Zapatero, ¡qué pereza!
Parece preceptivo en estos tiempos hablar de Zapatero. ¡Qué pereza por Dios!
Y es que este señor- por llamarle algo- con la c de la ceja y con esa sonrisa bobalicona del que aparenta no haber roto un plato en su vida no es la primera vez que la lía parda.
Si echamos la vista atrás, los que ya tenemos algunos años recordamos perfectamente, y debemos contárselo a nuestros jóvenes, que con ese barniz de buenismo irresponsable y con su moralina cursi y machacona nos colocó en 2008 al borde del abismo, empeñándose en negar una crisis que no nos llevó a todos por delante de milagro.
Y lo peor es que lo hizo mintiendo de forma burda, cambiando la verdad por el “relato”- a que les suena- y dando patadas para delante a los graves problema que tenía España sin molestarse siquiera en intentar entender la delirante situación económica en la que su incompetencia y su desidia colocó a todos los españoles.
Fabricó una realidad a su medida, ocultando unos datos reales que sucumbieron a una propaganda barata que le permitió mantener una especie de “ilusión” de gobernanza y poder de la que solo se beneficiaba él
En aquel tiempo, esa versión edulcorada y buenista de Zapatero fabricó una realidad a su medida, ocultando unos datos reales que sucumbieron a una propaganda barata que le permitió mantener una especie de “ilusión” de gobernanza y poder de la que solo se beneficiaba él y que duró hasta que la debacle en forma de una crisis profunda le llevó por delante (y a todos los demás, de paso).
Ese fue Zapatero, ese es Zapatero. Una auténtica estafa, un auténtico “blufff” capaz de destruir nuestro país y los pilares más sólidos de nuestra democracia desde esa visión a la par tóxica, infantilista y cursi que alentó el frentismo, resucitando un “guerracivilismo” que nuestros mayores ya habían perdonado y olvidado. Hasta que llegó él.
Se ha enriquecido de forma indecente, bochornosa; y no solo aumentando su patrimonio de forma infinita, injustificada y hasta cutre
En fin, un verdadero dechado de virtudes, el defensor indiscutible del “interés general”, el adalid del amor a España y a los españoles, el gran valedor de la ejemplaridad y de la ética- a la vista está- que desde la arrogancia que gastan los que se creen impunes se ha prevalido de su situación y se ha enriquecido de forma indecente, bochornosa; y no solo aumentando su patrimonio de forma infinita, injustificada y hasta cutre- lo de las joyas no tiene nombre- sino alardeando también de algún que otro título, como el de Honoris Causa de mi querida casa, que por lo que estamos viendo tan poco merece. Ya lo avisamos entonces y me reafirmo, una auténtica vergüenza.
Y lo peor de todo es que encima ha creado escuela. La escuela de la mentira, la del relato, la de la perversión de nuestra historia, la del partidismo, la del sectarismo, la del desprecio absoluto a los ciudadanos- pero absoluto, absoluto-, que ha tenido su mejor discípulo en un Sánchez que, al tiempo, hará bueno a su mentor.
Corrupción pura y dura, de tejemanejes, de favoritismos y compadreo
Porque la mutación del buenismo de Zapatero ha sido a peor, a mucho peor, dando un producto radicalizado que supera con creces los burdos errores del maestro. Y así estamos. Con un país al borde del colapso, y con una persecución feroz a todas las instituciones que sostienen nuestro Estado de derecho que este Gobierno se empeña en degradar para esconder unas vergüenzas que, en forma de corrupción pura y dura, de tejemanejes, de favoritismos y compadreo, han estallado las costuras del relato prefabricado de “España va bien” que ya no cuela ni entre los suyos.
Necesitamos reaccionar, y demos hacer que esa reacción esté a la altura de lo que nuestro país ahora necesita. Todo un reto en el que de una forma u otra podemos colaborar cada uno de nosotros.