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Aquella maravillosa campaña de 1983: taxis, megáfonos y pabellones a reventar

Procuradores y periodistas, protagonistas, de los primeros comicios de la actual autonomía coinciden en que “todo era muy inocente e infantil aún”, con “respeto y convivencia” entre partidos

8 de mayo de 1983. Los castellanos y leoneses votan por primera vez a sus representantes autonómicos tras 21 días de una campaña “totalmente contraria al momento actual. Era la ilusión por la convivencia, el contraste sincero de opiniones del momento”, coinciden en remarcar muchos de los procuradores elegidos en aquella primera legislatura.

Unos días después, el 21 de mayo, se constituyeron las primeras Cortes en el Real Monasterio de Santa Clara de Tordesillas (Valladolid). Representantes políticos de la primera legislatura y periodistas en activo en aquella época remarcan que “todo era muy inocente e infantil aún”, pero con “respeto y convivencia” entre partidos y el pálpito de que las primeras elecciones autonómicas eran “algo histórico”. 43 años después, la agencia recuerda con algunos de los protagonistas del momento cómo fue y cómo es hoy esta ceremonia electoral.

El zamorano Demetrio Madrid ganó aquellas elecciones con 44 años impulsado por el empuje de Felipe González. “En esos días apenas dormí”, rememora ahora Madrid, quien hizo la campaña en un taxi, con la compañía del conductor, algún periodista ocasional que se apuntaba y el apoyo de los compañeros de cada pueblo. “Estuvimos en las 54 comarcas de Castilla y León. Era un esfuerzo personal, no solo de los candidatos, también de los militantes”, apunta.

Fue una campaña “de tú a tú” con actos públicos en las cabeceras de comarca y visitas posteriores a los pueblos del entorno. También se recorrieron “fábricas, hospitales, lugares de trabajo, el campo…, fue un trabajo humano impresionante, lo que también supuso una gran riqueza”. “Era importante darle la mano a un paisano. Con esa mano iba a meter después el voto y por tanto el tú a tú es fundamental para conseguir explicar quién eres y qué propones. Además, había que explicar el nuevo estado de las autonomías tras 40 años de uniformidad durante la dictadura”, comenta Madrid.

El expresidente mantiene que “ese tipo de esfuerzo personal hay que mantenerlo hoy en día”. “Las campañas tienen que servir para conocer los problemas de los ciudadanos y el objetivo fundamental son ellos y su vida. Nosotros no teníamos apenas nada, más que la enorme voluntad de que aquello cambiara”, asevera. Entonces, recuerda, le costó contar con líderes nacionales porque los comicios coincidían en varias comunidades aunque aún así logro traer poco antes de la campaña a Alfonso Guerra y a Felipe González. “Yo tenía un sentimiento de que el recibimiento de la gente, la cordialidad y libertad se producía por otro sentimiento general de querer la libertad, porque había sed de libertad”, remacha.

El coche del megáfono

Jesús Quijano, quien fue candidato a la Presidencia de la Junta posteriormente, en 1991 y 1995, también fue elegido procurados en las primeras autonómicas, en las que se implicó “de forma completa”. “Te montabas en un bus y no te bajabas”, comenta, para recordar que cuando acompañaba a Madrid por los pueblos con el taxi, “antes iba otro coche con un megáfono anunciando el acto de esa tarde”, explica entre risas. Era la forma de informar, “no había redes, ni internet, ni correo electrónico, ni whataspp; era absolutamente primitivo, era muy importante el boca a boca, el saludo personal y responder a lo que te preguntaban”.

Quijano manifiesta que en muchas localidades “todavía se dieron situaciones de recelo, incluso con gente que sintonizaba con la propuesta del PSOE”. “Llegábamos a la plaza de un pueblo y salía mucha gente, pero otros se asomaban a las mirillas y persianas a curiosear y no se atrevían, ¡y eso que a lo mejor eran del PSOE!”, exclama, lo que achaca a que Castilla y León cuenta con poblaciones pequeñas y ello “generaba un ambiente de cierta precaución y recelo”, algo que era distinto en las ciudades, donde se visitaban los barrios y los mítines “eran muy masivos, en muchos casos a reventar”.

La socialista Rosario Peñalva fue elegida procuradora por Valladolid y era concejala en Tudela de Duero. Contaba tan solo con 26 años. “Era todo novedad y todo estaba por hacer. No sé si teníamos mucha conciencia de Comunidad. Más bien creo que cada uno era de su provincia”, sostiene, para admitir que “era muy diferente al momento actual, a todos los niveles”. “La sociedad era distinta. Veníamos de una dictadura muy férrea, muy dura”, apunta, para recordar que salió elegida junto a la leonesa Concepción Puente, y más tarde entró la palentina Aurora Merchán, por la dimisión de José Maiso por motivos personales.

Peñalva recuerda que el PSOE realizó dos presentaciones de la candidatura, una en Valladolid y otra en León, y también un acto con la presencia de Gregorio Peces Barba, que era diputado por la provincia vallisoletana y “llenó el cine de Tudela. También señala, como anécdota, que “entró embarazada en las Cortes” y que los primeros plenos se celebraban en una sala con unos asientos rojos y sillas delante de otras en el Castillo de Fuensaldaña.

Vuelta a los pueblos

A pesar de las diferencias de estos 43 años, el periodista Antonio Martín Beaumont, que encabezó entonces la lista de Alianza Popular por Palencia, cree que “ahora parece que los políticos vuelven a recorrer los pueblos”, más allá de las redes sociales y que “parece que los mítines estaban en desuso”. “Si le pides a la gente el voto mirándole a los ojos, te vota. Y así lo hacíamos. Les estrechabas la mano y era lo que funcionaba. A mi mucha gente, años después, me ha dicho que me votó porque se lo había pedido en persona”, afirma.

