El Antruejo, algo más que un carnaval en Carrizo de La Ribera
En Carrizo de la Ribera, el Antruejo se conserva como una fiesta hecha por y para el pueblo. Por eso se percibe diferente a un “carnaval” al uso: no se vive como algo genérico, sino como una costumbre con mucha personalidad. El arraigo se nota, además, en el Barrio de la Campaza, al sur de la localidad. Allí se considera la celebración del barrio, y ese sentimiento explica que la tradición siga tan presente y que el ambiente resulte tan cercano, tanto para vecinos como para quien llega de fuera.
Sobre esa base, el Antruejo ha ido ganando tamaño sin perder su esencia. Es una fiesta muy participativa, donde el espectador termina formando parte de lo que pasa en la calle, y esa manera de entender la tradición es la que ha impulsado su prestigio y su etiqueta de Fiesta de Interés Turístico Provincial. La clave está en el tono abierto: calles llenas, presencia constante del vecindario y una invitación implícita a sumarse. Así, la celebración crece, pero mantiene la misma forma de vivirse de siempre.
Tradiciones recuperadas
Buena parte de lo que ocurre antes del día grande llega de la mano de la Asociación Cultural La Trepa. Gracias a su labor se han recuperado el Domingo de Compadres y el Domingo de Comadres, que se celebran en los domingos previos al Antruejo, con encuentros separados de hombres y mujeres para compartir mesa y pasar el rato.
En esa misma línea, continúan los Cantos de Ronda y el Tetumbo del Viernes Llardeiro. Es una costumbre que se ha perdido en muchos lugares, pero que en Carrizo se mantiene con especial cuidado, y se nota en la participación y en la gente que espera a la ronda cuando se acerca a su barrio.
Ese viernes, la ronda avanza por las calles del pueblo y refuerza el ambiente de reunión. La tradición se vive de cerca, sin distancia entre quien mira y quien canta, y con la expectación del vecindario acompañando el recorrido. El calendario suma también el Sábado Fisolero, celebrado ayer. En ese momento aparecen personajes propios de la localidad: Guirrios, Toros, el Hombre de la Cancilla, algún Encisnador y La Tarara, que acompaña a la ronda del viernes.
La cernada como cierre: cenizas, risas y renacer
El cierre llega con la Fiesta de la Cernada. Las cenizas del fuego se entienden como símbolo del final del invierno y de la llegada de la primavera, con ese sentido de vida y renacer que se repite cada año. De ahí sale un final espontáneo y muy alegre, con una regla sencilla: “enciscarse” con las cenizas de la hoguera. Es un momento en el que las risas y la diversión suelen estar aseguradas.
La Cernada destaca por lo visual y por lo compartido. La gente se mezcla sin formalidades, y la energía del momento reúne a todos en un mismo gesto. Con ese último acto, el Antruejo completa su ciclo tal y como se vive en Carrizo, manteniendo su esencia: tradición popular, participación y calle.