Y seguimos de vacaciones
Comenzada la segunda quincena de agosto y pese a que el sentido común impondría que el presidente de este Gobierno del desgobierno abandonase sus vacaciones en Lanzarote y afrontase de una vez y en primera persona la crisis migratoria de Ceuta, Sánchez sigue descansando y disfrutando en La Mareta. No sé cómo puede, la verdad. Vaya cuajo tiene.
Por cierto, y hablando de La Mareta, se trata de un bien perteneciente a Patrimonio Nacional que se mantiene con el dinero que se recauda gracias a los impuestos de muchos españoles, residencia en la que no cuestiono que Pedro Sánchez pueda alojarse como presidente del Gobierno durante sus vacaciones; lo que si critico son los excesos de los que, si es cierto lo que informan algunos medios, supone, en definitiva, hacer de La Mareta su cortijo particular, del que entran y salen familiares, allegados, algún que otro presidente autonómico, algún conocido presentador y aventurero…
Qué importante es marcar una línea infranqueable entre el debido uso oficial —que siempre ha existido y no es cuestionable— y un desbocado disfrute particular; esta frontera debe ser clara y legalmente configurada, sin que pueda depender únicamente del criterio —a la vista está, en estos momentos, desafortunado— de quien ocupa temporalmente la Moncloa.
Ya están tardando en darse las oportunas explicaciones oficiales de por qué los sufridos contribuyentes tenemos que sufragar los ingentes gastos en personal, en seguridad, en manutención...
Si esto es así, y como se ha publicado estos días, vamos a suponer que sí, ya están tardando en darse las oportunas explicaciones oficiales de por qué los sufridos contribuyentes tenemos que sufragar los ingentes gastos en personal, en seguridad, en manutención…, etc., etc., que necesariamente está suponiendo la sobreutilización poco razonable —y más con la que está cayendo— de ese complejo vacacional.
Como, por otro lado, ya nos tiene acostumbrados este Gobierno de coalición, el planteamiento vacacional de su presidente es un dechado de ejemplaridad, de transparencia, de prudencia y de respeto al dinero público y a lo público ( y si no, que se lo digan a los miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad a los que les ha caído este cuerno).
Si a ello añadimos la comparación con las “vacaciones” de las que están disfrutando los ciudadanos de Ceuta, o de las de los que viven en gran parte de la España que se está quemando… pasa a ser incalificable.
Un caso tan grave como el acaecido hace dos semanas, impondría suspender las vacaciones del presidente, y no solo por solidaridad, sino porque los españoles y, muy en particular, los ceutíes, necesitan que se les transmita sensación de seguridad
Desde el Gobierno de la Ciudad autónoma se clama por una mayor intervención del Gobierno de España; un caso tan grave como el acaecido hace dos semanas, impondría suspender las vacaciones del presidente, y no solo por solidaridad, sino porque los españoles y, muy en particular, los ceutíes, necesitan que se les transmita sensación de seguridad, la impresión de que alguien está al mando y de que en algún momento llegará la tan cacareada “normalidad” —que es todo menos normalidad— y de que, más pronto que tarde, se va a dar una respuesta proporcionada y real a una situación tan delicada.
No obstante, después de más de dos semanas, no da la impresión de que el Gobierno de España se esté desgañitando para encontrar soluciones y mucho menos Sánchez, que, parapetado tras sus envidiables vacaciones en La Mareta, sigue sin asumir responsabilidades políticas ni comparecer públicamente para explicar la estrategia del Ejecutivo ante la invasión migratoria sufrida.
La tranquilidad de los ciudadanos no se consigue con dos reuniones telemáticas —la última hace unas horas— que, a estas alturas, parecen más una tomadura de pelo; y resulta mucho menos tranquilizador que se tire de la estrategia de ir mandando en avanzadilla a diferentes ministros que entre abucheos, se dedican a tensionar a la población y al desbordado gobierno de la Ciudad autónoma porque, por amor a su amo, son capaces de negar hasta la realidad más evidente. Como muestra, la ministra de Sanidad, que hace unos días ha sido capaz de negar en Ceuta el colapso sanitario (eso es lo que yo llamo la erótica del poder). Eso sí, lo de dar las obligadas explicaciones en el Congreso de los Diputados— el órgano que nos representa a los ciudadanos—es harina de otro costal y se va a dilatar. Y del Senado, ni hablamos.
No estoy nada convencida de que la incorporación de este señor a sus obligaciones vaya a deparar ninguna mejora a esta pasividad…
Y saben lo peor de todo… no estoy nada convencida de que la incorporación de este señor a sus obligaciones vaya a deparar ninguna mejora a esta pasividad…; con todo, al menos demostraría una empatía y solidaridad de las que —a salvo de con Marruecos— poco ha hecho gala.