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Las grafitis de la Edad Media

Una investigadora de la Universidad de León rastrea grafitis, símbolos e inscripciones medievales que todavía sobreviven en iglesias y otros espacios de Castilla y León
Arcos del monasterio de San Miguel de Escalada donde aparecen varias inscripciones.

Mucho antes de Banksy

Mucho antes de que los muros urbanos se convirtieran en soporte de tags y obras asociadas a artistas como Banksy, Basquiat o Keith Haring, las paredes ya servían para dejar mensajes y señales. La Edad Media también dejó su particular repertorio de grafitis, una huella cotidiana que ahora estudia Vanessa Jimeno, profesora del área de Historia del Arte de la Universidad de León.

Castillos, monasterios, iglesias, cuevas y necrópolis de la provincia leonesa y de otros puntos de Castilla y León conservan inscripciones, dibujos y símbolos realizados directamente sobre elementos arquitectónicos. Para la investigadora, estos testimonios permiten acercarse a una dimensión menos conocida de las sociedades medievales.

"El grafiti no es un fenómeno contemporáneo ni estaba necesariamente asociado a una práctica vandálica", explica Jimeno. En su análisis, estas marcas podían servir para "dejar una marca, transmitir un mensaje o incluso buscar protección".

Los dibujos de Peñalba

Vanessa Jimeno.

Uno de los conjuntos más llamativos se encuentra en la iglesia de Santiago de Peñalba, en Peñalba de Santiago. En las paredes del coro permanecen numerosos grafitis incisos que incluyen representaciones de animales, escenas y figuras humanas.

Entre las imágenes identificadas aparecen dos leones con las cabezas giradas hacia el lomo y la lengua fuera, además de una escena de caza y varias figuras humanas. Algunas presentan una indumentaria que recuerda a la utilizada en las representaciones de obispos de las miniaturas medievales.

La ubicación de las marcas aporta también información sobre sus posibles autores. El acceso restringido al coro permite plantear que algunas de estas representaciones pudieron ser realizadas por los propios monjes del lugar.

"En Peñalba de Santiago, por ejemplo, la presencia de estas representaciones en las paredes del coro hace pensar que pudieron ser los propios monjes quienes las realizaron", señala la historiadora.

Grafitis en los muros de la iglesia de Peñalba de Santiago.

Dos nombres grabados en Escalada

Otro testimonio se encuentra en el monasterio de San Miguel de Escalada. En uno de los arcos del interior aparecen grabados los nombres de Monioni y Fructuoso, dos inscripciones que plantean nuevas preguntas sobre quiénes las realizaron y en qué momento.

La posición de los nombres, situada en una zona de difícil acceso, resulta especialmente relevante para la investigación. Una de las posibilidades es que los grabados fueran realizados mientras se levantaba el edificio, antes de colocar las piedras, o durante el periodo de construcción, cuando los andamios facilitaban alcanzar esos puntos.

Son marcas aparentemente sencillas, pero su presencia permite reconstruir pequeños episodios de la historia de un edificio y de las personas que participaron en su construcción o utilizaron posteriormente sus espacios.

Símbolos para proteger y señalar

El fenómeno no se limita a la provincia de León. En la iglesia burgalesa de San Pedro de Tejada se conservan dos nudos de Salomón grabados en las dovelas de una puerta cuyo acceso estaba reservado a los monjes.

Estos motivos pertenecen a los denominados elementos apotropaicos, es decir, símbolos a los que se atribuía una función protectora. En este caso, su localización permite relacionarlos con quienes atravesaban aquel acceso.

Otros grafitis parecen responder a una finalidad diferente: marcar o reforzar el carácter sagrado de determinados lugares.

Las cruces de Segovia y Burgos

En la iglesia de San Miguel de Bernuy, en Segovia, la torre conserva numerosas marcas cruciformes de diferentes tipos. La diversidad de los trazos apunta a que pudieron ejecutarse en distintos momentos.

Una de las hipótesis que maneja Vanessa Jimeno es que estas cruces estuvieran relacionadas con la delimitación o señalización del espacio sagrado, especialmente por la presencia de una necrópolis en las inmediaciones.

Una posibilidad similar se plantea en Santa María de Quintanilla de las Viñas, en Burgos, también rodeada por un entorno funerario y con marcas cruciformes que presentan semejanzas con las de San Miguel de Bernuy.

Pequeñas marcas para contar una historia

El estudio de estos grafitis amplía la mirada sobre la sociedad medieval. Frente a los grandes monumentos, documentos y personajes que habitualmente protagonizan el relato histórico, estas marcas permiten recuperar acciones mucho más cotidianas.

"Cada uno de estos grafitis es una pequeña ventana a una sociedad que normalmente conocemos a través de grandes obras, documentos o personajes, pero que también dejó su rastro en lugares aparentemente secundarios", apunta la investigadora de la Universidad de León.

Leones, escenas de caza, nombres propios, cruces o símbolos protectores forman así un archivo disperso sobre piedra. Son testimonios que, siglos antes de la expansión del aerosol y del grafiti urbano contemporáneo, ya mostraban la voluntad de algunas personas de dejar una señal de su paso, transmitir un mensaje o intervenir sobre el espacio que habitaban.