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Lucía Fontanilla, la leonesa que persigue el sueño artístico de Broadway desde Nueva York

Entre aulas, estudios y una ciudad que nunca se detiene, la joven afronta el reto de formarse en la cuna del teatro musical mientras construye un hogar lejos del suyo

A sus 23 años, Lucía Fontanilla Flores ha dejado atrás León, Madrid y una incipiente carrera profesional en los escenarios españoles para embarcarse en una aventura que nunca imaginó tan pronto: dos años de formación en la American Musical and Dramatic Academy (AMDA) de Nueva York, gracias a una beca 'Fullbright' que define como “el regalo de mi vida”.

Su historia no es la de un éxito inmediato, sino la de un viaje lleno de decisiones valientes, renuncias y una convicción que creció con los años. “No sé si dentro de dos años estaré trabajando en Broadway”, confiesa. “Pero sí sé que este es el camino que quiero recorrer”.

El comienzo en el mundo de la danza

Lucía nació en León el 23 de octubre de 2002 y comenzó en el arte casi por casualidad. “Empecé a bailar porque tenía los pies planos”, recuerda. Aquella recomendación médica acabó siendo la puerta de entrada a su vida artística.

Formada en la academia Coppelia, la danza marcó su infancia y adolescencia. Ballet, danza contemporánea, flamenco… La disciplina y el autoconocimiento corporal que encontró en el estudio se convirtieron en la base sobre la que hoy se asienta su carrera como actriz.

Aunque siempre fue una estudiante de ciencias y llegó a plantearse estudiar Medicina, la pandemia alteró por completo sus planes. “La pandemia me descubrió que quería vivir mi vida”, afirma. Y a ese giro vital se sumó el empujón definitivo: “Fueron mis padres quienes me animaron a tomar un camino poco común”, recuerda.

La decisión que lo cambió todo: presentarse a la RESAD

En 2020, sin haber hecho teatro ni siquiera en el colegio, Lucía decidió audicionar para la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD). Su madre fue quien rellenó la prescripción, y su intuición no falló: Lucía fue seleccionada en una escuela pública donde cada año solo unos pocos logran entrar.

Durante los siguientes cuatro años, se formó en Interpretación Musical, una disciplina que integraba sus tres mundos: la actuación, la danza y el canto.

Pero el camino no fue sencillo. “Tenía un síndrome del impostor terrible. Venía de un bachillerato de ciencias, solo sabía bailar”, explica. Todo cambió con un proyecto interno en segundo curso, 'Kellys', donde interpretó uno de los personajes principales. “Ahí supe que esto era lo que quería hacer. Fue la primera vez que sentí que mi sitio estaba en un escenario”.

Los primeros pasos: teatro 'off', compañías pequeñas y una vida dedicada a crear

Tras graduarse en 2024, Lucía no tardó en encontrar trabajo: se incorporó al musical 'Bodas de sangre', producido por King Entertainment. Ese primer proyecto le abrió la puerta a otros trabajos en el teatro madrileño, especialmente en el circuito off, donde descubrió la cara menos visible pero más esencial de la profesión.

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Lucía Fontanilla actuando en el musical Bodas de Sangre. Foto: Fernando Huete.

"El teatro no es solo la Gran Vía"

“El teatro no es solo la Gran Vía. También está el teatro pequeño, el de las compañías con pocos recursos y muchos sueños. Yo he vivido de eso”, explica. En ese ecosistema estrenó obras como 'Pildoritas', de Raquel Pardos, y colaboró con la compañía 'Zapatos de Papel'.

Para ella, esos meses fueron reveladores: “Da igual el lugar, da igual la obra. Lo importante es tener un guion entre las manos”.

La beca que no esperaba y el salto a Nueva York

En la primavera de 2025, una de sus profesoras, Cristina Bernal, animó a la antigua promoción a audicionar de nuevo para la beca 'Fullbright' de AMDA, que cubre matrícula y alojamiento durante dos años en Nueva York. Lucía ya se había presentado el año anterior sin éxito. Esta vez, dudaba. Venía de una temporada intensa de audiciones en Madrid y el cansancio emocional pesaba.

Fue su hermana quien la empujó a no dejar pasar la oportunidad. Y volvió a ocurrir: la intuición familiar acertó. “Cuando me dijeron que me habían seleccionado, pensé: ‘No puedo decir que no’. ¿Quién tiene la oportunidad de venirse dos años a Nueva York a estudiar para entrar en la industria de Broadway?”, relata.

En agosto, Lucía hizo las maletas, renunció a sus trabajos en España y aterrizó en la ciudad que define como “una bomba de energía”. Allí la esperaba un amigo y antiguo compañero de clase, Luismi, que había recibido la beca el año anterior y se convirtió en su “cachito de casa a 6.000 kilómetros”.

Entrenar para Broadway: una vida entre aulas, estudios y esfuerzo constante

Su día a día en Nueva York es un maratón artístico. Ballet, jazz, claqué, theater dance, técnica vocal, interpretación, speech para perfeccionar el acento… De lunes a sábado, todo está orientado a prepararse para la industria. “Es demandante en todos los sentidos. Físico, mental, vital. Pero no hay otra manera de hacer esto si no estás completamente convencida”, asegura.

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Lucía Fontanilla entrenando en Nueva York.

Los profesores de AMDA, muchos de ellos en activo en Broadway, la ponen frente a un nivel profesional que, según dice, la obliga a superarse cada día. El segundo año del programa será clave: será entonces cuando entre en el circuito de audiciones oficial de la industria estadounidense.

Un futuro abierto, entre Nueva York y la memoria de León

Aunque Lucía no sabe dónde estará en dos años, admite que una parte de ella ya siente Nueva York como casa. “Hay algo en mí que me pide quedarme una temporada larga”, confiesa.

Y, aun así, no olvida su ciudad. Desde la distancia, mira a León con cariño, pero también con una reivindicación clara: “Si quisiese vivir de esto, no podría volverme a León. Y eso me parece triste. Tenemos un auditorio maravilloso que podría acoger mucho del teatro que se hace en Madrid. Ojalá León apueste más por sus artistas”, comenta.

Hoy, su historia sigue en construcción. A un pasito de que sea un relato de éxito rotundo, a día de hoy es el de una artista que ha decidido apostar todo por un sueño que exige paciencia, entrenamiento y fe.

Un sueño que, desde una academia en Nueva York, late con fuerza: audicionar para Broadway y dedicarse a lo que más ama en el mundo: ser actriz.