"Estar en The Nova 111 es una oportunidad para formar parte de espacios donde se toman decisiones importantes"
A Lucía Cañas Fuertes nunca le han convencido demasiado las explicaciones simples. Quizá por eso, a sus 24 años, la leonesa ha terminado construyendo una trayectoria poco habitual para alguien de su edad: investigación, derechos humanos, cooperación internacional, embajadas y una idea fija que atraviesa todo lo que hace. “Nunca me ha interesado únicamente entender el mundo, sino participar activamente en cómo cambia”, resume.
Esa forma de mirar la realidad acaba de llevarla a entrar en The Nova 111, la lista Nova Talent 2026 que reconoce a algunos de los jóvenes con mejor expediente y mayor proyección del país. Un reconocimiento importante, sí, pero que Lucía prefiere leer de otra manera. “Estar en The Nova 111 es mucho más que un reconocimiento”, explica. “Lo entiendo como la oportunidad de formar parte de una red de personas que empiezan a posicionarse en espacios donde se toman decisiones importantes”.
Una trayectoria con intención
Lucía tiene muy claro que nada de lo que ha hecho hasta ahora ha sido casualidad. “Cada paso he intentado construir un perfil que conecte investigación, política pública y experiencia institucional”.
A su edad, ya ha pasado por espacios donde se debaten cuestiones que afectan a millones de personas. Ha trabajado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en la Dirección General de Políticas de Desarrollo Sostenible del Ministerio de Asuntos Exteriores, en la Embajada de España en Lima o en el Consulado General de España en Shanghái.
Pero si algo atraviesa toda su trayectoria son los derechos humanos, las migraciones y los estudios de género. “Siempre me ha interesado cuestionar estructuras que muchas veces damos por sentadas”, cuenta. “Me interesa trabajar en problemas complejos, donde no existen respuestas fáciles”.
La universidad donde empezó todo
Aunque hoy su currículum acumula instituciones internacionales, Lucía sitúa uno de los grandes puntos de inflexión de su vida en las aulas de la Universidad Carlos III de Madrid, donde estudió el doble grado en Estudios Internacionales y Ciencias Políticas, además de un minor en Sociología.
Allí empezó a trabajar como asistenta de investigación en el 'Discrimination & Inequality Lab (D-Lab)', un espacio centrado en estudiar cómo factores como la etnia, el género o el fenotipo condicionan las oportunidades laborales de los migrantes de segunda generación.
“Aquella experiencia marcó profundamente mi forma de entender las instituciones y la política pública”, explica. “Ver cómo las estructuras de poder afectan a las personas sembró la primera semilla de lo que soy hoy”, afirma.
La universidad, asegura, fue mucho más que una formación académica. “Fue un espacio donde aprendí a combinar exigencia, pensamiento crítico y experiencia práctica”.
México, el punto de inflexión
Si hay una experiencia que Lucía recuerda como especialmente transformadora, esa tuvo lugar en México. Allí trabajó en la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, dentro del departamento de espacio cívico, encargado de proteger el derecho a la libertad de expresión. “Comprendí de forma muy directa hasta qué punto los derechos humanos siguen siendo frágiles en muchos contextos”, recuerda. “La defensa de la libertad de expresión sigue siendo una pieza esencial para sostener cualquier democracia”.
Más allá de lo profesional, aquella experiencia le permitió comprobar el impacto real de las instituciones internacionales cuando trabajan sobre el terreno. “Transformó profundamente mi forma de entender cómo las instituciones pueden cambiar vidas”.
Historia para entender la actualidad
Actualmente, Lucía investiga en el Instituto de Historia del CSIC gracias a una beca JAE Intro, dentro de un grupo de investigación especializado en el Gran Caribe y el mundo atlántico desde el siglo XVI.
Un trabajo que, lejos de quedarse en el pasado, conecta directamente con las desigualdades del presente. “Para mí, no es solo historia; es una herramienta para descifrar por qué el mundo actual sigue siendo profundamente desigual”. Procesos como la expansión europea, la esclavización de poblaciones africanas o la construcción de desigualdades atravesadas por la raza, el género o la clase forman parte de una investigación que, según explica, ayuda a entender muchos de los conflictos contemporáneos.
La próxima parada: la Carrera Diplomática
Después de pasar por embajadas, consulados y organismos internacionales, Lucía ha tomado una decisión muy clara: opositar a la Carrera Diplomática.
Dentro de unos meses comenzará una etapa que define como un “giro de 180 grados” en su vida. Y tiene muy claro el motivo. “Creo profundamente en el derecho consular como la primera línea de defensa del ciudadano en el exterior”, asegura. “Y en la diplomacia como una herramienta esencial para construir un orden internacional más justo”.
Además, considera que el mundo necesita nuevas formas de ejercer la política exterior. “La diplomacia del siglo XXI no solo necesita tecnócratas, sino voces capaces de entender la desigualdad, las migraciones, los derechos humanos o los conflictos internacionales desde una mirada compleja”.
También reivindica el liderazgo femenino en espacios de poder. “Las mujeres debemos ocupar y liderar los lugares donde se toman las grandes decisiones. No basta con estar presentes; necesitamos transformar las estructuras desde dentro”.
León siempre está presente
Lucía sabe que si consigue su objetivo su vida estará marcada por aeropuertos, mudanzas y ciudades distintas. América Latina, una región con la que mantiene una conexión muy profunda, ocupa ya un lugar importante en su horizonte profesional.
Pero cuando habla de León, la conversación cambia de tono. “Quienes nos vamos de León nunca nos vamos del todo”, dice. Habla de pueblos que se vacían, de jóvenes que marchan buscando oportunidades y de esa sensación compartida de tener que construir el futuro lejos de casa. “Me duele ver cómo tantos jóvenes sienten que tienen que irse para poder construir un futuro”, admite.
Aun así, insiste en que hay algo que nunca desaparece. “León siempre será mi carta de presentación”, afirma. “Mi manera de entender el esfuerzo, la cercanía y el compromiso nace precisamente de esta tierra”, concluye.