"Me fui a Escocia en plena pandemia y seis años más tarde no me planteo volver a casa"
Con 18 años, Ana Nevares hizo las maletas y se marchó a Escocia en plena pandemia, cuando las restricciones cambiaban cada pocas semanas y la incertidumbre era la norma. No conocía a nadie y tampoco tenía del todo claro cómo sería su vida allí. “Tuve suerte porque me mudé entre dos oleadas y todavía se podía viajar”, recuerda. Cinco años después, aquella leonesa que aterrizó en Edimburgo sin apenas referencias vive en Bristol y trabaja como ingeniera estructural en una multinacional, y si mira atrás lo tiene claro. “Fue una de las mejores decisiones que he tomado”.
Entre números y dibujos
Nacida y criada en León, estudió hasta Bachillerato entre Maristas y Legio, y durante años convivieron en ella dos intereses que no siempre encajaban entre sí. “Siempre me gustaron mucho las matemáticas, pero también me fascinaba dibujar”, explica. Esa mezcla la llevó a dudar durante bastante tiempo sobre qué camino tomar después del Bachillerato, pero más allá de la carrera había otra idea que iba ganando fuerza: salir al extranjero.
La búsqueda que lo cambió todo
Con 16 años empezó a investigar por su cuenta. “Empecé a buscar qué opciones había para irse fuera y si había alguna manera de hacerlo sin que costara un riñón”, cuenta. Aquella búsqueda acabó abriéndole una puerta inesperada. “Encontré unas becas en Escocia que cubrían la totalidad de los estudios universitarios”. La decisión fue clara, y terminó encontrando una carrera que combinaba sus dos intereses, ingeniería estructural y arquitectura.
En septiembre de 2020 se instaló en Edimburgo, en pleno COVID, con restricciones, confinamientos intermitentes y una universidad muy distinta a la que había imaginado. “Era todo bastante raro al principio, con 'lockdowns' constantes”, recuerda, aunque poco a poco fue adaptándose a una vida completamente nueva.
Baloncesto, trabajo y vida nueva
Durante sus años en Escocia, el baloncesto fue una constante, formando parte del equipo de la universidad durante toda la carrera. “Siempre he jugado y allí me ayudó muchísimo a conocer gente”, dice. También compaginó los estudios con trabajo en un restaurante japonés durante tres años. “Iba un par de días a la semana. Me ayudaba a desconectar y a tener otra rutina fuera de la carrera”.
Empezar de cero otra vez
Tras cinco años en Edimburgo llegó el final de etapa con la graduación en 2025, pero casi al mismo tiempo empezó otra carrera, la laboral. Sabía que quería quedarse en Reino Unido y el proceso de búsqueda de empleo fue largo y exigente. “Buscar trabajo aquí es como un deporte de riesgo”, resume. Las solicitudes empezaban meses antes de terminar la universidad y las respuestas no siempre llegaban. Finalmente apareció una oportunidad en Arcadis, una empresa internacional de ingeniería, y el destino fue Bristol. “Nunca había estado aquí ni conocía a nadie”, reconoce.
El cambio volvió a repetirse. Nueva ciudad, nuevas personas y una vida que volver a construir desde cero. “Al principio cuesta un poco porque no tienes a nadie, pero poco a poco vas haciendo amigos y te vas asentando”, explica. Y aunque ya ha pasado por ese proceso más de una vez, admite que nunca es del todo sencillo.
Mirar lejos sin perder León
Hoy, desde Bristol, mira hacia atrás sin perder el vínculo con León. “Mis padres están allí y mi hermana también, así que nunca se sabe qué pasará”, dice. Por ahora no se plantea volver. “En un futuro cercano no me lo planteo”. Y así, entre mudanzas, estudios, trabajo y nuevas ciudades, Ana ha ido construyendo una vida lejos de casa que empezó casi sin plan fijo y que hoy ya suma dos países, varias etapas y una idea clara: volver a empezar no le asusta.