León encara un verano de máximo riesgo tras el peor ciclo de incendios de su historia reciente y teme el efecto 'bomba' de la lluvia y el calor
La provincia de León afronta el inicio del verano bajo la amenaza de una nueva temporada crítica de incendios forestales. Especialistas en gestión ambiental, técnicos forestales y responsables de emergencias advierten de que las abundantes precipitaciones registradas durante la primavera, unidas a las previsiones de calor extremo para los próximos meses y a la elevada carga de combustible vegetal acumulado en montes y laderas, configuran un escenario especialmente peligroso.
El temor se produce apenas unos meses después de la devastadora campaña de 2025, considerada una de las peores registradas tanto en León como en el conjunto del país. Aquel verano dejó en la provincia cerca de 130.000 hectáreas arrasadas por las llamas, una cifra sin precedentes que representó casi cuatro quintas partes de toda la superficie quemada en Castilla y León.
Un territorio aún marcado por la catástrofe de 2025
Las consecuencias de aquellos incendios siguen muy presentes en amplias zonas de la montaña leonesa, El Bierzo, Cabrera, Omaña o Laciana. El impacto ambiental alcanzó espacios protegidos de enorme valor ecológico, desde áreas integradas en la Red Natura 2000 hasta enclaves del Parque Nacional de Picos de Europa.
Uno de los informes más exhaustivos elaborados tras la tragedia, impulsado por la asociación cultural y patrimonial Promonumenta, describió la magnitud de la destrucción sobre ecosistemas únicos y sobre numerosos bienes históricos y etnográficos repartidos por la provincia.
Entre los daños más graves figuró la destrucción de extensos abedulares de Omaña y Laciana, considerados refugio de algunas de las últimas poblaciones del urogallo cantábrico, especie en situación crítica. También resultaron afectadas áreas de alto valor paisajístico y cultural como Las Médulas, donde el fuego alcanzó gran parte del entorno protegido y destruyó numerosos castaños centenarios.
La vegetación acumulada dispara el riesgo
Los especialistas advierten ahora de que las lluvias persistentes de marzo, abril y mayo han favorecido un crecimiento excepcional de pastos, matorral y vegetación baja en buena parte del noroeste peninsular. Ese incremento de biomasa puede convertirse en combustible altamente inflamable cuando lleguen las olas de calor previstas para julio y agosto.
A ello se suma el abandono progresivo del medio rural y la dificultad para mantener limpias amplias superficies forestales y agrícolas. Técnicos consultados por distintas administraciones recuerdan que muchas áreas afectadas por incendios recientes aún conservan madera quemada, restos vegetales y masas forestales debilitadas, factores que pueden acelerar la propagación del fuego.
Campañas adelantadas ante un verano “muy complicado”
El aumento del riesgo ha llevado tanto al Gobierno central como a la Junta de Castilla y León a adelantar este año los dispositivos estivales de prevención y extinción. El Comité Estatal de Coordinación y Dirección del Plan Estatal de Protección Civil para Emergencias por Incendios Forestales acordó activar la campaña nacional desde el 1 de junio, adelantando por segundo año consecutivo el despliegue de medios.
El Ministerio del Interior justificó la medida por el incremento de incendios de comportamiento extremo registrado en los últimos años y por las previsiones meteorológicas que apuntan a un verano más cálido y seco de lo habitual.
El dispositivo estatal contará con las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF), medios aéreos del Ministerio para la Transición Ecológica, efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y operativos específicos de Guardia Civil, Policía Nacional y Dirección General de Tráfico para posibles evacuaciones o confinamientos.
La Junta también ha reforzado y adelantado parte de su operativo autonómico ante el temor de que puedan repetirse episodios similares a los del pasado verano.
Un balance nacional devastador
La preocupación institucional se apoya en las cifras de 2025. En toda España ardieron 354.793 hectáreas forestales, más del triple de la media de la última década, dentro de una campaña marcada por los denominados “megaincendios”.
El pasado año se contabilizaron 63 grandes incendios forestales y algunos superaron las 20.000 hectáreas calcinadas. Castilla y León figuró entre las comunidades más golpeadas junto a Galicia y Extremadura.
Las consecuencias humanas también fueron dramáticas. Ocho personas perdieron la vida en España durante la campaña y más de 42.000 tuvieron que ser evacuadas.
En León murieron cuatro personas relacionadas con distintos incendios. Entre ellas se encontraban Abel Ramos Falagán y Jaime Aparicio Vidales, fallecidos cuando trabajaban con maquinaria para abrir un cortafuegos; Ignacio Rumbao Domínguez, conductor de una autobomba que sufrió un accidente durante las labores de extinción; y Moisés Gallego, alcanzado por las llamas en su finca de Villarejo de Órbigo.
El miedo a otro verano extremo
La combinación de temperaturas cada vez más elevadas, sequías recurrentes y acumulación de combustible vegetal preocupa especialmente a científicos y responsables de emergencias, que consideran que el modelo tradicional de incendios ha cambiado radicalmente en la última década.
Los expertos alertan de que los fuegos actuales presentan una capacidad de expansión mucho más rápida y generan situaciones imprevisibles incluso para los equipos especializados. Por ello, insisten en la necesidad de reforzar las labores preventivas durante todo el año, aumentar la gestión forestal y mejorar el mantenimiento del territorio rural para reducir el riesgo de nuevos episodios catastróficos.
Mientras tanto, amplias zonas de León continúan recuperándose de las heridas del verano pasado, con montes todavía ennegrecidos y numerosos ecosistemas pendientes de restauración. El temor de fondo es que un nuevo episodio extremo vuelva a poner en peligro vidas humanas, patrimonio histórico y espacios naturales de valor irreemplazable.