más en lo que estoy haciendo", reconoce.

Su primer empleo en España fue en una empresa cárnica de Palencia. Después llegó la oportunidad de trabajar junto al marmolista Justiniano Alonso, donde aprendió a dominar la piedra natural y el granito. Pero la crisis inmobiliaria volvió a cambiar su destino. Pasó por Valladolid realizando grabados artesanales sobre mármol para el cementerio de El Carmen hasta que un antiguo compañero le habló de una empresa leonesa especializada en reciclaje de neumáticos.

Antes de contratarle le pidieron la prueba de demostrar que aquel material también podía convertirse en arte. "Me dieron caucho para hacer un caballo y cuando vieron el resultado, apostaron por mí", admite. 

Aquella apuesta marcó el comienzo de una etapa que ya suma dieciséis años. En RMD León desarrolla modelos escultóricos que posteriormente se reproducen en caucho reciclado para parques infantiles y espacios públicos.

Un homenaje a Miguel Ángel

Las dos esculturas del peregrino nacieron precisamente dentro de esa empresa. El proyecto comenzó el pasado mes de diciembre y Renzo decidió aprovechar las vacaciones navideñas para avanzar en solitario en el taller. "Me gusta trabajar solo. El modelado me llevó 72 horas y luego comenzó todo el proceso del molde", cuenta. 

La figura está realizada siguiendo los cánones del arte figurativo clásico, una corriente que ha guiado toda su trayectoria y que bebe directamente de los artistas que más admira. "He aprendido mucho estudiando las obras de Miguel Ángel y Bernini. Tengo muchísimos libros sobre ellos y sigo descubriendo cosas cada vez que los releo". Una inspiración que ha quedado reflejada también en el propio rostro del peregrino. "Si alguien compara la cara del peregrino con un busto de Miguel Ángel verá que tienen prácticamente los mismos rasgos. Es mi pequeño homenaje al maestro", sentencia. 

La primera escultura quedó instalada en la plaza de los Portales de Camponaraya, junto al Camino de Santiago, mientras que la segunda preside la plaza del Ayuntamiento de Chozas de Abajo. Ver ambas piezas ya colocadas fue uno de los momentos más especiales de su carrera. "Sentí mucho orgullo. Me gustaría que este estilo de escultura, el arte clásico y figurativo, nunca se pierda con el tiempo", dice.

Un futuro abierto

Además de su trabajo en la empresa, Renzo continúa aceptando encargos particulares de retratos y trofeos personalizados, algunos realizados a partir de una simple fotografía. También ha impartido talleres de escultura para niños en León y estudia organizar nuevas actividades este verano en Ponferrada y Camponaraya.

Aunque reconoce que llevar tantos años en una misma empresa puede limitar algunos proyectos personales, mantiene intactas las ganas de seguir creciendo. "Nunca estoy cerrado a nuevas propuestas. Como artista siempre quieres seguir aprendiendo y afrontar nuevos retos". 

A sus 50 años, sigue trabajando con la misma ilusión que aquel niño que descubrió la plastilina en Lima. La diferencia es que ahora sus esculturas reciben cada día a cientos de peregrinos en la provincia de León. "Estoy muy agradecido a España y a toda la gente que me abrió las puertas cuando llegué. Sin ellos no habría podido seguir viviendo de la escultura".