Poco o nada humanos
Mientras que para la mayoría de nosotros la llamada Inteligencia Artificial parece traducir sus logros en "memes" ridículos, cartelería absurdamente pretenciosa y barroca o, como mucho, en producir, corregir e ilustrar algún trabajo profesional, inasequible de otro modo, por encima de nuestras cabezas se están tomando medidas...
Mientras que para la mayoría de nosotros la llamada Inteligencia Artificial parece traducir sus logros en “memes” ridículos, cartelería absurdamente pretenciosa y barroca o, como mucho, en producir, corregir e ilustrar algún trabajo profesional, inasequible de otro modo, por encima de nuestras cabezas se están tomando medidas para que intervenga definitivamente en nuestras vidas. Decisiones soberanas dependen ya de la IA, y lo que puede parecer una ventaja, dado el general desistimiento de inteligencia y raciocinio por parte de nuestros gobernantes, en realidad es una trampa deshumanizadora y que nos pone sobre una delgada línea roja, límite entre legalidad, moralidad y responsabilidad.
Voy a pararme en los sistemas que a día de hoy intervienen en los conflictos bélicos, tratando de anticipar respuestas y simplificando procesos de decisión al aportar en milésimas de segundo gran cantidad de datos sobre posibles objetivos. Pocas decisiones afectan más a la soberanía nacional de un país como decidir quién es el enemigo y el modo o manera de eliminarlo. Los mandos militares y la industria bélica están buscando con la aplicación de la IA comprimir, reduciendo protocolos, y acortar el proceso de toma de decisiones en el campo de batalla. Técnicamente se habla de reducir tiempos en el llamado bucle OODA (Observar, Orientar, Decidir y Actuar), de manera que, en la práctica, la observación de un presunto objetivo desencadene una respuesta inmediata aportando al teórico mando humano, que debería dar la orden final, suficiente información instantánea como para decidir. No hay que decir que tal simplificación y la búsqueda obsesiva de inmediatez privan de la posibilidad de un juicio estratégico o una deliberación táctica dentro de la escala de mando.
Es tal el aporte de información posible por parte de estos dispositivos (datos de radar, interceptación de comunicaciones, imágenes de satélite, muestreo probabilístico, geolocalizaciones), que supera la capacidad humana de análisis técnico. Mejor ya ni hablamos de ponderar unas posibles consecuencias morales, teniendo en cuenta que al escenario muchas veces se suman condicionantes a la propia supervivencia del ejecutor de la orden. Al posible riesgo de un análisis erróneo por parte de la “máquina”, añadimos uno mucho más cierto al eliminar el tiempo para una posible reflexión.
La versión oficial siempre defenderá que el control final es humano, pero esto es solo nominalmente. Existe un fenómeno psicológico, el sesgo de automatización, que hace que los operadores tiendan a confiar ciegamente en las directrices aportadas por la IA. Por extraño que nos pueda parecer a los civiles, el comportamiento automático también afecta a estas graves decisiones. Solo hay que mirar en nuestro ámbito laboral más cercano: aun en las disciplinas más aparentemente complicadas, todos somos capaces de ciertos automatismos, rutinas de método, que, aunque estén vinculadas a decisiones importantes, activamos casi instintivamente. El hábito que da la experiencia también nos resta perspectiva, hasta nos embrutece.
A la guerra
Si ahora nos acercamos a los conflictos bélicos en curso, como Gaza o Ucrania, podemos encontrar ejemplos como el sistema “Lavender” israelí o la plataforma “Gis Arta”, empleada por los ucranianos con tecnología del ubicuo “Palantir”, con la que se facilita a la artillería posicionamientos exactos de drones y objetivos aéreos. Obviamente con todos estos sistemas las verdaderas y primeras víctimas son los civiles, bien lo estamos viendo a diario, ya que el aporte de datos va en función de objetivos “militares”, descartando o no teniendo en cuenta el entorno donde se buscan. Prima claramente la eliminación efectiva. He entrecomillado “militares” porque en el caso israelí cualquier gazatí es objetivo. El sionismo pretende la total eliminación de la población de Gaza sin mirar ni distinguir presuntos objetivos terroristas.
