La primera vez en el Reino de una niña para ver a la Cultural: no sé si le impactó más Lucas Ribeiro o que haya personas sin techo viviendo en la fachada
Este sábado llevaba por primera vez a mi hija mayor al Reino y quería juntar unas líneas para recordarlo. El amigo Javi Calvo, en otra vida jefe de un becario de 19 años en la legendaria sección de deportes de La Crónica, me abre las puertas del Heraldo de León para acoger este intento de mitigar las ganas de escribir para quien ha dejado de ejercer, que no de sentir, el oficio de periodista.
Martina ve fútbol conmigo. Su madre asegura que lo hace por compartir tiempo con su padre. Quiero creer que de verdad le gusta. ¿Es futbolera? Yo diría que sí. Lo va disfrutando y sufriendo, sobre todo lo segundo, en clave culturalista. Uno se esfuerza en comentarle situaciones, movimientos y sobre todo comportamientos, confiando en que al menos aprenda la parte más humana, honorable y deportiva de este deporte. Por ejemplo, los jueguitos con el balón del 17 de la Real, Lander Astiazaran, antes de un córner a favor, sobraban. Y no hizo falta explicárselo.
El calentamiento a medio gas de Ribeiro en la banda, el bocadillo de chorizo, su abuelo al otro lado de la grada, su primo sirviendo en la barra, los compañeros de su padre en las cabinas, Magín a escasos metros…
En el estadio todo se ve y siente mejor. El calentamiento a medio gas de Ribeiro en la banda, el bocadillo de chorizo, su abuelo al otro lado de la grada, su primo sirviendo en la barra, los compañeros de su padre en las cabinas, Magín a escasos metros… Y ese silencio cuando el equipo no acompaña. Pero también se puede perder mucho a poco que uno se despiste. No vio el gol de Carbonell, 0-1. En cambio, de los últimos veintipico minutos no se perdió ni un pase.
Otra de las cosas que molan cuando vas al campo es la gente que te toca alrededor. Nos sentamos delante de un chico que tenía un parecido asombroso con Hinojo. Correcto, era su hermano. Allí estaba también su padre, Miquel. Sufrieron con la primera parte, pero no dijeron ni mú del cambio. Vivieron el partido entregados, más allá de que Roger estuviera o no en el césped. Otra lección para Martina.
Ella se alegró de ver más niñas como ella en la grada, de que Aitana ganara el concurso al descanso de dejar el balón cerca de la bandera de Hyunday y sobre todo del empate, claro que sí.
Si le preguntamos a ella qué le decía su padre, se chivará que mejor Tresaco que Manu en punta (a la espera de que se recupere Sobrino, el mejor ‘9’ de esta Cultu), que Bicho no pica, que Mboula tiene más nombre que juego, que Ojeda con Selu es más Ojeda y que qué orgullo tener un capitán de la tierra en el centro de la defensa. Imposible no acordarse de Santi Santos.
Ella se alegró de ver más niñas como ella en la grada, de que Aitana ganara el concurso al descanso de dejar el balón cerca de la bandera de Hyunday y sobre todo del empate, claro que sí. Uno siempre había sentido envidia de esas imágenes de padres e hijos abrazados en la grada celebrando un gol de su equipo. Nosotr@s ya tenemos el nuestro. Además, dice que la bolsa de chuches que llevó fue talismán, porque cuando las sacó del bolso y las tuvo en la mano coincidió con el rugido de la Cultu, que no ganó de milagro. Ya le he dicho que las guarde para Andorra.
“Pues hoy soy un poco más de la Cultu”, dijo al salir, flipando con cómo Ribeiro levantó el partido (si se queda y se pone en forma habrá salvación, no se recuerda un jugador tan diferencial visitando la blanca) y también con que al entrar al estadio viera a dos hombres instalados debajo de la grada, dos personas sin techo que se cobijan del frío en la fachada del estadio. Aquí a uno se le congela el alma y se queda sin palabras. Estoy seguro de que esa imagen tampoco se le olvidará en un tiempo.