La frontera exterior de Ceuta y Melilla

Después de la temática abordada anteriormente sobre estas ciudades y sus entornos, continúo con una presentación del sistema de fronteras, que puede situarnos en la raíz del problema revivido en Ceuta, que puede dilatarse en el tiempo y aún derivar en dificultades también para Melilla.

Después de la temática abordada anteriormente sobre estas ciudades y sus entornos, continúo con una presentación del sistema de fronteras, que puede situarnos en la raíz del problema revivido en Ceuta, que puede dilatarse en el tiempo y aún derivar en dificultades también para Melilla.

Las fronteras ibéricas presentan hoy una mayor complejidad en las relaciones interestatales propias de países comunitarios europeos en vecindad terrestre y marítima con países exteriores, donde después de décadas de acciones de cooperación transfronteriza, convirtiéndose en un laboratorio territorial de dimensiones, han adoptado una nueva configuración como consecuencia de la política de integración llevada a cabo por la Unión Europea, impulsada por las iniciativas INTERREG, ESPON, Espacio Schengen o la Política de Cohesión Territorial. Lo cual ha desembocado en la firma de convenios de cooperación transfronteriza, ajustados al tratamiento diferenciador de “fronteras interiores” (abocadas a un proceso de desfronterización) y de “fronteras exteriores” (a menudo, en proceso de refronterización). De este modo, unas fronteras son más tendentes a la “cooperación transfronteriza” (La Raya hispano portuguesa y los Pirineos) y en otras se incorporan “preocupaciones securitarias”, cuando no son origen de conflictos territoriales (Arco sur en Gibraltar, Ceuta y Melilla).

Las fronteras ibéricas han jugado hasta ahora su papel como límite de seguridad, barrera fiscal, borde de movilidad, umbral de área de influencia económica y cultural, que evidencian su relevancia. Así mismo, la cotidianeidad y animación de la frontera, su efecto de puente y bisagra en los pasos y ciudades fronterizas, se traduce también en los flujos de trabajadores transfronterizos, de mercancías y de migrantes internacionales, así como en desplazamientos con motivo de los viajes de compras, ocio o turísticos. A esto, se suman las buenas prácticas y la aplicación de normativas y estrategias enfocadas a la cooperación transfronteriza. Como resultado de ello, asistimos al desarrollo de procesos de reconfiguración territorial a partir de las “nuevas territorialidades” generadas en las fronteras interiores, como son las eurorregiones o las eurociudades en el ámbito de la Raya y los Pirineos y, en menor medida, en el Campo de Gibraltar.

Mientras tanto, el denominado Arco sur de frontera exterior se extiende por el espacio marítimo atlántico-mediterráneo y engloba los istmos de tres ciudades (Gibraltar, Ceuta, Melilla), pertenecientes a la vez a aglomeraciones urbanas muy interdependientes de sus localidades vecinas, para las cuales, los conflictos territoriales y tensiones migratorias suponen graves frenos a las necesarias relaciones transfronterizas, tal como reflejan las vallas fortificadas del perímetro ceutí y melillense, que choca con los principios y objetivos de la Política Europea de Vecindad. Asimismo, está presente aquí el conflicto vecino entre Marruecos-Argelia, con fronteras cerradas desde 1994, que incrementa aún más la tensión regional y afecta al Rif oriental y a Melilla.

En cualquier caso, aunque los condicionantes de soberanía y fronteras impiden las relaciones bilaterales de cooperación entre Estados en las fronteras exteriores, en cambio, se permiten ciertas relaciones a partir de las Comunidades Autónomas fronterizas (Canarias y Andalucía) con entidades locales o consorcios público-privados de Marruecos, pero sigue sin haber una “normalización” para aprovechar el potencial de proyectos adaptados a las relaciones entre los territorios vecinos de la Unión Europea y Marruecos.

Un ejemplo es el Programa Operativo de Cooperación Transfronteriza España-Fronteras Exteriores (POCTEFEX) para las áreas del Estrecho (Andalucía, Ceuta y Melilla) y el Atlántico (Islas Canarias) viene a ser de escasa aplicación en el periodo reciente, sin avance reseñable de cooperación, habida cuenta de las relaciones conflictivas existentes entre España y Marruecos y la política contradictoria de este país de “permeabilidad selectiva” y filtro temporal, que culmina desde 2018 con el cierre del paso de mercancías y de personas en las dos ciudades autónomas españolas y las graves crisis de mayo de 2021 y julio de 2026 en Ceuta, a pesar de que se haya firmado una Nueva Etapa del Partenariado entre España y Marruecos, tras la Declaración Conjunta de ambos gobiernos en 2022, que procura que “los temas de interés común serán tratados a través de la concertación”, “la plena normalización de la circulación de personas y de mercancías”, “el restablecimiento de las conexiones marítimas de pasajeros”, “el refuerzo de la cooperación en el ámbito de la migración… así como la cooperación sectorial y cultural”. Sin embargo, en la Declaración no se reconoce la integridad territorial de Ceuta y Melilla en el Reino de España y no se contempla como tal la cooperación transfronteriza a efectos de construir de manera participativa una estrategia compartida para facilitar la vida de habitantes y empresas en cuanto a desplazamientos, cuenca de empleo, acceso a equipamientos.

Pero, cabe pensar que en un futuro próximo no es previsible, lamentablemente, el desarrollo de una nueva etapa colaborativa y menos tensionada en el Arco sur de Ceuta y Melilla, de no alterarse de raíz los litigios internacionales terrestres y marítimos entre Marruecos y España, después de haberse incrementado la incertidumbre fronteriza. Al contrario, se tiende a un impasse en las relaciones transfronterizas en la frontera exterior de Ceuta y Melilla, que dañan a ambas ciudades españolas y, de paso, a sus traspaís marroquís, y, a la par, pueden aparecer nuevos procesos de refronterización, como efecto de la crisis actual.

Ya nada va ser lo mismo, al reforzarse la frontera exterior y la consiguiente merma de las relaciones de vecindad. Pero, sería deseable, sobre todo, volver a la normalidad ciudadana en Ceuta y recuperar la certidumbre “securitaria” propia de ciudades fronterizas como Ceuta y Melilla… Ver al presidente Juan Jesús Vivas en su restaurante preferido de Rincón y a ceutíes en las playas de esta ciudad, o a turistas marroquíes hospedados en los paradores nacionales y hoteles de Ceuta y Melilla, como era lo normal hasta la víspera.