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Borrado

Sacudiéndome la galbana de este verano tórrido que pulverizará el histórico de temperaturas medias...

Sacudiéndome la galbana de este verano tórrido que pulverizará el histórico de temperaturas medias, hoy les voy a contar la historia de un pueblo en los Países Bajos al que están intentando hacer desaparecer, y a fe que lo van a conseguir, que en su borrado intervienen fuerzas que son hoy muy poderosas y a las que hemos armado en función de una transición energética megalomaníaca y desaforada. Las grandes compañías energéticas y su práctico oligopolio son las factuales dueñas de nuestro territorio, y miren que les hablo de la antigua Holanda, tierra que, desde nuestro cierto papanatismo acomplejado, siempre hemos considerado ejemplo de democracia y de poder civil horizontal.

El pueblo, núcleo consolidado desde hace más de mil años, se llama Moerdijk. No me pregunten por la probable pronunciación, que el neerlandés es idioma que a los de la lengua romance se nos da de asco. Pero sí quédense con la grafía porque es un nombre que va a desaparecer, como en León desaparecieron Oliegos, Riaño, Oblanca, Vegamián, y tantos otros, bajo el agua de los embalses que traía el “progreso” a la provincia en forma de reservas, regadíos y, por supuesto, expolio energético, con dudoso retorno para muchos de los expropiados y un indudable perjuicio en lo anímico, que no volver a ver el solar que te vio nacer, y aun a padres y abuelos, no se compensa con nada.

Sus casi 1200 habitantes han tenido la mala suerte de sentar sus reales en un lugar que se verá cruzado por líneas de alta tensión que comuniquen los parques eólicos del Mar del Norte con gran cantidad de subestaciones

Lo de Moerdijk va a ser hasta más sangrante. Es más que probable que acabe siendo demolida cuando su población se vea obligada a emigrar. Sus casi 1200 habitantes han tenido la mala suerte de sentar sus reales en un lugar que se verá cruzado por líneas de alta tensión que comuniquen los parques eólicos del Mar del Norte con gran cantidad de subestaciones que surtirán plantas de hidrógeno verde, otras industrias de teórico reciclaje del sector químico y alguna que otra factoría más de marchamo “eco”. Ya hay que tener mala suerte para vivir en un teórico cruce de caminos energético, entre Rotterdam y Amberes (Bélgica), y convertirte en el centro de la llamada “ubicación preferente” de este megaproyecto llamado Powerport.

Con su insignificancia demográfica resulta ser el cuarto puerto del país en importancia y el segundo en cuanto a volumen de contenedores

Tampoco se crean que la cosa es nueva y que les hablo de un pueblín de cuento. Desde el expansionismo industrial de los años sesenta esta población ya ha ido sufriendo sucesivas transformaciones que estropeaban su entorno y hasta su casco histórico. Con su insignificancia demográfica resulta ser el cuarto puerto del país en importancia y el segundo en cuanto a volumen de contenedores. Allá por los años setenta se creó una especie de franja verde con unas 250 hectáreas, gestionadas por el servicio forestal estatal, para compensar las más de 2500 que consiguieron el puerto y las instalaciones de la petrolera de bandera neerlandesa Shell, ejemplo habitual de industria expoliadora y poco transparente. Que les pregunten a los nigerianos, ya verán qué maravillas hablan de la contaminación del Delta del Níger.

El caso es que en el consejo municipal se las prometían felices, dentro del desastre, porque esperaban, tras esta futura vuelta de tuerca, una pingüe compensación económica que permitiera mitigar el trastorno del traslado de habitantes y, por otro lado, construcción de un probable nuevo asentamiento, especulación inmobiliaria incluida. Pero parece que las últimas intenciones que alberga el gobierno neerlandés son las de “preservar”. Esto, que suena a tener a los habitantes de Moerdijk en una burbuja, en realidad lo que permite es no soltar un euro, florín o patacón, que si usted se va es porque quiere, que aquí respetamos su entorno inmediato aunque a un kilómetro le pongamos una línea de alta tensión, una fábrica de mierda en lata y otra donde quemar la misma mierda y contribuir a la producción de indigesto digestato, hidrógeno a presión del Volcán de Krakatoa, a la vez que por delante de su casa, en el tramo de autovía de diez carriles pasan dos mil camiones llenos de vaya usted a saber qué residuos de industria petroquímica. Eso, sin exagerar y contando con que, merced al cambio climático acelerado por todos estos procesos, a usted le va a llegar el agua del Mar del Norte más arriba de las canillas. Para quedarse no es. Ya hay bastante abandono, hasta riesgo de cierre de escuela y, por supuesto, ruina económica, que el muerto inmobiliario lo arrastra cada propietario.

