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Mierda de mucha altura

Habría que saber, al leer la noticia de la prohibición de la publicidad de la comida basura en Inglaterra por los problemas de obesidad...

Habría que saber, al leer la noticia de la prohibición de la publicidad de la comida basura en Inglaterra por los problemas de obesidad que origina en la población infantil, el periodo de tiempo durante el cual en ese país, así como en el resto de los países de la órbita occidental y hasta global, buena parte de las personas que los habitan se han estado alimentando de comida basura. 

Son, en realidad, muchos los años y mucha la publicidad y muchos los alimentos que se pueden considerar comida basura, así como los establecimientos que la expenden. Y también se saben, desde hace bastantes años, los problemas de obesidad que originan en los consumidores habituales.

Esto último, con relación a los niños y niñas, le cuesta a la sanidad británica nada menos que 11.000 millones de libras anuales y gracias a la prohibición de la propaganda en radio y televisión -entre las 5,30 de la mañana y las nueve de la noche- se calcula que se eliminarán de la alimentación infantil 7.000 millones de calorías, evitando con ello 20.000 casos de obesidad entre menores. 

¿Puede más el negocio multinacional que produce y comercia esa alimentación que la salud de los niños y niñas del planeta?

Cabe preguntarse,  si la ley estaba planteada hace tres años, por qué se ha tardado tanto en ponerla en práctica, y yendo más allá por qué causando la comida basura tales perjuicios entre quienes se supone que han de criarse con la más sana y mejor alimentación posible, esta prohibición no se ha aplicado mucho antes y sigue sin hacerse en muchos otros países. ¿Puede más el negocio multinacional que produce y comercia esa alimentación que la salud de los niños y niñas del planeta? Por supuesto, por eso y por otras cosas similares que repercuten en la salud de la tierra, el aire y los mares que habitamos, se está convirtiendo este hermoso planeta nuestro en un basural que afecta a sus tierras, ríos y mares, del que no se libra ni el mismísimo Everest. 

Mal lo tenemos si hasta la montaña más alta de la tierra está llegando una alarmante cantidad de mierda en forma de desechos, arrojados por quienes buscan encumbrarse en sus riscos. Si la mierda en las expediciones de los mierdas que la dejan ha llegado a subir hasta casi nueve mil metros de altitud, será porque nos gobierna gente incapaz de acabar con la mierda, digo yo, hasta correr el riesgo de que tanta mierda nos haga mierda.

Mal lo tenemos si hasta la montaña más alta de la tierra está llegando una alarmante cantidad de mierda en forma de desechos, arrojados por quienes buscan encumbrarse en sus riscos.