La moneda de un rey africano que acabó en el Museo de León

El denario de Juba I, acuñado en el siglo I antes de Cristo para pagar a las tropas de Pompeyo, terminó circulando por el norte de Hispania tras la caída del reino númida
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Imagen del denario de Juba I, rey de Numidia.

Una moneda puede contar la historia de un territorio, de un rey y hasta de una guerra que tuvo lugar a miles de kilómetros de León. Es el caso del denario que el Museo de León conserva entre sus fondos y que fue acuñado por Juba I, rey de Numidia, en el norte de África durante el convulso siglo I antes de Cristo.

La pieza procede del fondo de la Comisión de Monumentos de León y su presencia en el museo abre una pregunta tan sencilla como sorprendente: ¿cómo llegó hasta León una moneda acuñada por un monarca africano para financiar una guerra contra Julio César?

La respuesta obliga a retroceder más de dos mil años, hasta los últimos años de la República romana, cuando el norte de África se convirtió en uno de los escenarios de la guerra civil entre César y Pompeyo.

El rostro de un rey frente a Roma

En una de las caras de la moneda aparece el busto de Juba I acompañado de la inscripción latina ‘REX IVBA’, que proclama su condición de rey. La elección de esta fórmula no fue casual. Sus antecesores habían utilizado principalmente abreviaturas y escritura púnica, mientras que Juba apostó por una inscripción en latín para hacer visible su autoridad también ante las poblaciones vinculadas a Roma.

El retrato también resulta excepcional. Frente a las representaciones más idealizadas de los monarcas anteriores, el rostro de Juba I está realizado con un realismo influido por el retrato romano-republicano.

La elección tenía una importante carga política. Roma todavía no acostumbraba a representar en sus monedas a gobernantes vivos, una práctica que se consideraba propia de los regímenes tiránicos. Juba I, sin embargo, colocó su propio rostro en la moneda y se presentó como soberano de un reino independiente, mirando de igual a igual a la potencia romana.

Un edificio de ocho columnas

La otra cara de la pieza cambia el escenario. El protagonista deja de ser el rey y pasa a ser el territorio que gobernaba.

En el reverso aparece la fachada de una construcción con ocho columnas levantada sobre cuatro escalones. Su identificación no está clara y podría tratarse de un palacio, un monumento conmemorativo o, probablemente, un santuario de especial importancia para la población númida.

A ambos lados aparece una inscripción en escritura neo-púnica, ‘YWB'Y HMMLKT’, que puede traducirse como «Juba, rey».

La moneda utiliza así sus dos caras para construir un mensaje de poder. El anverso presenta al monarca y reivindica su soberanía ante el exterior, mientras que el reverso conecta esa autoridad con el territorio y con las tradiciones locales.

Una moneda para pagar una guerra

La pieza nació además en un momento especialmente convulso. Entre los años 49 y 45 antes de Cristo, Julio César y Pompeyo el Grande se enfrentaron en una guerra civil por el control de Roma. El conflicto terminó trasladándose también al norte de África.

Juba I decidió apoyar a Pompeyo y este denario fue acuñado para pagar a las tropas que resistían el avance de César. Para facilitar que el dinero fuera aceptado, el monarca adoptó el peso del denario romano.

La moneda, por tanto, no fue concebida únicamente como una herramienta económica. También funcionó como un instrumento de propaganda. El rey mostraba su autoridad, reivindicaba la soberanía de Numidia y, al mismo tiempo, utilizaba elementos reconocibles para quienes estaban acostumbrados al sistema monetario romano.

La derrota que cambió su destino

La apuesta de Juba I por Pompeyo terminó en derrota. La batalla de Thapsus, en el año 46 antes de Cristo, supuso el final del reino númida y permitió a César incorporar buena parte de sus territorios a la nueva provincia romana de Africa Nova.

Juba I murió poco después y su hijo fue llevado a Roma. Aquel niño, Juba II, acabaría convirtiéndose años después en rey de Mauritania y protagonizaría su propia historia dentro del mundo romano.

Pero la historia de las monedas de su padre no terminó con la desaparición del reino.

Del norte de África hasta León

Tras la caída de Juba I, estas piezas fueron absorbidas por los circuitos monetarios provinciales romanos. El uso del peso del denario facilitó su incorporación a ese sistema y permitió que monedas acuñadas originalmente para financiar una guerra en el norte de África terminaran circulando por otros territorios del Imperio.

Entre ellos se encontraba el norte de Hispania.

Es así como una pequeña pieza de plata acuñada por un rey africano acabó formando parte, muchos siglos después, de los fondos conservados en León. Hoy, expuesta en el Museo de León, permite reconstruir un viaje que comenzó en Numidia y atravesó guerras, conquistas y fronteras hasta terminar en una vitrina leonesa.

Una moneda que nació para pagar a unos soldados y que, más de dos mil años después, se ha convertido en un testimonio de la historia de un reino desaparecido y de la enorme dimensión del mundo romano.