Washington inicia en Venezuela una ofensiva regional centrada en el petróleo como elemento clave
La captura en Caracas del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha marcado un punto de inflexión en la política exterior de Donald Trump hacia América Latina. La operación, ejecutada en territorio venezolano, inaugura una fase de intervención directa cuyo eje central es el acceso y control de las reservas energéticas del país, las mayores del mundo.
La detención del mandatario y de su esposa se produjo en el marco del mayor despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe en décadas, una presencia que la Casa Blanca había justificado oficialmente como parte de la lucha contra el narcotráfico. La actuación ha sido cuestionada por diversos organismos internacionales, entre ellos Naciones Unidas, y ha dejado un balance provisional de al menos un centenar de víctimas mortales, según fuentes humanitarias.
El petróleo como prioridad estratégica
La Administración Trump ha situado el petróleo venezolano en el centro de su estrategia. Venezuela concentra alrededor del 17 % de las reservas probadas de crudo del planeta, con más de 300.000 millones de barriles, aunque su producción en 2024 no alcanzó ni el 1 % del bombeo mundial debido al deterioro de infraestructuras, la falta de inversión y las sanciones acumuladas durante años.
Washington considera que la pérdida de peso de las empresas estadounidenses en el sector, en favor de actores como Rusia y China, justifica un enfoque pragmático que deja en segundo plano el discurso ideológico sobre el chavismo.
Chavismo en el poder bajo supervisión
Lejos de promover un relevo inmediato, Estados Unidos ha optado por mantener a figuras clave del oficialismo. Delcy Rodríguez ha asumido la presidencia interina con el respaldo del Ejército y del Tribunal Supremo de Justicia, mientras su hermano, Jorge Rodríguez, continúa al frente de la Asamblea Nacional. Este esquema garantiza estabilidad institucional mientras se reorganiza el sector energético.
En paralelo, sectores de la oposición han quedado marginados del proceso. La dirigente María Corina Machado ha visto reducido su papel político tras el giro de Washington, que prioriza la gobernabilidad y la explotación de recursos frente a un cambio inmediato de régimen.
Concesiones y distensión controlada
En las semanas posteriores a la detención de Maduro, el Gobierno interino ha iniciado gestos de distensión, como la excarcelación de varios presos, entre ellos cinco ciudadanos españoles, un movimiento que ha contribuido a frenar nuevas acciones militares estadounidenses sobre suelo venezolano.
El plan en tres etapas de la Casa Blanca
El secretario de Estado, Marco Rubio, ha delineado una hoja de ruta dividida en tres fases. La primera, de estabilización, prevé la colocación en el mercado internacional de entre 30 y 50 millones de barriles de crudo venezolano, con ingresos gestionados bajo supervisión estadounidense.
La segunda etapa, de recuperación, contempla la reapertura del sector a compañías occidentales para rehabilitar instalaciones y aumentar la producción. Solo en una tercera fase, sin plazos definidos, se abordaría una transición política con medidas de reconciliación y amnistía para sectores opositores.
Un cambio de paradigma continental
La intervención en Venezuela se inscribe en una estrategia más amplia de Estados Unidos para reafirmar su hegemonía en América Latina, en un contexto de retroceso de gobiernos progresistas y avance de nuevas derechas. El denominado ‘Corolario Trump’, integrado en la nueva estrategia de seguridad nacional, recupera los principios de la Doctrina Monroe y consolida una política exterior más directa e intervencionista en el continente.