Romper el hielo
Hay lugares donde ser sacerdote significa administrar una realidad ya construida. Y hay otros donde significa casi empezar cada mañana de nuevo. Finlandia pertenece, probablemente, a esta segunda categoría. “Romper el hielo. Historias de un sacerdote católico en Finlandia” del obispo de Helsinki, el vizcaíno Ramón Goyarrola. Una delicia. Su experiencia resulta especialmente interesante porque nos muestra una Iglesia muy distinta de la que conocemos en España. Finlandia es un país inmenso, casi tan grande como Italia, con apenas cinco millones de habitantes y una comunidad católica muy minoritaria. En toda la diócesis trabajan únicamente veintisiete sacerdotes de once nacionalidades diferentes.
Los números dicen mucho. Veintisiete sacerdotes para un territorio de esas dimensiones obliga a comprender el sacerdocio de otra manera. Las distancias son enormes, los católicos están dispersos y, además, quienes tienen la misión de atenderlos proceden de países, lenguas y culturas muy diferentes. Lo que en otros lugares podría resolverse mediante estructuras consolidadas, allí exige imaginación, iniciativa personal y, sobre todo, una extraordinaria capacidad de adaptación.
Goyarrola no parece esperar a que las personas atraviesen la puerta de una iglesia. Sale a buscarlas allí donde están
Eso es precisamente lo que más me ha llamado la atención de “Romper el hielo”. Goyarrola no parece esperar a que las personas atraviesen la puerta de una iglesia. Sale a buscarlas allí donde están. La universidad se convierte en un lugar para encontrarse con jóvenes que buscan respuestas; una conversación aparentemente trivial sobre fútbol puede terminar abriendo una relación mucho más profunda; una prisión puede transformarse en un lugar de encuentro espiritual; cada misa, cada sacramento y cada conversación son oportunidades para llegar a alguien.
Hay detrás una forma de entender la evangelización que me parece profundamente inteligente: antes de hablar, hay que acercarse. Antes de convencer, hay que conocer. Antes de esperar que alguien se interese por nosotros, debemos interesarnos nosotros sinceramente por él. Y esto tiene todavía más valor cuando se realiza en una sociedad donde el catolicismo constituye una pequeña minoría. No existe el respaldo cultural que durante siglos acompañó al cristianismo en otros países europeos. Por eso las relaciones personales adquieren una importancia enorme. Él mismo reconoce que la semilla sembrada en muchas conversaciones quizá florezca de una manera que nunca llegue a conocer.
Habla de dificultades, desafíos y derrotas, pero también de una vida divertida, emocionante y oxigenante
Su respuesta ante las dificultades tampoco consiste en lamentarse. Habla de dificultades, desafíos y derrotas, pero también de una vida divertida, emocionante y oxigenante. Esa actitud resume probablemente buena parte de su carácter. Su lema episcopal lo expresa todavía mejor: “Servir a Dios con alegría”. Quizá esa sea la verdadera enseñanza de su experiencia finlandesa. Cuando faltan medios, personas y estructuras, queda lo esencial: la iniciativa, la cercanía, el testimonio personal y la capacidad de tender puentes. Romper el hielo, en definitiva, no consiste en pronunciar grandes discursos. Consiste muchas veces en acercarse al otro, interesarse por su vida, escucharle y comenzar una conversación. El resto, como él mismo parece haber aprendido después de tantos años en Finlandia, no siempre está en nuestras manos.