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La princesa Ana María Quiñones participa en la procesión de La Dolorosa en León

La aristócrata leonesa y esposa del príncipe heredero de Libia participa como Manola en la tradicional celebración religiosa
Libia
La aristócrata leonesa y esposa del príncipe heredero de Libia saluda a los presentes en la iglesia del Mercado.

Ana María Quiñones, princesa de Libia y esposa del príncipe heredero Idris Al-Senussi, asistió este viernes a la procesión de La Dolorosa en El Mercado, participando en la tradición local con el papel de Manola. 

Su presencia despertó la atención de los feligreses y del propio párroco, Santos Fláker, quien quiso mostrar su agradecimiento por la asistencia de la aristócrata durante los actos religiosos.

Trayectoria y familia

La princesa Ana María, originaria de León, conoció al príncipe Idris Al-Senussi en Roma hace más de cuatro décadas. Tras un año de noviazgo, contrajeron matrimonio y tuvieron un hijo, Khaled. La familia vive actualmente en Madrid con la esperanza de algún día restaurar la monarquía en Libia, país del que fueron expulsados por el régimen de Muamar Gadafi hace más de 50 años.

Un lazo con Libia

A pesar de residir en España, Ana María mantiene una estrecha vinculación con la tradición y la cultura libia. Su participación en eventos locales, como la procesión de La Dolorosa, refleja tanto su integración en la comunidad madrileña como su compromiso con las raíces y ceremonias religiosas que evocan su historia familiar.

Reconocimiento por parte de la parroquia

El párroco Santos Fláker, momentos antes del inicio de la procesión, destacó la devoción de la princesa y su implicación en la celebración, un gesto que subraya la importancia de su presencia en un acto tan especial para la Semana Santa de León.

Una vida entre dos mundos

Ana María Quiñones equilibra su vida entre Madrid y su vínculo con Libia, donde podría llegar a convertirse en reina si la monarquía se reinstaurara. La procesión de La Dolorosa se convierte así en una de las muchas ocasiones en las que la princesa combina su papel ceremonial con su compromiso cultural y religioso.