Rubén Pozo: "La experiencia de tocar en un garito no se reproduce en un gran estadio"
Pocos artistas tienen la capacidad de destilar rock and roll. Esa es la esencia de Rubén Pozo, un músico que ha celebrado su cincuentena regalándose (y regalándonos) un disco en el que cabe toda una ciudad y, especialmente, sus garitos más oscuros y llenos de ruido: 50town. De una juventud underground con Buenas Noches Roses a pisar las alfombras rojas junto a su "colegón" Leiva en Pereza, ahora vuelve a meterse en la furgoneta para una gira junto a su nueva banda, los Chicos de la Cueva, que promete altas dosis de música honesta y sin disfraces ni artificios. Este jueves (21:30 horas, 18 euros anticipada) la cita es en El Gran Café, una sala que Pozo conoce bien y donde, como él mismo explica en la entrevista con Heraldo de León, pueden suceder cosas muy locas.
¿Hay ganas del bolo en el Gran Café? ¿Qué tenéis preparado?
Acabamos de sacar 50town. Siempre digo que me he autoregalado un disco por mi medio siglo. A lo largo de mi vida la verdad es que no me he tratado muy bien; empiezo ahora y por eso me hago un regalito. Es un disco que he hecho para mí y que está gustando mucho al público, así que el premio gordo es salir a tocarlo, ir por salas y garitos y en eso estamos, así que con muchas ganas de ir a León.
Precisamente, ‘50town’ llega en un momento vital muy concreto, que como dices es para muchos la crisis de los 50. ¿Qué tiene este disco de balance personal y qué tiene de grito hacia delante, de seguir empujando aunque ya lleves media vida en la carretera?
Miro al pasado y al futuro con alegría e intento vivir en el presente. 50town es un juego de palabras con cincuentón: es llegar a la ciudad de los cincuentones. No es algo que digo con tono nostálgico, tipo la 'yo hice la EGB' o Espinete. Para mí ser cincuentón significa celebrar el seguir vivo, entero y con la cabeza más o menos 'carrulando'.
A lo largo de tu carrera has pasado por varias bandas y ahora llevas una trayectoria en solitario muy honesta. ¿Qué cosas solo te permites ahora, con la madurez (de los 50), que quizá antes no sabías o no te atrevías a hacer?
Me siento muy cómodo en el escenario y confieso que ahora es cuando menos perjudicado salgo. En los conciertos solo bebo agua y es cuando más estoy disfrutando. Hace décadas pensaba que se disfrutaba mucho más borracho, pero ahora la experiencia del directo es muy potente y no necesita nada más. Cuando estoy en el escenario a veces incluso se me olvida y me siento como si tuviera 14 o 15 años, con la misma sensación que tenías antes de salir por ahí y beber litros con los colegas. No rejuvenece, pero es una cuestión mental. La droga más dura es el escenario, es una gran experiencia y es 'fresquito' [risas].
El otro día fui a casa de mis padres y en mi vieja habitación todavía tengo un cartel de un concierto de Buenas Noches Rose en la Universidad de León colgado. No pone el año pero imagino que sería allá por finales de los noventa. BNR fue una banda excepcional con final abrupto que mucha gente ha conocido ahora por el documental. ¿Qué recuerdos tienes de aquellos tiempos de bolos salvajes y qué lecciones aprendidas te quedaron?
Para mí es honor que tengas todavía el cartel. Tengo un pasado muy bonito. Considero que lo he tenido todo en mi vida. He cumplido mis objetivos de tener una banda underground que es Buenas Noches Rose; otra banda con mi colegón, y que llegó al éxito que es Pereza. Pero esas metas ya las he cumplido. ¿Qué queda? Que me siguen saliendo canciones que quiero grabar y que quiero ir a tocar a garitos. Es mi oficio y pago el piso con esto gracias a una gente maravillosa que me acompaña. Esto me permite ir a tocar por ahí sin aspavientos. Y eso es el éxito.
