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365 leoneses | Isidro López, jubilado

"Empecé a trabajar con 12 años y aprendí a dar con una mano mientras recibía con la otra"

Isidro López, que comenzó a trabajar con 12 años y llegó a convertirse en empresario y jefe comercial de banca, recuerda una vida marcada por la falta de oportunidades, el esfuerzo y la capacidad de aprender de cada trabajo | Sin títulos, pero con oficio; sin grandes cargos, pero con una vida entera dedicada a aprender y a dar. Isidro López, leonés de origen humilde, convirtió la necesidad en trabajo, el trabajo en vocación y la vocación en una forma de entender la vida | Su historia atraviesa la banca, las ventas y el voluntariado, pero sobre todo habla de aquello que no aparece en ningún currículum: lo que uno hace con lo que ha aprendido.
El leonés Isidro López.

Desconozco si los lectores se saben la historia del portero del local de alterne, una historia del escritor Jorge Bucay. Es una historieta, para algunos algo simplona, que refleja la vida de alguien sin estudios que se convierte en un emprendedor de éxito. Esa historia empieza en un local de alterne, donde el portero (que en este caso no es Isidro) ha acabado en ese trabajo por no tener ningún estudio. Resulta que de un día para otro la dirección del local cambia y las aspiraciones del jefe obligan al portero a redactar las opiniones de 1 de cada 5 clientes que entran en busca de sus servicios. Esto, finalmente, provoca su despido, ya que el portero ocupaba ese puesto por el hecho de no haber tenido las posibilidades materiales de estudiar y sacarse los títulos necesarios para aspirar a más, o por lo menos escribir o leer, lo que generó el problema cuando el nuevo jefe le hablo de dejar las opiniones apuntadas.

Sus años de permanencia en la empresa no sirvieron de nada. Un día de aburrimiento en el que nuestro protagonista mataba el tiempo viendo algún documental de la 2, descubrió al abrir la puerta de su casa la preocupada expresión de uno de sus vecinos que, por estar hasta arriba de trabajo, no tenía tiempo de ir hasta el pueblo de al lado a por un taladro, donde se encontraba la única ferretería de la zona. En esa historia figurada en la mente de Bucay, el ex-portero le prestó el suyo, pero al ver que más de uno de sus vecinos tenía necesidad de alguna herramienta empezó a ir a la ferretería a comprar para luego prestar por un cierto precio. La idea fue potentísima, lo que le llevó a abrir su propia ferretería en su pueblo, luego en otro cercano, luego en otro más... así hasta crear una franquicia ferretera por todo el país. Años más tarde, en una entrevista para la televisión, el reportero le preguntó: "hemos sabido por usted que no sabe ni leer ni escribir, pero que aun así ha conseguido levantar un imperio de la nada ¿Qué sería de usted si hubiera tenido la posibilidad de estudiar?". A lo que el empresario contestó: "pues sería portero de un local de alterne".

"Ni leña para encender el fuego"

Si preguntas a Isidro "qué sería de usted si hubiera tenido algún título", te reprochará que le estés hablando de usted con un "¿cómo has dicho?" y te pedirá que le tutees, pero si siguieras buscando la respuesta a esa pregunta terminarías descubriendo que ya te la habría contestado con la primera bronca.

A pesar de que él diga que no es "nada especial ni del otro mundo" y que no hay que ver "ni nada especial ni de mérito" en su historia, es una de las personas que más me han hecho replantearme mis propios duelos y que más me han hecho reflexionar acerca de mi futuro profesional. Desde pequeño Isidro fue más maduro que todos nosotros. Su padre falleció cuando él tenía dos años, dejando a una madre embarazada y a dos hijos en una pequeña casa de un pequeño pueblo minero de la provincia. "No teníamos ni leña para encender el fuego" y "la vivienda no era nuestra ni estaba para vivir en ella", explicaba el leonés. Posteriormente se trasladó toda la familia a León aprovechando un empleo que había conseguido la madre en el Hogar Infantil Minero, para huérfanos, en el barrio de Pinilla.

Cuando él empezó a estudiar en la escuela de los Hermanos Maristas en la calle Dámaso Merino, un centro para gente con pocas posibilidades, tenía que ir desde los 9 hasta los 13 años andando (más de un kilómetro) desde su casa, ahora en la carretera de Zamora. Isidro recuerda anécdotas como secarse los zapatos en la antigua calefacción de San Isidoro para matar el tiempo en el descanso para comer que les dejaban a los niños, donde algunos iban a casa y otros como él tenían que ir a un comedor de auxilio social.

"¡Pero tú estás loco!"

A los 12 años, Isidro no podía soportar ver todos los días a su madre sufrir mientras cargaba con el peso de toda una familia ella sola, así que decidió buscar trabajo. Bodegas Armando, por ejemplo, le hizo una prueba para trabajar ya con esa edad. Esta consistía en superar una serie de pruebas matemáticas simples, que al conseguir aprobar, le permitieron optar a ir a un pueblo a hacer diferentes labores, aunque no fueran descargar camiones de uva, como inocentemente aquel chaval buscaba. La reacción de su madre fue universalmente válida para cualquiera al que le cuentas eso, por lo que, lejos de extrañar a nadie, cada uno de nosotros podemos escuchar con la voz de nuestra propia madre ese "¡Pero tú estás loco!" que aquel niño ya tuvo que oír en aquella situación.

La madre de Isidro ha sido una figura muy importante en su vida, sacando de ella un carácter y una percepción de la moralidad muy grandes y que relucen en el leonés con orgullo. De hecho, 1 año después, cuando ya tenía 13 años, trabajó unos meses en una imprenta donde le daban "205 pesetas a la semana, que traducido a euros era 1 euro y pico", pero al haber aprobado el examen de acceso a la universidad laboral su madre le empujó a dejar el trabajo e ir a estudiar. Pasó 3 años allí, en Zamora, haciendo la rama de mecánica. Mas adelante volvió a León con 16, donde continuó en maestría para intentar obtener el título de oficial.