En aquellos años, manifiesta, los ciudadanos “no sabían si las comunidades autónomas iban a existir o no o a quedarse; y ahora se ve que son muy cercanas, casi como los ayuntamientos”. “Y es que la gente quería una política cercana porque en España había un sentimiento claro de autonomía, pero se desconocía lo que iba a ser. Entonces había que explicar para qué iba a servir”, remarca Martín.

En “todas partes”, añadió, eran “recibidos de maravilla”, con una política “muy respetuosa entre partidos” y una campaña “en que no existía este clima de conflicto actual, sino todo lo contrario”. “Nos respetábamos dentro de las opiniones diferentes que teníamos”, quien ratifica que el electorado de Castilla y León “siempre ha sido muy sensato”. Ese compañerismo entre políticos de diferentes partidos se trasladaba al posterior diálogo entre formaciones en beneficio de los castellanos y leoneses. “Todos teníamos claro que trabajábamos por Castilla y León”, atestigua Martín Beaumont.

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Las primeras elecciones regionales en Castilla y León en 1983. El candidato de AP, Manuel Fraga, ofrece una rueda de prensa en el Hotel Melia Parque de Valladolid durante la campaña electoral de 1983. Al fondo Santiago López Valdivielso. Foto: Cacho.

De la misma opinión es el riosecano Manuel Fuentes, el único de los procuradores por Valladolid de aquellas Cortes que queda con vida. “La campaña estuvo rodeada de ilusión por la convivencia, hasta el punto de que todos los que viven de aquella época somos amigos. Lo éramos en aquel momento y lo somos ahora, a pesar de la ideología. Habíamos estado en distintas instituciones juntos y esa idea de relación primaba sobre todo. Sacar adelante este proyecto de Comunidad y ver cómo nos podíamos ayudar unos a otros”, rememora.

En campaña, “eran actos muy directos”, algo que benefició a Fuentes, que se movía en “un territorio” en el que le “conocía todo el mundo por la actividad que había tenido”, pues había sido alcalde de Medina de Rioseco, diputado y presidente de una entidad financiera, “y tenía recorrido los puntos”.

El acto más importante fue el que hizo Manuel Fraga en el pabellón Huerta del Rey de Valladolid; y, como anécdota, remarca otro “muy bonito” en Tiedra, donde coincidieron en el mismo día con la candidatura del PSOE, en un pueblo con un alcalde socialista”. "Recuerdo que ambos teníamos que usar el salón del Ayuntamiento; y nos pedíamos perdón mutuamente por el fallo en la organización. Había mucho respeto”, incide.

La visión periodística

Luis Miguel de Dios y Juan Pablo Pascual pueden dar fe de aquella situación, “algo nuevo” pero en la que “no había una conciencia de caravana como ahora”. El zamorano De Dios trabajaba en El Norte de Castilla y en Radio Cadena, además de llevar la corresponsalía de El País. “En función de lo que decían en los mítines enviábamos algo o no. Era el menú de cada día”, sostiene.

Sobre la relación entre partidos, admite que “ha cambiado mucho” porque “no había esa agresividad ni se lanzaban trastos”. “No recuerdo a nadie de Alianza Popular meterse mucho con Demetrio Madrid ni viceversa, ni los que luego no tuvieron representación. Hacían su mitin, ofrecían sus promesas. A lo mejor comparaban, críticas, pero no al nivel de agresividad sobre todo que hay ahora”, expone.

Recuerda a políticos como Santiago López Valdivieso o Vicente Garrido, con “mítines curiosos”, o Quijano y Tomás Rodríguez Bolaños, “gente con más capacidad de liderazgo y contar y decir cosas”. En ese momento le viene a la cabeza un mitin en Huerta del Rey con Enrique Tierno Galván, alcalde de Madrid, que “fue una especie de lección, sin gritos y aplausos, en el que la gente le escuchaba con la boca abierta, como una clase magistral de política y filosófica”.

Relata también la anécdota de que la coalición entre AP-UDL no presentó candidato a las elecciones de 1983 porque “no creían en esto”, sino que “apostaban por una mancomunidad de diputaciones, sin que hubiera Cortes”. Pero mientras el PSOE apostó por Demetrio Madrid, “de repente, un día, estando en la redacción, llama el corresponsales de Segovia, Pedro Vicente, y me dice que ya se sabe quién es el candidato”. “Habían mandado una carta a los militantes, en cada provincia, que estaba redactada de tal manera que parecía que el de aquella provincia era el candidato”, recuerda con sorna.

En la misma línea rememora aquellos días Juan Pablo Pascual, con mítines que “tenían una gran respuesta de público” y, Huerta del Rey, “se llenaba sin ningún problema con la UCD, PSOE y también PCE”. “Pero todo era muy inocente e infantil aún”, si bien considera que “sí existía mucho sentimiento de región”, algo que justifica, por ejemplo, en un acto celebrado en el mismo pabellón deportivo, “totalmente lleno, con una especie de concierto de varios grupos folk de la más diversa ideología, con banderas de Castilla y León por todos los lados y pendones de Castilla”. “Pero ese sentimiento se ha ido perdiendo, lamentablemente”, remarca ahora.

Pascual, que contaba con 22 años y acababa de salir del “hervidero” de la universidad, considera que la ciudadanía “estaba muy implicada y consideraba las elecciones como algo propio, suyo”, algo que choca con “el desapego actual”.