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Las políticas del rearme y la derrota de la clase trabajadora

En Europa, estamos asistiendo en los últimos tiempos a unas políticas de rearme que suponen un riesgo para la humanidad y se quieren vender como progreso y desarrollo. Ante este contexto quiero hacer algunas reflexiones desde este rincón de la Tierra llamado León: 

La mayoría de los proyectos de industria armamentística que se están debatiendo y proponiendo para la provincia de León se hacen de cara a conseguir el voto en las próximas elecciones municipales. Las industrias armamentísticas, siguiendo la lógica de la localización más rentable, se van a situar donde ya hay fábricas de armas: Santa Bárbara en Trubia, Fábrica de Armas de Palencia, Navantia en Ferrol, Cartagena y Cádiz; Airbus en Madrid y Sevilla, etc. En este sentido, la franja cantábrica entre Asturias y el País Vasco son zonas que cuentan con infraestructura industrial y buena salida a puertos marítimos. Históricamente las fábricas de armas y munición al servicio del ejército se han situado allí: Tolosa, Liérganes, etc. Por todo ello creo que la mayoría de los proyectos propuestos para León son humo. Pero me sorprende el posicionamiento de gran parte de la ciudadanía de León en favor de este tipo de industria como si la industria de guerra fuera la panacea que nos va a sacar de la crisis endémica que vivimos en esta tierra. 

Voy a argumentar varias cuestiones en contra de la industria de guerra y el rearme. 

La primera es que cuando resulta evidente que no hay recursos en el planeta para que todo el mundo sostenga el nivel de vida que tenemos en occidente, el capitalismo entra en crisis y necesita de la guerra para mantenerse. Esta guerra está orientada a seguir oprimiendo a los países pobres para sostener nuestro nivel de vida (ecofascismo) y también a beneficiar a las multinacionales y capitales que ahora ven en el sector armamentístico una nueva manera de enriquecerse. Sigue siendo la estrategia de toda la vida en la que los dueños del capital oprimen a los obreros en una lucha de clases en la que los de arriba nunca han dejado de someter a los de abajo. 

La segunda es que el Estado español está dentro de la Unión Europea que se ha plegado a los dictados de la política exterior de los Estados Unidos y de la OTAN. Esto significa que cada euro que España invierta en armamento servirá para presionar a Rusia en el frente de Ucrania y quizá a China en el largo plazo. El rearme de Europa se orienta a confrontar con Rusia dejando así las manos libres a los Estados Unidos para que operen con mayor margen en el resto del globo. 

Como claros ejemplos vemos el apoyo de los EE.UU. al genocidio en Palestina, el recrudecimiento de la ofensiva contra Irán y el aumento de la presión militar estadounidense sobre Venezuela y el Caribe. Es indignante ver cómo el Gobierno de España nos vende el rearme como un fortalecimiento de nuestra soberanía cuando en realidad está suponiendo todo lo contrario y además tenemos unas derechas españolas que no ocultan su servilismo al “amo yanquee”. 

Por último, quiero expresar mi esperanza en que esta tierra puede generar empleo y riqueza de forma endógena pues cuenta con recursos naturales, territorio, mano de obra y capital humano suficiente. Hay que seguir apostando por la industria farmacéutica, la investigación y el desarrollo en sectores como la biotecnología, el forestal, el agrario y el turismo rural. Hay que potenciar las iniciativas endógenas que aprovechen nuestro patrimonio cultural. Rendirse al sector de la industria de la guerra es en realidad decir no a la humanidad, es decir no al entendimiento entre la clase trabajadora mundial. No olvidemos que la cooperación y la organización de las personas trabajadoras es la que ha movido a las sociedades hacia los avances sociales que ahora estamos a punto de perder si no nos damos cuenta de que la verdadera lucha no es entre pueblos sino contra quienes nos quieren imponer la guerra como motor del desarrollo.