Hay por ahí un ministro israelí auténtico carnicero, como si alguno no lo fuera, titular de Seguridad Nacional, que aboga por matar cada noche a cuarenta gazatíes porque “no merecen vivir”. Es el mismo que está construyendo un centro de ejecuciones para supuestos terroristas juzgados bajo jurisdicción militar. Supongo que se llevará también alguna comisión por la construcción de ese infierno y un porcentaje diferencial por cada ejecución. No sigo, que el personaje se define solo y, al final, consigue sacarme al nazi que llevo dentro, ése que todos llevamos y que, a veces, hasta reconocemos.
No les voy a aburrir más, que es un asunto prolijo y que, irremediablemente, va a seguir siendo motivo de discusión. De hecho, este verano, aprovechando la canícula, el general sopor, el Mundial y el silencio informativo cómplice, se firmó en Ginebra un documento para limitar el suministro de sistemas de Inteligencia Artificial a los ejércitos mundiales. Como se pueden imaginar, se trata de un papelillo no vinculante, cargado de “buenismo bien”, pero sin ningún contenido y con una intencionalidad genérica. Como cuando decidimos no volver a emplear bombas de racimo o minas antipersona. La escalada de sofisticación armamentística ha sido lo que ha puesto coto a las primeras, solo empleadas por fuerzas con bajo presupuesto, y no vamos a hablar de las minas, que aún hay millones sin detonar, causando centenares de muertos al año, y se están volviendo a emplear en la guerra de Ucrania. Si no hubiera intereses detrás…
Y del escenario bélico, regido por inteligencia artificial, paso a uno prácticamente prebélico, y no exagero, que luego verán porqué, caracterizado por el nulo empleo de la inteligencia natural: Ceuta.
La solidaridad y Ceuta
Me he enterado de la convocatoria, por parte de la FEMP (Federación Española de Municipios y Provincias), de una manifestación en toda España en apoyo a Ceuta para el día 2 de septiembre. Por lo que parece, solo se han sumado 260 municipios de los 8132 existentes en nuestro territorio. No obstante, también a esta iniciativa se han sumado asociaciones diversas, por lo que es de suponer cierta incidencia. Aunque la verdadera solidaridad es otra cosa.
Entiendo a los ceutíes, su cabreo y su general disgusto con la situación, por supuesto debidamente magnificada por los que aprovechan para desestabilizar, arrimar ascua a su particular sardina electoralista y confundir. No entiendo atacar a tus iguales, vejarles y dejarles sin lo poco material que arrastran. Abominables esas imágenes de la destrucción de los improvisados campamentos o el bloqueo a la ayuda humanitaria. La acción de gobierno, desde luego, no está siendo la más brillante, pero la de la oposición está siendo absolutamente indigna. Como que ellos hubieran sido capaces de hacer otra cosa, boca llena de chocarrerías sobre una posible presión a Mohamed VI o con un Aznar, ejemplo ya “jartible” de abyección, visitando la ciudad autónoma ahora, cuando antes solo lo hizo en campaña electoral (¡Ah! Que será por eso también que ha ido).
