"Salir de León me hizo sentir todavía más el orgullo de dónde vengo y valorar lo que tenemos"
Cuando Blanca Valencia se marchó a Madrid para estudiar no tenía del todo claro si aquel camino era exactamente el suyo. Había ganas de vivir la experiencia universitaria fuera de casa, de descubrir nuevas oportunidades y de probar suerte en una ciudad llena de posibilidades, pero también muchas dudas. “Me vine un poco sin saber si era lo que me apetecía o si era realmente lo mío”, reconoce.
Finalmente, acabó instalándose en la capital para estudiar el doble grado de Estudios Internacionales y Economía en la Universidad Carlos III, una decisión en la que también pesó el hecho de tener familia allí y las oportunidades que ofrece Madrid a la gente joven. “Es una ciudad con mucha oferta para estudiar y para esta etapa de vida”, explica.
A día de hoy, además de sus estudios, Blanca realiza prácticas en la Empresa Nacional de Innovación (ENISA), una experiencia profesional con la que se muestra “muy contenta”. Pero si algo tiene claro es que la distancia no ha debilitado su vínculo con León. Más bien al contrario.
El orgullo de sentirse de León
“Creo que toda la gente que salimos de una ciudad más pequeña y venimos aquí nos vemos potenciados por ese sentimiento de pertenencia”, reflexiona. Porque si algo ha aprendido viviendo fuera es que marcharse le ha servido para entender mejor quién es y de dónde viene. “Te vuelves más arraigado a donde eres, pones más parte de tu personalidad en tu ciudad y llevas contigo el orgullo de compartir de dónde vienes”, asegura.
Y si además el origen es León, dice, el sentimiento todavía cobra más fuerza. Blanca habla con orgullo de la riqueza cultural, de la historia, del patrimonio gastronómico o de la forma de relacionarse de la gente. “Desde pequeño aprendes lo bonito que es León, la calidad de vida que tiene y todo lo que ofrece”, explica.
Volver siempre que se puede
La familia, en ese sentimiento, juega un papel fundamental. Blanca se define como una persona “muy familiar” y por eso aprovecha cualquier oportunidad para volver a casa. Fines de semana, puentes o escapadas rápidas sirven para reencontrarse con los suyos. “Este último año me han hecho hasta Alsa Oro de tanto coger el bus para volver a casa”, reconoce.
Y una vez aquí, el plan suele estar claro. “Prácticamente siempre reservamos un día para hacer alguna ruta, ir a la montaña, descubrir algún pueblo o comer bien”, cuenta. La familia, asegura, es muy de reunirse y de valorar tanto la ciudad como los pueblos leoneses y todo lo que ofrecen.
En esa manera de entender la provincia, reconoce además el papel de su madre. “Mi madre tira mucho de nuestro sentimiento leonés”, dice. “Al final valoras mucho tener una familia que te inculca las tradiciones, el agradecimiento de ser de donde eres y de llevarlo contigo”.
Tampoco ha perdido el contacto con las amistades de siempre. Después de años compartiendo colegio y adolescencia en León, su grupo sigue manteniéndose unido. “Nos seguimos viendo y nos reunimos siempre que podemos”, explica.
El baloncesto, una segunda familia
Pero si hay algo que sigue conectando a Blanca especialmente con su hogar es el baloncesto. Durante años jugó en el Baloncesto Femenino León, una experiencia que todavía hoy siente como parte de su identidad. “Otra parte de mí que me vincula muchísimo con la ciudad es el club; al final es una segunda familia”, asegura.
Allí creció junto a compañeras con las que compartió entrenamientos, viajes y muchos años de vida. “Has compartido muchas cosas, te han visto crecer y acabas teniendo un vínculo muy especial”, cuenta. Aunque ahora lo vive desde la distancia, sigue pendiente de la actualidad deportiva del equipo y de su lucha por el ascenso.
Por su parte, cuando llegó a Madrid continuó jugando al baloncesto, pero notó rápidamente diferencias importantes respecto a lo que había vivido. “Aquí es todo mucho más cambiante; hay muchos equipos y a veces parece un poco el cambio de cromos”, explica. Frente a eso, echa de menos la filosofía de cantera que encontró en León, donde las jugadoras crecían juntas y el club apostaba también por formar personas. “No era solo lo deportivo, también los valores y el sentimiento de crecer dentro de un proyecto”, recuerda.
Aun así, el deporte también le ha regalado nuevas amistades en Madrid. Porque, como ella misma resume, muchas veces el equipo se construye tanto dentro como fuera de la pista. “A veces es casi más importante el postpartido y quedarse a tomar algo para formar piña”, dice.
"Nunca encuentras casa en ningún sitio igual"
Después de varios años fuera, Blanca tiene clara una conclusión: marcharse no le ha hecho sentir menos leonesa, sino todo lo contrario. “Salir y alejarte de tu hogar te hace aferrarte más a la idea de que parte de tu personalidad proviene del lugar en el que has nacido”, reflexiona.
Y por mucha distancia que haya de por medio, hay algo que sigue teniendo claro cada vez que vuelve. “Por mucho que te alejes, como en casa en ningún sitio”.