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Sobre Segundo Llorente Villa

Segundo Llorente Villa
En el mes de septiembre de 2019 se publicó mi libro ‘Leoneses en la Historia', del que se hicieron eco, con amabilidad y cariño, los medios de comunicación leoneses...

En el mes de septiembre de 2019 se publicó mi libro ‘Leoneses en la Historia', del que se hicieron eco, con amabilidad y cariño, los medios de comunicación leoneses. La periodista Miriam Badiola, entonces en Ileón, me preguntó por el proceso creativo de aquella obra que recogía las semblanzas de 26 personajes leoneses, ordenados cronológicamente, que eran fruto de numerosas lecturas y un importante proceso de verificación de datos dispersos en la documentación que existía sobre ellos. Recuerdo que entonces hablamos del modo en que se había realizado la selección a partir de un planteamiento editorial en el que se buscaba abarcar un periodo histórico muy amplio (entre los siglos III y XX) e incluir la mayor variedad posible de dedicaciones. Y excluir en el siglo XX a quienes estuviesen vivos.

Nos salió una lista interminable (hablo en plural porque el editor, como es natural, tenía mucho que aportar) que fuimos puliendo de manera compleja, sobre todo cuando la variedad comenzaba a ser notable. Un amigo escritor bromeó con el hecho de que el libro “oliera” mucho a iglesia. Y seguramente tenía razón. Aunque yo a muchos de esos hombres de iglesia no les hubiera escogido por su condición de religiosos. Podría poner como ejemplo el caso de fray Bernardino de Sahagún, a quien elegimos no porque fuera franciscano sino por ser considerado el padre de la antropología de México. O el del cardenal Quiñones, también franciscano, pero cuyo papel como diplomático en la corte de Carlos I fue extraordinario. Y, como ellos, muchos otros: Egeria, la primera viajera-escritora de la que tenemos noticia; nuestra reina Urraca; navegantes, políticos, filántropos, botánicos, artistas, historiadores, escritores, profesores…

Creo que fue Terencio quien escribió “quot homines, tot sententiae”, de forma que siempre fuimos conscientes de que, respetando el planteamiento inicial, las listas serían casi infinitas y siempre absolutamente subjetivas. Cada cual haría, sin duda, la suya. 

Pues bien. El último personaje de ese libro fue Segundo Llorente Villa cuya figura ha sido cuestionada de manera impecable precisamente en Ileón por su condición de abusador sexual. Es probable que hace unas semana muchas personas que pueden estar leyendo estas líneas desconocieran su existencia pero hoy, obviamente, no. Yo le escogí porque a su condición de misionero jesuita en Alaska (un destino poco habitual, como lo es Australia en el caso de Rosendo Salvado) unía el hecho de haber sido no solamente testigo de excepción de la creación de Alaska como cuadragésimo noveno Estado de la Unión en 1959 sino haber sido elegido un año más tarde diputado del Congreso de Alaska en representación de la comunidad de Emmonak y la región del Bajo Delta del Yukón.

He leído y releído con estupor y tristeza la noticia publicada por Antonio Vega en Ileón el día 14 de junio titulada “El sacerdote leonés reconocido como abusador en Estados Unidos y que cuenta con una calle y un edificio en León”. He acudido a la fuente de El País que en ella se cita y también a la abundante documentación que existe sobre los abusos sexuales en las diócesis norteamericanas (desde luego mucha más que la que existe en España), noticias de prensa o procesos judiciales. Segundo Llorente Villa figura en la lista que la provincia jesuita del Oeste publicó en 2018 con nombres de quienes tienen denuncias creíbles de abuso sexual de un menor o un adulto vulnerable. En su caso, tres denuncias de abusos sexuales a menores cometidos en Sheldon Point entre los años 1956 y 1963. La primera se remonta a 2004 y fue recogida en el periódico ‘Fairbanks Daily News-Mine’ por Mary Beth Smetzer en diciembre de 2024 con el significativo título de “Más sacerdotes acusados de abusos”. La segunda acusación data del 2005 y de ella se hizo eco Lisa Demer en agosto de ese año en el ‘Anchorage Daily News’. Desconozco la fecha y los términos de la tercera pero, en cualquier caso, la acusación es la misma: pederastia. 

En la lista a la que he aludido publicada por la Compañía de Jesús se recoge un párrafo que alude, como parece adecuado, a la presunción de inocencia que le asiste teniendo en cuenta que las denuncias se recibieron décadas después de su fallecimiento. Pero reconocen su credibilidad.

Han pasado ya siete años desde que yo escribí ‘Leoneses en la Historia’ y la figura de Segundo Llorente Villa muestra unas sombras que son imposibles de obviar. Creo que es honesto dejar constancia de las acusaciones tremendamente dolorosas y graves que su persona ha recibido.

No sé muy bien, me pregunto ahora perpleja, qué habría que hacer con mis ‘Leoneses en la Historia’.