Como dices Pereza fue, perdón por la expresión, un pelotazo brutal junto a Leiva. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste Princesas y que pensaste de la canción en ese momento?
[Risas] ¡En un garito hace unas noches! Me pone muy feliz que esa canción sea parte del repertorio popular y que pueda sonar cualquier noche en un bar medio, un bar de los que va todo el mundo. En uno de jazz o punki no va a sonar, pero en uno más general, sí. No es mi canción favorita de Leiva, pero el público es el que elige. Princesas nos dio muchas alegrías y nos abrió muchas puertas. ¡Gracias Princesas!
"Estamos yendo a garitos porque este estilo que hacemos nació ahí y es donde mejor suena. Nace en The Cavern: que cabían 65 personas muy apretadas y estaba mal iluminando, pero es donde mejor sonaban Los Beatles"
Y desde aquello, ya en solitario, llegamos de nuevo a ‘50town’. El disco suena eléctrico, vital, incluso canalla por momentos. ¿Cómo fue el proceso de grabación y qué papel ha jugado Ricky Falkner en devolverle ese pulso de directo a las canciones?
Quería poner el 50 como fuera en el título porque nunca había puesto una cifra en un título de disco y lo conseguí. La música la pusimos todos juntos, los cuatro encerrados en CasaMourada, dirigidos por Falkner, la guitarra y los coros de Charly Bastard, con la batería afilada de Losa y Sergio (Valdehita) a los teclados. Hicimos todas las tomas a la vez y solo metimos algún efecto pequeño, poco cosa. El disco me suena increíble, y es gracias a Ricky. La idea es que la música tuviera saborcillo, que tuviera grano. Queríamos que las canciones sonaran a que hay humanos tocando. Ahora con la tecnología se pueden hacer cosas muy perfectas, pero yo entre tanta IA y tanta tecnología digital, lo que prefiero y me gusta es escuchar al humano. La máquina no emociona; el humano sí, aunque se equivoca.
Has sido siempre un defensor de la canción sin disfraz, del rock con verdad. En un momento donde todo parece más rápido y más efímero, donde todo está a un clic de distancia y la música parece que se mide en cuántos ‘wizinks’ llenas, ¿qué lugar crees que ocupa hoy ese rock de barrio y sala?
Lo primero, y lo digo en serio, enhorabuena a quien llena un wizink. No estamos en esa liga. Estamos yendo a garitos, a salas, porque este estilo que hacemos nació ahí y es donde mejor suena. Nace en The Cavern: que cabían 65 personas muy apretadas y estaba mal iluminando, pero es donde mejor sonaban Los Beatles. Esto es para garitos. Hay bandas que se han hecho muy grandes y llenan estadios y eso está muy bien, sobre todo para para el bolsillo, pero la experiencia del garito no se puede reproducir en un gran estadio. Pero insisto, si van mucho a los wizinks también significa que hay mucho público y ahora que se venden pocos discos, está bien que quieran ir a conciertos.
León tiene una tradición rockera muy especial y El Gran Café es un templo del directo que has visitado varias veces ya. ¿tienes algún recuerdo especial de León?
[Risas] No sé si conoces a The Jayhawks, pero yo tocaba una vez en El Gran Café en 2016 y coincidí con uno de ellos, Mark Olson, que vino al concierto y de esa nos conocimos e hicimos una gira por España. Fue increíble, fuimos mezclando repertorios y nos lo pasamos teta. Estuvimos como cinco meses de gira e hicimos 30 fechas. Todo surgió de una carambola de la vida: un amigo le trajo a tocar a León y le dijo que fuera a verme. Vino, y le gustó.
Imagino que ahora estás centrado en la gira, pero hay algún proyecto nuevo asomando por ahí o algo?
Hay cosas, fechitas, cositas y una segunda tanda de gira después del verano. Volveremos a los sitios más guais, y la gira se llamará así: los sitios más guais. Y espero que León esté entre esos sitio, claro, pero lo veremos [risas].