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El 'peor de los chamizos': así era la galería mortal de la mina de Cerredo

La inspección de la Guardia Civil describe un frente de trabajo angosto, deteriorado y con riesgo de derrumbe donde cinco mineros perdieron la vida en marzo de 2025
Fotografía del interior de la mira realizada por la Guardia Civil.
Fotografía del interior de la mira realizada por la Guardia Civil.

Las imágenes y descripciones incorporadas a la investigación judicial sobre la explosión de la mina de Cerredo, en el concejo asturiano de Degaña, revelan un escenario subterráneo extremadamente precario. La inspección técnico-ocular realizada por especialistas del Laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil muestra una red de galerías deterioradas, estrechas y con estructuras debilitadas en el punto donde el 31 de marzo de 2025 murieron cinco trabajadores a causa de una explosión de grisú.

La expresión que resume el estado del lugar fue utilizada horas antes de su dimisión por la entonces consejera de Transición Ecológica del Principado de Asturias, Belarmina Díaz, quien describió el espacio como “el peor de los chamizos” al referirse a las condiciones en las que se realizaba la extracción de carbón.

En la investigación judicial, que examina la actividad desarrollada en la explotación, se han incorporado fotografías y análisis técnicos que detallan el interior de la mina. Según avanzó La Nueva España, las imágenes tomadas durante la inspección reflejan un entorno progresivamente más angosto, con sostenimientos deteriorados, zonas inundadas y espacios donde el riesgo de desprendimiento era evidente.

Un acceso que se estrecha bajo tierra

Los técnicos iniciaron el recorrido por la galería principal del tercer piso de la explotación, situada a unos 1.300 metros de altitud. Este túnel, de aproximadamente 675 metros de longitud, constituye el eje central del nivel.

En los primeros tramos las dimensiones eran relativamente amplias para una mina subterránea, con unos 2,5 metros de altura y cerca de 2,8 metros de anchura, sostenidos mediante cerchas metálicas. Sin embargo, conforme se avanzaba hacia el interior, el espacio útil se reducía.

El informe describe zonas donde la bóveda descendía hasta 2,2 metros o menos debido a deformaciones del terreno, derrumbes parciales y acumulaciones de sedimentos. La galería atravesaba además diferentes formaciones geológicas, alternando tramos de roca maciza con sectores fragmentados sostenidos por madera deteriorada y mallas metálicas.

Agua, raíles y obstáculos en el camino

El suelo de la galería estaba ocupado por raíles para vagonetas y una cuneta lateral destinada al drenaje del agua. En determinados puntos, el nivel de agua acumulada llegaba a cubrir las vías, lo que obligaba a instalar bombas de achique.

La combinación de agua, sedimentos sueltos y deformaciones del terreno reducía el espacio disponible para circular y complicaba el tránsito por el interior. En ese mismo recorrido se localizaron herramientas, restos de material de trabajo y objetos personales de los mineros.

Ramales abandonados y estructuras deterioradas

Desde la galería principal partían numerosos ramales laterales. Muchos estaban cerrados o abandonados mediante maderas, maquinaria o depósitos metálicos. Otros presentaban derrumbes, bloques desprendidos y restos de estructuras colapsadas.

El informe documenta también cerchas fracturadas y maderas astilladas, así como tramos donde el sostenimiento había desaparecido por completo, dejando la roca expuesta. El deterioro era más evidente en el tramo final del túnel, próximo al punto donde se encontraba el acceso a la galería secundaria del accidente.

La galería del siniestro: un pasadizo al borde del colapso

El espacio donde se produjo la explosión se encontraba en una galería secundaria de unos 77 metros practicables antes de volverse prácticamente intransitable.

Sus dimensiones iniciales rondaban 2,6 metros de anchura y 2,2 de altura, pero disminuían con rapidez debido a deformaciones del terreno y acumulaciones de sedimentos. El documento destaca que muchas cerchas estaban rotas o desplazadas, con paredes parcialmente derrumbadas.

A medida que se avanzaba, el tránsito se volvía cada vez más complicado hasta llegar a un punto donde el informe considera imposible continuar sin riesgo de nuevos desprendimientos.

El frente de explotación: huecos de medio metro

Muy cerca del inicio de esa galería secundaria se encontraba el frente de trabajo donde se realizaba la extracción del carbón. Allí los especialistas identificaron pequeñas cavidades abiertas en la rampa de la capa, desde las que se arrancaba el mineral.

Estas bocas presentaban dimensiones extremadamente reducidas: anchuras cercanas a medio metro y alturas incluso menores. Estaban sostenidas con postes de madera y tablones, además de chapas metálicas que ayudaban a canalizar el carbón hacia las vagonetas situadas debajo.

Los picadores debían introducirse en estos espacios estrechos para desprender el mineral y dejarlo caer por gravedad hacia los vagones alineados en la galería inferior.

Vagones cargados bajo la rampa

La inspección localizó varias vagonetas llenas de carbón colocadas justo bajo las bocas de extracción. También se identificaron una locomotora minera, maquinaria como una pala hidráulica y diferentes útiles de trabajo.

La presencia simultánea de vagones, madera de sostenimiento y sedimentos acumulados reducía aún más el espacio disponible, generando un entorno de trabajo congestionado en el que el movimiento lateral y vertical quedaba muy limitado.

Herramientas, equipos y objetos prohibidos

Durante el recorrido los especialistas encontraron numerosos objetos asociados a la actividad minera: cascos, guantes, herramientas de arranque e incluso una motosierra neumática. También se localizaron restos de una lámpara frontal rota y una mochila perteneciente a uno de los trabajadores.

Entre los hallazgos llamó la atención la presencia de varios mecheros, un elemento expresamente prohibido en el interior de las explotaciones mineras por el riesgo de ignición en atmósferas con gas.

El conjunto de imágenes y descripciones recogidas en el informe dibuja así un escenario de trabajo extremadamente precario: una galería estrecha, con sostenimientos deteriorados y con señales de actividad extractiva en un espacio que, según la investigación, estaba lejos de las condiciones de seguridad exigibles en una explotación minera moderna.