"Hay que saltar a un negocio propio; no por ganar más, sino por vivir de lo que haces"
Desde hace siete años, en el 50 de Batalla de Clavijo, Carlos de la Fuente gestiona uno de los establecimientos más reconocidos del populoso barrio leonés de El Ejido. UN lugar donde las mejores carnes se mezclan con productos de la zona y se aderezan con buena conversación. Un lugar cuidado y elegante por fuera (y por dentro) que conserva el aroma de los negocios de proximidad, de los de siempre, con afán de servicio al vecindario y a todos aquellos que traspasen el umbral. Un modelo de negocio que Carlos ve complicado que pueda mantenerse en el futuro ante las múltiples trabas administrativas y las constantes subidas de precios, que restan competitividad a los comercios de barrio frente a las grades superficies, a lo que se suma la fata de relevo generacional.
En este sentido, Carlos es un ejemplo de emprendedor y esa pasión por tener un negocio propio y verlo crecer corre por sus venas desde pequeño. Nació en La Bañeza, en el seno de una familia que ya tenía vínculos con el mundo de la carne y las ganaderías. Pero cuando se puso fin a aquella marca familiar, Carlos hizo las maletas y se mudó a la capital. En León, recuerda, acababa de abrir sus puertas El Corte Inglés y el joven Carlos encontró trabajo en su flamante carnicería. "Era otro mundo. El nivel de carnes que había, la profesionalidad, la colocación, las vitrinas... digamos que era la NBA. Yo estaba empezando y de repente estaba rodeado de producto de irlanda, gallego, nacional... a mí me sirvió para aprender mucho y a mucho nivel".
De La Bañeza al Corte Inglés
El bañezano aprovechó al máximo su experiencia en para dar el salto y establecerse por su cuenta a pie de calle. En aquel entonces, dice, "la calle te abría muchas puertas si tenías experiencia". "Cuando has trabajado para otra gente hay que dar el paso para trabajar para ti; pasa como con los cocineros, que lo lógico, si son buenos, es que un día quieran dar el salto y montar su propio restaurante. O un camarero que acaba montando su bar. Siempre hay que intentarlo, no por ganar más, sino por vivir de lo haces", explica.
El carnicero recuerda que sus inicios no fueron fáciles, y que la incertidumbre era una constante. "Miré bastantes locales y me decidí por este", afirma desde el corazón de El Ejido. "Todo el mundo me decía que no y me ponían muchas pegas, pero yo creo que en cualquier barrio de León, si lo haces medianamente bien y tienes un pelín de suerte y constancia, puede funcionar". Pero, "no es tan fácil dar el salto". "Yo hago un balance positivo porque me da para pagar todo y vivir, pero no se gana dinero. No al menos como se ganaba antes o como ganaba el anterior dueño de este local hace 30 años. Hoy hay mucha venta online y muchas cosas. Es muy arriesgado montar un negocio. Esto funciona porque te sacrificas personalmente, si no, no compensa", asegura.
Carlos es crítico con lo que ve a su alrededor. Con las trabas burocráticas de la administración, la falta de apoyo económico de los bancos, el decreciente compromiso vecinal con los comercios de cercanía y también poco el poco espíritu emprendedor de las nuevas generaciones, aunque reconoce que, en lo personal, está "más que satisfecho" con el resultado de su esfuerzo y que la carnicería es un mundo que le "apasiona" y le "realiza".
Las trabas del pequeño comercio
"Hay muchísima normativa que sale cada día, de protección alimentaria, del plástico, de protección de datos... a mí no me importa adaptarme pero es que adaptarte a cada ley son muchos cientos de euros. Las normas son para todos igual pero el día a día de un negocio pequeño como este y el de una gran superficie no, y a los pequeños nos machacan y así es imposible", explica. "Podían hacerlo todo un poco más asequible porque al final para lo que estamos viendo, muchos locales vacíos. Abrir un negocio es arriesgado y por eso hay que dar todas las facilidades posibles y no complicarlo como están haciendo. Yo pude empezar porque me dieron un crédito para poder dar un cambio al local sin eso, imposible", añade.
En cuanto al futuro del pequeño comercio, ese tejido silencioso pero imprescindible para los barrios sigan teniendo vida, Calor señala que "oficios como este, como el que hago yo u otros como las pescaderías, esos oficios que han existido toda la vida, creo que tienden a desaparecer y va a desaparecer". "No veo yo a ningún chaval joven decidido a terminar con un local y trabajándolo. Esto se va a hacer centralizar todo en grandes superficies, donde vas y te coges tu producto en una bandejina y a correr", afirma.
Más limpieza e iluminación para el barrio
Carlos también reclama más implicación del Ayuntamiento para hacer los barrios más atractivos. En su caso, en El Ejido, asegura que falta "limpieza en las calle e iluminación", también "seguridad", especialmente por las noches y en los parques "donde ves que muchas veces hay niños y gente trapicheando a su lado". Y, por supuesto, el tema de los baches y el mal estado de las carreteras, que afecta a toda la ciudad especialmente tras las seguidillas de borrascas de hace unas semanas. "No puedo entender que esté toda la ciudad como está, es inaceptable", asevera.
Pero también pide a los vecinos que apuesten por los comercios de la zona, "por todos", especifica. "Obviamente la gente es libre de gastarse el dinero donde quiera, pero si vives en un barrio hay que intentar dejar dinero en el barrio, donde sea y que se pueda. Yo cuando me corto el pelo siempre voy a alguna de las peluquerías que hay por aquí, compro al del kiosko, voy al bar de al lado... son pequeñas cosas, pero ayudan mucho y permiten además que el barrio esté vivo", explica para pedir también a los comerciantes y hosteleros que cuiden sus negocios para que sean atractivos y profesionales. "Es la clave, los clientes no van a venir solos, necesitamos ir subiendo también el nivel de lo que ofrecemos porque si no es normal que la gente se vaya a otro sitio a comprar. Es un círculo en el que tenemos que implicarnos todos".