"En 2007 gané mi primer campeonato nacional de Arada y desde entonces no me han quitado el título"
Allá por los años 70, en una España que empezaba a barruntar un futuro libre de franquismo, una pequeña revolución comenzó a llegar al campo. Como en otros puntos de la península, en la provincia de León muchas fincas comenzaron a ver los primeros tractores a motor. Máquinas que generaban gran expectación en el campo pero que no eran sencillas de manejar. Para dotar de nuevas habilidades a agricultores y ganaderos, el Gobierno de la época puso en marcha un curioso proyecto: el campeonato nacional de arado.
“El campo estaba pasando de trabajar con animales a hacerlo con maquinaría, pero también fue un momento en el que todo el mundo se iba a las ciudades y en los pueblos quedaba menos gente. El Ministerio de Agricultura pensó que el campeonato podía servir de aliciente para que quien se quedara en el campo fuera más profesional y se preocupara de aprender a usar bien las máquinas”.
Los inicios
La idea, importada de otros países europeos que habían comenzado con la competición un par de décadas antes, caló hondo en el campo leonés. Tanto que, durante años, el primer peldaño del podio estuvo copado por un mansillés. “En 1977 mi padre ganó el primer nacional y desde entonces hasta el 83 ganó varias veces más, por lo que acudió a cinco mundiales representando a España (no todos los años se realizó la prueba), hasta que ya por normativa no podía ir a más”. Lo recuerda con orgullo David Rodríguez Sánchez, continuador de una de las sagas más importantes del arado español desde su Mansilla de las Mulas natal.
“Con 6 o 7 años ya acompañaba a mi padre a los campeonatos. Entre él y mi abuelo me enseñaron y en el 98, con 16 años, fui a mi primer nacional”, explica David quien, tras varias participaciones en las que fue ganando destreza, emuló a su progenitor y se proclamó campeón de España de arado por primera vez en 2007. “Desde entonces no me han quitado el título”, señala.
Campeón indiscutible
Y es que en el palmarés de este mansillés se cuentan hasta nueve entorchados nacionales, siendo el ganador indiscutible en la categoría de arado fijo los años en los que se ha celebrado el torneo. El último título, hace escasamente un mes.
El mayor premio que reporta ser el mejor arador del país es acudir al Mundial de Arado. Un evento de gran tradición, con especial predicamento en el viejo continente, al que, como corresponde, David ha acudido en varias ocasiones haciendo ondear la bandera de León junto a la de España en su tractor. En breve acudirá a la cita que se desarrollará en Croacia. “Me he recorrido Europa entera; a los campeonatos que era fuera ya no íbamos porque eran costes muy altos”, lamenta.
De su dilatada presencia en los Mundiales donde compiten los mejores aradores de más de una treintena de países, David recuerda “años muy buenos y otros malos”. “Normalmente estamos en la mitad para arriba”, explica: “Un año quedé noveno, que ya es increíble. Hay países donde esto es una religión, como el fútbol, como en Inglaterra, Irlanda o Austria”.
Recuperar la tradición
David, que fue uno de los impulsores de la recuperación de la Asociación Nacional de Competidores de Arada (Ancoa), explica que las competiciones “vas con tu propio tractor y con el arado”, lo que dispara los costes y hace complicado financiar los desplazamientos. “Hasta la pandemia nos lo pagaban entre el Ministerio y las marcas, pero desde entonces no pagan nada”. “El año pasado fui al Mundial pero nos lo costeamos nosotros. Dos tractores metidos en camiones ida y vuelta a Praga, fue una pasta, pero merece la pena”.
Más apoyos
“Si algún alma caritativa está dispuesta a echar una mano, ya sea administración, empresa o particular, yo prometo que rotulo el tractor y hago toda la promoción que haga falta”, asegura David haciendo un llamamiento a que no se pierda una de las tradiciones más singulares del campo.
Igualmente, aprovecha la conversación para lanzar el guante a quien quiera acercase a conocer mejor esta curiosa competición y engancharse a un “mundo un poco paralelo” que a nivel global atrae “no solo a agricultores o ganaderos”. “A todo el que quiero yo le enseño y le ayudo en todo, no tiene más que venir por aquí o ponerse en contacto conmigo”.