El primer año quiso convalidar su tiempo trabajando, terminando finalmente en la clásica ferretería de Ordoño II Ridruejo. Tras la mili dejó Ridruejo, trabajó unos meses en Martín Granizo y luego se aventuró a lo que más tarde se convertiría en su profesión vocacional: las ventas.

La primera venta y la primera ventana

Con 23 años, Isidro vio un anuncio en el periódico que le cambiaría la vida. La empresa de chocolates Elgorriaga buscaba un vendedor y el leonés "de chocolate sabía mucho porque lo había comido", decía entre risas. Aun así, ni eso ni la falta de títulos importaron demasiado, pues terminó estando allí casi 5 años.

Después, se juntó con unos cuantos amigos para intentar conseguir aunque fuera el título de graduado escolar, por lo que fueron todos juntos a La sindical de Pinilla. Tras terminar de sacarlo, con 28 años y llegando a León el Banco Atlántico, Isidro intento probar suerte apuntándose para la plaza de ordenanza. A pesar de no tener estudios entró al mundo de la banca, en el que tras pocos años ya había conseguido llegar a ser jefe comercial. Tras la compra por parte del Sabadell, la cartera de clientes que había firmado era la prueba de que el Herrero acababa de conseguir un activo de alto valor: el vendedor de León.

Aún con ello, 32 años después, tuvo que marchar.

“Hacer socios”

La vida del leonés, tras dejar el banco, tuvo un giro de 360º, no de 180, porque habiendo entendido que era "un vendedor de vocación", decidió usar sus habilidades para obtener socios para Caritas. "Soy un vendedor. En el banco vendía productos y servicios y en Caritas vendía a Caritas", explicaba. Se puede observar la excelencia en el trabajo de Isidro en los resultados que obtuvo, habiendo conseguido una gran cantidad de donantes que aportaban anualmente importantes ayudas para la organización y, por lo tanto, para los más necesitados.  

Aun con esto, no solamente usaba las habilidades que descubrió que tenía en Elgorriaga y que desarrolló hasta el máximo en sus años de banca, sino que cada paso que daba, ayudando, hacía visibles aquellas pequeñas aportaciones que él pudo hacer en los diferentes trabajos que desde los 13 años buscó. Desde montar estanterías ayudado de gente del centro de inserción social (CIS), donde pudo poner en práctica lo aprendido en la ferretería del número 9 de Ordoño; hasta dormir en un centro de acogida de mujeres; y pasando por obtener un descuento, del 15%, en la compra de todos los libros de texto para las familias con dificultades, seguramente movido por su propia experiencia. Isidro a parte de haber pasado por Caritas, también estuvo en el Banco de alimentos, apoyando 4 veces al año con la gestión del reparto de alimentos provenientes de Europa (FEGA). De aquí me resultó muy bonita una frase que dijo: “dar con una mano mientras se recibe con la otra”.

Creo que eso representa bastante bien la forma de actuar del leonés. Él, queriendo ayudar a su familia, buscó trabajo, pero no le bastó con entregarse a fondo en ellos para dar todo lo que recibía, porque a pesar de esto todavía le quedaba una cosa que no había dado: lo aprendido. En su paso por Caritas se dejó la piel al completo, dando todo de sí, y enseñando en el proceso a mujeres, hombres y niños a dar. Alguno podrá decir que de esa experiencia seguramente se llevaría algo y por esa regla de tres ahora tendría que darlo. Siento decir que Isidro ya se adelantó a esto cuando me dijo bien claro: “Caritas se vende muy fácil, lo que coge (con una mano) Caritas es para dárselo a los demás. Caritas no se queda nada nunca”.

Caritas en latín y la historia de Jorge Bucay

¿Puede uno aprender a ser bueno?  Esta pregunta resulta mucho mas atractiva que las formulaciones que hace el contractualismo de Hobbes o Locke o incluso Rousseau. Sea el hombre bueno o malo para sí mismo, para otros, para el mundo, para nada o para todo; saber si uno mismo puede ser mejor persona es una carga que a veces pesa mas de lo que parece. Isidro vendió muchas cosas, pero cuando tocaba vender a Caritas no podía hablar solo de la solidaridad y la beneficiencia, sino del amor.  Caritas, en latín, significa amor.

Un hecho que representa esa virtud de entrega total y del reconocimiento del otro como un igual, como un hermano que descarriado puede volver a enderezarse, como una persona, como alguien que no puede ser catalogado vagamente como malo o como bueno, como alguien que falla.  La manera en la que el leonés hace las cosas viene de la respuesta a la pregunta con un no. No se puede aprender a ser bueno. Se puede probar la bondad. Isidro sabe lo que es bueno y lo que es malo, pero actúa movido por el amor y la bondad que ha saboreado desde pequeño. Saborear no deja de ser saber a qué saben las cosas. Que curioso que, supuestamente, no era suficiente con haber probado mucho el chocolate para poder venderlo. Es realmente curioso.

El portero del local de alterne 

En confianza, el leonés confesó que en el banco muchas veces le ofrecieron dirigir un equipo. Algo que solo le permiten a los mejores. He empezado a hablar de Isidro como el figurado portero del local de alterne, pero creo que no hay persona que conozca que rechazaría tanto esa escalada a lo alto como él. Por lo que creo ya haber hablado demasiado bien, así que, ahora, toca describirle como él hace, es decir, como “álguien que anda en bicicleta”.