Esta semana hemos sufrido, con resultados desgraciadamente mortales, las temidas consecuencias de los incendios forestales del año pasado y también de éste, algo menores en superficie

La moraleja del cuento vista desde León yo creo que nos es también de aplicación. Esta semana hemos sufrido, con resultados desgraciadamente mortales, las temidas consecuencias de los incendios forestales del año pasado y también de éste, algo menores en superficie, pero que han puesto en buen brete al mermado dispositivo, que ha salido adelante por la vocación y el ímprobo esfuerzo de las dotaciones y voluntarios. Y es que la moraleja es, sin más, abandono. O, mejor, expolio y colonización.

No es un capricho ni falta de presupuesto el no prestar atención a la prevención. Es una política proactiva que beneficia el esquema energético y de explotación acordado. Que el bosque se queme favorece la extracción de biomasa, que la riqueza silvícola se pierda favorece la despoblación, esa gran ventaja para la macroeconomía, donde los bichos con dientes que andamos en el rural suponemos una sobrecarga presupuestaria inadmisible, con nuestro médico vaya usted a saber cuándo y con nuestra carretera comida de baches y “argayos”. Que el río salte el puente y baje cargado de ceniza y muerte no es azar, que es decisión. Todo hacia un mismo fin: abúrranse y váyanse a otro lado donde nos cuesten ustedes menos, y eso que dejan ya lo administraremos nosotros.

Unos pueblos mal comunicados hacen que la población busque asiento en donde hay servicios, y esto vale también para educación, sanidad y hasta hostelería, que lo rural se vacía no solo de gente, sino también de empresas

Y hay más facetas de este duro diamante que cada día quiebra nuestro vivir. Ya lo apuntaba el otro día mi vecino Jaime Gutiérrez hablando de la integración de FEVE en León. La pregunta siempre ha sido “quid prodest”, ¿a quién beneficia? Es evidente que al centralismo capitalino. Unos pueblos mal comunicados hacen que la población busque asiento en donde hay servicios, y esto vale también para educación, sanidad y hasta hostelería, que lo rural se vacía no solo de gente, sino también de empresas. Ahí está el censo para dar y quitar razones: mermado incremento este año, pero claramente beneficiados León capital y su alfoz, con el resto de la provincia en caída libre.

La ciencia no es opinable, y más cuando su negación nos lleva a la hecatombe

Todavía vamos a tiempo de revertir la situación. Este viernes 21 a las 20.00 horas está convocada una nueva manifestación contra la política de prevención de incendios de la Junta de León y Castilla bajo el lema “Nuestra tierra vuelve a arder”. Es evidente que la reivindicación es más que justa: necesaria. Que la política de la Junta a este respecto necesita un cambio de timón es evidente, empezando por enseñarle la puerta al nuevo Director General de Prevención de Extinción de Incendios Forestales, Ángel Sánchez Martín, negacionista confeso y declarado de la prevención en épocas de bajo riesgo. A este respecto yo empiezo a ver cada vez más clara una figura delictiva en la negación del cambio climático y de las técnicas de prevención. Ya estoy un poco harto de escuchar a charranes indocumentados negando la mayor sin que podamos correrlos a gorrazos hasta barranco cercano. La ciencia no es opinable, y más cuando su negación nos lleva a la hecatombe. Paralelismo haría yo en esto con los delitos de “lesa Humanidad”. Aunque lo fácil es que el “linchado” acabe siendo yo por defender esto último.

Otra cosita sin importancia: a cuenta de haber ascendido a los cielos del cargo de designación política al ínclito Sánchez Martín, nos hemos quedado sin Jefe de Servicios de Incendios Forestales. Una plaza de especial responsabilidad con la que está cayendo y sin cubrir desde junio.

Aprovechemos que la manifestación es en la capital para demostrar todos que a todos nos importa, y no solo cuando nos ponen el humo debajo de las narices

Y la coda, que ya me alargo más de la cuenta. Aprovechemos que la manifestación es en la capital para demostrar todos que a todos nos importa, y no solo cuando nos ponen el humo debajo de las narices. El actual esquema hace que las ciudades medren gracias al extractivismo practicado en el medio rural. Un poquito de agradecimiento y empatía no vendría mal.

Y un último palito a la burra de nuestros políticos. De los grandes partidos nacionales espero la nada, que hacen el juego a lo que hay, en buena medida creado por ellos y, en todo caso, grandes beneficiarios de la tarta. Del leonesismo espero algo, que debe pegarse más al surco, olvidar alfombra y conveniencia y estar en la trinchera de lo que considera suyo, nuestro. Más facenderas de repoblación y menos estar “de perfil” y a favor de obra en las falsas renovables del expolio: biomasa y biogás.

Acuérdense de Moerdijk. Cuando ya no haya “nada que rascar”, el político de turno también será borrado. 

Y una recomendación: si ven que se proyecta en algún lado “Ladrones de fuego”, la última de Fran Vaquero, ni se les ocurra perdérsela. Explica bien lo que pasa y deja claro lo que nos puede pasar.