Que siempre nos quede la palabra
Habiendo sido y siendo la de Paco Ibáñez una de las carreras más dilatadas como cantautor y compositor, nada menos que setenta años, es muy posible que ni el propio Ibáñez imaginara, cuando se subió de muy joven por primera vez a un escenario, que cumplidos los 91 años de edad cantaría en el mismísimo Teatro Real de Madrid.
Lo hizo hace una semana, presentando su disco Vivencias, que pretende ser una reivindicación del humanismo frente a la barbarie, una luz en tiempos de ignominia como los de ahora. Quizá por esto, lo primero que se escuchó en el concierto que dio Ibáñez junto a su guitarrista Mario Mas, fue la grabación de unos versos de José Agustín Goytisolo: Por eso digo una vez más:/ que nadie piense o grite ‘no puedo más y aquí me quedo’./ Mejor mirarles a la cara y decir alto:/ ‘Tirad hijos de perra, somos millones y el planeta no es vuestro'.
La primera canción compuesta por por Paco Ibáñez tiene por letra el poema de Luis de Góngora La más bella niña, y el primer disco, que data de 1964, tiene a Góngora y a Federico García Lorca como los primeros poetas musicados por el cantor. Lo escuchamos un día casi perdido de nuestra memoria adolescente, en medio de bastante silencio.
El cantautor no se olvidó de nombrar y calificar a los genocidas. Todo el teatro cantó al finalizar el concierto el poema de Rafael Alberti A galopar. Una frase quedó inscrita en el escenario junto a las imágenes de los poetas que hicieron camino y cantar con Paco Ibáñez
Que Paco Ibáñez haya llegado al Teatro Real en un tiempo que tiene otra vez carácter de barbarie por lo que representa el genocidio del pueblo palestino en la Franja de Gaza, debería ser una buena noticia, porque se le otorga una proyección al cantautor que se ha ganado con creces desde que rompió el silencio oscuro de la dictadura. Nunca se cantaron en el Real palabras tan necesarias como las que Ibáñez cantó hace siete días en tan carismático escenario. Paco Ibáñez en el Teatro Real en un tiempo de ignominia, con los poetas que para algunos fueron los de nuestra mocedad.
El cantautor no se olvidó de nombrar y calificar a los genocidas. Todo el teatro cantó al finalizar el concierto el poema de Rafael Alberti A galopar. Una frase quedó inscrita en el escenario junto a las imágenes de los poetas que hicieron camino y cantar con Paco Ibáñez, verso a verso, durante nada menos que siete décadas: Nos queda la palabra. Si nos queda, es menester que nunca más vuelvan a amordazarla.