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DÍA DEL REFUGIADO

Aboubacar, Diaa Eddin, Celis, Albina y Mousa quieren empezar de nuevo en León

Aprender el idioma, entender el sistema o sanar emocionalmente marcan el camino hacia una integración en la que el trabajo y la vivienda son pilares fundamentales para recuperar la estabilidad y empezar de nuevo | El Programa de Protección Internacional (PPI) de San Juan de Dios de León ha acompañado en 2025 a 419 personas —366 en fase de acogida y 53 en fase de autonomía— de 35 nacionalidades diferentes

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El Programa de Protección Internacional (PPI) de San Juan de Dios de León ha acompañado en 2025 a 419 personas —366 en fase de acogida y 53 en fase de autonomía— de 35 nacionalidades diferentes.

Dejar atrás un país, una familia, una trayectoria entera para adentrarse en un lugar desconocido con el peso de lo vivido a cuestas. Así comienzan muchas de las historias que cada día acompañan los profesionales del Programa de Protección Internacional (PPI) del Hospital San Juan de Dios de León, un recurso que va mucho más allá de ofrecer techo y manutención: es un espacio donde empezar de nuevo.

En el Día Mundial de las Personas Refugiadas, que se celebra cada 20 de junio, y en el año en que se conmemora el 75º aniversario de la Convención de Ginebra de 1951, cinco trabajadores del programa y cinco personas solicitantes de asilo ponen voz a ese recorrido largo, complejo y profundamente humano que es reconstruirse lejos del hogar. Porque, como recuerdan desde San Juan de Dios, las personas refugiadas no solo huyen de conflictos o persecuciones, sino también de la pérdida de todo aquello que daba sentido a su existencia.

Recuperar las riendas del futuro

Trabajar es uno de los primeros pasos para dejar atrás la incertidumbre. Conchy Anta, orientadora laboral del programa, lo tiene claro: el objetivo es “favorecer la integración sociolaboral en igualdad de oportunidades” a través de la formación, la mejora de competencias y la ayuda en la búsqueda de empleo.

Aboubacar Sylla, de Guinea Conakry, lo vive en primera persona: “Nos ayudan a encontrar un puesto de trabajo, a redactar el currículum y a prepararnos para las entrevistas”, explica agradecido. Tras completar varios cursos, entre ellos el de operario de almacén, está a punto de dar un paso decisivo: “El miércoles voy a empezar en una tienda de Zara. Estoy esperando la llamada”. “Soy joven, tengo ambiciones. Necesito trabajar para cumplir mis objetivos”, asegura. Porque el empleo, aquí, no es solo un salario, sino autonomía, estabilidad y la posibilidad real de construir un futuro.

El Programa de Protección Internacional (PPI) de San Juan de Dios de León ha acompañado en 2025 a 419 personas —366 en fase de acogida y 53 en fase de autonomía— de 35 nacionalidades diferentes.
El Programa de Protección Internacional (PPI) de San Juan de Dios de León ha acompañado en 2025 a 419 personas —366 en fase de acogida y 53 en fase de autonomía— de 35 nacionalidades diferentes.

Entender el sistema para no perderse

Cuando se aterriza en un país nuevo, sin conocer el idioma ni el marco legal, cada trámite puede convertirse en un obstáculo dentro del laberinto llamado burocracia. José María Lucas, abogado del PPI, centra su labor en algo esencial: “Ayudarles a entender sus derechos y obligaciones para encauzar su camino con seguridad”.

Desde Siria, Diaa Eddin Al Hasan recuerda ese respaldo inicial: “Chema me ha ayudado con la residencia y con todos los documentos”, precisa sobre una labor que le ha permitido comprender cómo regularizar su situación y empezar a dar pasos firmes.

Sanar las heridas invisibles

Pero no todo son trámites o empleo. Muchas de estas personas arrastran experiencias extremadamente duras. La psicóloga María Jesús Zapata trabaja con ese dolor invisible. Su objetivo es “acompañar a la persona en la reconstrucción de su bienestar emocional” tras la guerra, la persecución o la pérdida, y dar sentido al llamado duelo migratorio, esa ruptura con el país, la cultura y los vínculos.

Celis Mendoza, de Venezuela, pone palabras a ese proceso: “Dejar atrás a la familia, a todo… es muy difícil. Duele en el alma”. Tras un año en León, reconoce que el apoyo psicológico ha sido clave: “Las palabras adecuadas en el momento exacto te levantan el ánimo y te ayudan a seguir adelante”. Especialmente en su caso, junto a su hijo, en un camino en el que —reconoce— aún le queda mucho por recorrer.

El idioma como puerta de entrada

Si hay una herramienta determinante para la integración, esa es el idioma. “El español es el primer paso”, resume la profesora Andrea Durán.

Albina Hurko, procedente de Ucrania, llegó hace once meses y desde entonces no ha dejado de formarse. Acude a clases de lunes a viernes y complementa su aprendizaje con aplicaciones, vídeos y lectura.

Gracias a ello, ha ganado independencia: “Ahora puedo ir al médico, a Hacienda o a otros sitios sola”. Conocer la lengua le ha dado, en sus propias palabras, “más libertad” y la posibilidad de desenvolverse sin depender de nadie.

El Programa de Protección Internacional (PPI) de San Juan de Dios de León ha acompañado en 2025 a 419 personas —366 en fase de acogida y 53 en fase de autonomía— de 35 nacionalidades diferentes.
El Programa de Protección Internacional (PPI) de San Juan de Dios de León ha acompañado en 2025 a 419 personas —366 en fase de acogida y 53 en fase de autonomía— de 35 nacionalidades diferentes.

Una vivienda para sentirse en casa

El último pilar es, muchas veces, el más determinante: la vivienda. Carmen Núñez, técnica del programa, define el PPI como “un puente entre la supervivencia y una integración real”, en el que contar con un hogar seguro es fundamental para construir un proyecto de vida.

Mousa Niang, de Senegal, lo sabe bien. Vive en el centro de León con su hijo de dos años y otros dos compañeros del programa. Desembarcó en España hace algo más de un año y recuerda aquel momento con claridad: “Estaba contento, un poco nervioso”. Hoy su balance es rotundo: “Todo muy bien. La gente, la casa, los vecinos… todo”. Su vivienda es mucho más que un lugar donde dormir: es el punto de partida de una nueva etapa.

Una labor que va más allá de la acogida

El Programa de Protección Internacional de San Juan de Dios, financiado por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y en marcha desde 2019, ofrece un acompañamiento integral durante todo el proceso: desde la primera acogida hasta la ansiada autonomía.

En la actualidad, cuenta con el centro de La Fontana, en el barrio de Armunia, con 86 plazas, a las que se suman otras 50 repartidas en ocho pisos de acogida. A lo largo de 2025, el programa ha dado soporte a 419 personas —366 en fase de acogida y 53 en fase de autonomía— de 35 nacionalidades diferentes.

Un modelo que permite que las personas “encajen todo lo vivido” y transformen el trauma en oportunidad. Porque la realidad del refugio no termina al cruzar una frontera: continúa en cada entrevista de trabajo, en cada papel resuelto, en cada palabra en español que cuesta pronunciar. Detrás de cada historia hay pérdidas, sí, pero también una enorme capacidad de resiliencia. Y, sobre todo, una oportunidad: la de volver a empezar.