'Fundación mítica de Santa Lucía', de Alfonso García
Probablemente Alfonso nunca abandonó la poesía, aquella con la que hacia el año 1978 se dio a conocer con su participación en la fundación de la revista ‘Alcance’, todo un referente en el panorama poético del momento. Después, otra fundación marcaría su discurrir literario, como fue la del suplemento cultural ‘Filandón’. Sé que en ambas estuvo acompañado y él recuerda con cariño siempre a los compañeros de aquellos dos extraordinarios viajes.
Lo cierto es que el poeta que es retorna a sus orígenes por partida doble. A los que acogieron sus principios literarios y a aquellos en los que duerme su propia identidad. Y Santa Lucía, donde nació, se convierte en un territorio que trasciende el paisaje y se desarrolla en un extenso poema de versos largos y rítmicos que recuerdan aquellos en los que se construyó la épica, la poesía de los mitos.
“El olor de la hierba es la resurrección de los sentidos”, comienza ‘Fundación mítica de Santa Lucía’ y con él el primero de los cuatro cantos, a los que el poeta no da nombre, en los que se divide. Una suerte de exploración a la memoria que lleva seguramente hasta la infancia, donde se alojan los recuerdos más tempranos que son, casi siempre, nítidos e imborrables. Y así crece, prospera y madura el mundo primigenio que pudo ser (o no) pero que es en el mundo imaginado que el autor ha construido amasando la memoria colectiva con la propia. Dando significado a lo que ve y siente, rastreando emociones, construyendo símbolos, fabricando una realidad oculta forjada con nombres, espacios, animales, árboles, sensaciones y caminos que se llenan de canciones, por los que las gentes “caminaban en busca de destino”.
Suena el poema, porque efectivamente suena (“suena a cantata”, recoge en su prólogo Luis Mateo Díez) a mundo antiguo, ya inexistente, en el que uno puede imaginar a un recitador concitando la atención fija de niños y mayores que descubren en el poema otro significado para la realidad cotidiana.
Dice en el delicioso texto que José Enrique Martínez ha escrito para la contraportada de ‘Fundación mítica de Santa Lucía’ que “Alfonso García ha levantado en este libro el mito de la fundación de un territorio propio, Santa Lucía, urgido, entre otros sentimientos, por el amor, que es, como él escribe, la patria más hermosa”. Es estrictamente cierto que el poema apela a lo emotivo y transita por un universo íntimo de sentimientos.
Alfonso ha soñado el pasado y el futuro en el presente, desde la conciencia de que “la memoria es tan efímera como el humo de las hogueras”. Y sus versos, ha escrito Antonio Toribios, son versos “con sabor a paraíso sentido y recobrado”.
Lean y disfruten. Que para eso está, entre otras cosas, la literatura.
“Quizá, quién sabe, regreso buscando no perderme en el horizonte de la noche/
y recoger una de las caretas de madera tallada en los Altos Bosques./
El olor del roble, de las hayas y de la tierra mojada por la lluvia/
endulzan y protegen el gran viaje”.