Porque a esta derecha que no sabe dónde tiene la “mano izquierda” habrá que recordarle que ese régimen anterior del que no acaba de abjurar (o al que parecen sentirse cada día más apegada y próxima) fue el que dejó colgados a los saharauis en manos de Hassan II tras la Marcha Verde, y que, Franco entubado, sentó a Arias Navarro y al liante de Juan Carlos a firmar los Acuerdos de Madrid sobre la transmisión del Sáhara a Marruecos y Mauritania. Ya hacía tiempo que la presencia española era testimonial, que la “Operación Golondrina” se había encargado de desmantelar el dispositivo militar español en la región. Lo que sí había previamente era un compromiso de referéndum de autodeterminación para el Sáhara en una situación postcolonial. Ya sabemos que nunca se hizo y que nunca se hará. España necesitaba de aquélla, o eso era la moneda corriente entonces, el apoyo de EEUU para consolidar el teatrillo de la Transición. Hassan jugó sus cartas y puso precio a dejar de tocar las narices. Territorialmente quizá haya sido el más alto precio pagado nunca por una potencia colonial (lo de potencia para España en el siglo XX es triunfalismo, sin duda). Marruecos se quedó a coste cero con una importante reserva de fosfato y con unos caladeros atlánticos de lo mejorcito. Creo yo que Kissinger, cadáver ya, todavía se está riendo.
Así que ahora son estos voluntarios herederos del franquismo los que murmuran sobre lo que Sánchez tendrá con Mohamed, que se tiene que callar. Para nuestra desgracia es España entera la que tiene el culo arrendado por su pobre posición, vendida siempre a un aliado que nunca lo fue, EEUU, y en una débil posición económica para presionar a Marruecos, tal es la dependencia de los fosfatos y el apoyo del Tío Sam a su verdadero aliado, el sátrapa de Rabat (aunque debe pasarse la vida en París de francachela a orgía y vuelta). Históricamente todos nuestros gobiernos han sido rehenes de tal posición. Nada nuevo bajo el sol. Bueno, sí: una oposición desleal, incapaz de una posición de Estado… que nuestros teóricos aliados europeos, con bastantes más vergüenzas que tapar, se pongan de perfil tampoco es nuevo. Lo mismo que la posición de nuestra monarquía, poco dada a importunar a “sus hermanos”.
Trumpismo, sionismo y algoritmo
El caso de Ceuta forma parte de un escenario mucho más amplio que un mero ataque fronterizo por parte de Marruecos. Una de las próximas guerras, no saben ustedes cuán cerca está, viene ya gestándose desde hace años entre Marruecos y Argelia. El trasfondo no es otro que el control del Estrecho, la rivalidad regional y las fuentes de energía y abono que surten a Europa. Ambos países llevan rearmándose largo tiempo, Marruecos alineado con el eje EEUU-Israel, y Argelia, bebiendo de la tecnología China y también tirando de los rusos en cuanto a armamento estratégico. Se puede hablar de tensión sostenida y de bastante guerra híbrida con permanentes y mutuos hackeos. El factor de estabilidad, llamémosle así, más importante es que esa confrontación es manejada por ambos gobiernos como factor de cohesión interna en cada país. Pero ahora imaginen esta falsa estabilidad con la presión demográfica de sus vecinos del sur, la inestabilidad política en tales países, el empobrecimiento generalizado de su población (70.000 desesperados asaltando Ceuta es un símbolo claro) y el ya mencionado control del Estrecho ante la avalancha migratoria. Me parece un combinado lo suficientemente explosivo como para dejarlo en manos del trumpismo, el sionismo o el algoritmo.
Los que de verdad quieran apoyar a Ceuta, en vez de ir detrás de un trapín atizando miedos y odio, que vayan pensando en que lo que se nos viene es labor de todos, herencia de una herida abierta y de una torpeza secular. Es obligado aliviar la presión sobre la ciudad autónoma, pero no nos toca activar mecanismos de mera defensa. Nos toca ser responsables y aceptar nuestro papel de país de acogida y tránsito. Y ponerle las pilas de la aceptación a esa Europa, muchos de cuyos países son bastante más responsables que España de los desequilibrios en sus antiguas colonias.
El oeste del país está en caída demográfica indiscutible. León, por ejemplo, por el Plan Repuebla de la Diputación, ha admitido ya a 59 familias. 8.132 municipios en España, 10.000, pongamos, migrantes en Ceuta, muchos de ellos menores a los que estamos obligados por ley a dar amparo… de verdad que creo que somos poco humanos. O nada.