Razones y desazones

La prensa leonesa se ha hecho eco este verano de una queja, justificada sin duda, sobre la situación del turismo en Valdeón: pocos visitantes en el valle, escasas pernoctaciones y, consecuentemente, inexistencia de negocio...
Turistas en el Valle de Valdeón.
Turistas en el Valle de Valdeón.

La prensa leonesa se ha hecho eco este verano de una queja, justificada sin duda, sobre la situación del turismo en Valdeón: pocos visitantes en el valle, escasas pernoctaciones y, consecuentemente, inexistencia de negocio para quienes viven de un turismo que, en condiciones ordinarias, se concentra en la temporada estival. Una malísima noticia.

No me resisto a hablar en primera persona porque mi vinculación afectiva con varios pueblos cercanos a Riaño y con los valles de Valdeón y Sajambre es más que conocida. Cuando a las malas noticias se les pone el trasfondo de un paisaje amado o caras conocidas, lo malo pasa a ser pésimo.

Y compartiendo que la promoción turística que tanto la Junta de Castilla y León como nuestra Diputación Provincial realizan es pobre, inconstante, inadecuada e incapaz de competir con las estrategias que utilizan Asturias y Cantabria (y que tantos éxitos cosechan) trato de explicarme por qué los visitantes escogen Cosgaya o Arenas de Cabrales (por poner un ejemplo) antes que Posada de Valdeón u Oseja de Sajambre. Añado a la evidencia de que la promoción que se realiza por parte de esas otras dos comunidades autónomas que comparten con León el Parque Nacional de Los Picos de Europa es mejor, la también evidente mayor oferta turística en ellas. No podemos competir en número de alojamientos, restaurantes o negocios vinculados al turismo y negarlo no conduce a nada. Hay que asumir la propia realidad como punto de partida para mejorar.

Más allá de vocear (y hostigar si llega el caso) para que despierten unas instituciones dormidas que no se enteran de nada y cuyas políticas defienden una cosa y su contraria (lo cual es como decir que nada defienden), carezco de recetas. Pero me ha sorprendido algo que debería corregirse.

La mayoría de los viajeros que buscan alojamiento en espacios que no conocen utilizan plataformas digitales de búsqueda. He hecho la prueba de buscar en una de ellas habitación para dos personas una noche un día de diario a finales de septiembre. He quedado perpleja.

La oferta es mínima: un único hotel en Posada de Valdeón y dos casas rurales que dos viajeros descartan obviamente por su precio. A continuación la plataforma ofrece el cámping de Santa Marina de Valdeón y otras dos casas descartables por la misma razón que las anteriores. La sorpresa salta entonces al comprobar que las siguientes ofertas, incomprensiblemente antes que Caín, son alojamientos de Oseja y Soto de Sajambre que resultan estar a 8,7 y 8,4 kilómetros respectivamente de Posada de Valdeón. Tal como lo oyen. Sin deshacerme del pasmo, continúo con la búsqueda. Ahora sí, aparece Caín. E inmediatamente después, ¡el parador de Fuente De!, que parece estar a 10 km de Posada.

Completamente estupefacta, sigo moviéndome por una la lista de alojamientos totalmente surrealista: Arenas de Cabrales (a 19,4 km), Camaleño (a 19,5 km), Sotes (a 17,7 km), Poncebos (a 15,1 km), Pandiello (19,8 km), Carreña (19,7 km), Cosgaya (17 km), Entrerrías (16, 9 km). Ahí ya llegamos, al parecer, a la distancia que permite hablar de la existencia de Boca de Huérgano o Riaño…

Más allá de lo anecdótico que puede resultar el asunto (imagino las carcajadas sonoras de los montañeros y las sonrisas tristes de los habitantes del valle), a mí me parece que, por mínima que sea, es una razón y una desazón.